La bruja de porcelana 02: Inquebrantables

VIII. Despedidas amargas

Marshal se despidió amablemente de su amigo y volvió al castillo. No se sorprendía que Emil se marchara tan rápido. Después de todo, se sentía ofendido por no enfrentar a Cassian. Desde que lo conoció ese siempre fue su propósito. A Marshal le caía muy bien, pero a veces se preguntaba si era un buen Inquebrantable.

Estaba cruzando la sala de reuniones cuando sintió las cosquillas características de la llamada telepática. Su mente estaba conectada casi siempre a la red de consciencias, ese día no era la excepción. Aunque se había asegurado de mantenerse conectado solo para pocas personas y entre ellas, definitivamente no estaba su madre.

Marshal intentó ignorarle, pero las cosquillas se intensificaron hasta un punto que resultaron molestas. Sabía que Hawise no le dejaría en paz hasta que contestara.

¿Por qué no lo apoyaste? —dijo Hawise apenas él se conectó.

Marshal dejó escapar un suspiro de hastió y se apoyó ligeramente en la pared más cercana. Las conversaciones con su madre siempre eran tensas y tarde o temprano terminaban discutiendo. Por eso, hoy quería evitarla, pero como siempre su madre siempre se saltaba sus propias reglas.

Hola, a ti también —respondió Marshal —. Yo estoy bien, ¿Cómo estás tú?

Marshal… No tengo tiempo para esto. ¿Quieres por favor responderme?

Sinceramente madre, no.

Pudo escuchar el gruñido de su madre que se transmitió como una vibración a su cabeza. Sus dientes castañearon, pero Marshal no se arrepintió.

Siempre has sido un rebelde —refunfuño Hawise.

Estaban separados por varios kilómetros, pero Marshal podía imaginársela perfectamente. Cruzada de brazos en su despacho y con su mirada más despreciativa.

¿Quieres algo más? —preguntó Marshal con un fingido bostezo. Sabía que ella le estaba mirando a través de su bola de cristal.

Pronto sintió otra vibración y de nuevo, sus dientes se chocaron entre sí. Se rascó la cabeza, fingiendo que no había sentido nada.

Marshal… Tú sabes lo importante que todo esto es. No es momento que te hagas de rogar.

Sí, madre. Todo es demasiado importante, pero tengo mis propias decisiones.

Sí, equivocadas —respondió Hawise contundentemente.

Marshal hizo todo lo posible para no contestarle e intentó librarse de esa conversación. Sin embargo, con Hawise nada era fácil. Con magia lo obligó a permanecer. El comandante hasta podía sentir como su conexión echaba raíces alrededor de su mente. Su madre no lo dejaría irse.

Todo es importante menos yo —pensó el comandante con cierta amargura y resentimiento. Su propósito no era que Hawise lo escuchara, pero era una bruja muy poderosa.

—¡No comiences! Esto no se trata de ti —respondió su madre exaltada. Su furia se convirtió en una punzada en las sienes. Marshal hizo una mueca. Había intentado mantener las cosas tranquilas. Ya veía que con Hawise eso nunca pasaría. Determinado, apretó la mandíbula y se dispuso a responder en la discusión. Él podía ser muchas cosas, pero definitivamente no era de los que agachaban la cabeza.

No te haría mal venir a verme de vez en cuando ¿sabes? —dijo lleno de sarcasmo.

Escuchó un suspiro de hastió de su madre y pudo imaginar virando los ojos hacia el cielo.

Sí, querido. Cuando no seas tan grosero y hagas las cosas bien, podría ir a verte.

Ves, no fue difícil —respondió él burlón.

¡Eres insoportable! —gruño ella y de nuevo, su furia le provocó pinchazos dolorosos en las sienes —. En verdad, tengo poco tiempo. Quiero que respondas, ¿por qué no apoyaste a Emil?

No sé, madre —gruñó él enviando la misma energía negativa por su conexión —. ¿¡Quizá quería que viviera un día más?!

Su arrebato fue tan fuerte que pudo soltarse de la conexión. Intentó abandonar lo más rápido la red de consciencias.

Marshal tenía veintitrés años, se suponía que era ya un adulto, pero su madre siempre lograba hacerlo sentir como un adolescente, dispuesto a utilizar todo con tal de ganarle. Desde que tenía memoria, siempre había sido así. Él era insuficiente para su madre y eso era todo.

«Siempre pidiendo peras al olmo» solía decirle Robert. Él era el único que siempre lo había querido y hoy se marchaba, posiblemente para siempre. Tan solo imaginarlo le dejaba un vacío en el pecho y le llenaba de preguntas inquietantes. Principalmente, no se imaginaba, ¿cómo podría vivir sin él?

Un gemido de angustia escapó de su garganta y esa sola debilidad le permitió a Hawise volver a conectarse y retomar la conversación.

No vuelvas a hacerlo —dijo la bruja en tono de advertencia.

Marshal presionó su frente y respiró profundo. Si quería soltarse de su madre, necesitaba actuar como el adulto.

Ya he contestado tu pregunta, ahora, dime, ¿por qué quieres enviar a Emil al matadero?

Deja de ser tan dramático, por favor. Emil es muy talentoso y sé que es la pieza clave. Ya se lo he dicho a Robert, pero no me escucha.




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