La bruja de porcelana 02: Inquebrantables

XVI. Caos interior

Cassian sintió un dolor que le atravesó la cabeza. De un momento a otro, Hawise sobrepasó su poder y lo exilió de la red de consciencias. Su mente volvió de golpe a la realidad y los detalles poco a poco comenzaron a afinarse. El frío espacio en blanco se convertía en una habitación reconocible.

Lo primero que sintió fue lo difícil que era respirar. El humo le picaba en los ojos y cerraba su garganta. Tosió varias veces en búsqueda de bocanadas de aire. Sin embargo, había otra cosa detrás del humo, un olor que reconocía demasiado bien.

Cuando solo era niño tenía muchos pasatiempos, uno de ellos, era marcar con hierro candente a los prisioneros. Disfrutaba más del olor a carne quemada que de los gritos de agonía. Ahora reconocía ese mismo olor, pero esta vez no lo estaba disfrutando.

Intentó ponerse de pie, pero en cuanto alzaba la cabeza el dolor lo atormentaba y volvía a perder consciencia. El fuego lamía incontrolable su piel.

«Moriré pronto» pensó la última vez que se despertó de la inconsciencia. Su ropa, su cuerpo, la habitación, todo se estaba consumiendo muy lentamente.

¿Qué había salido mal? En ese momento, no lo entendía. La red de consciencias estaba ante él y entonces llegó la bruja y con su fuerza lo expulsó. No sin antes demostrarle como su cuerpo ardía en llamas.

Ya nada podía hacer. Solo tenía que esperar y encomendarse al Caos.

Su alma se liberó y dejó abandonado su cuerpo muerto. Como llevada por el viento, su alma se trasladó al antiguo coliseo, el lugar donde nacía la estatua del Caos.

En lo que antes fue una mesa de sacrificio se erguía un ente destructor creado por pura magia y almas inocentes. El ónice de su trono brillaba negro como la noche y por sus venas rojas recorría el poder de su nuevo pueblo.

Justo debajo del trono se abrían las escaleras al más allá.

En el mundo terrenal, esas escaleras llevaban a un altar de sacrificio donde se encontraba la estatua de Regina, su madre, quienes recibía a los sacrificios bajo su fría mirada. Era ahí, donde los cuerpos se desvanecían y el alma era entregada al Señor del Caos.

Sin embargo, en otro plano, en aquel donde las almas vivían antes de ser reclamadas se extendía un escenario diferente. Frente a ellos, se encontraba un lago profundo de mercurio. Fue ahí donde el alma de Cassia fue a parar y para su sorpresa no estaba solo.

Edme también estaba ante el lago. Su espíritu se movía de un lado al otro desorientado y posiblemente confundido. Al verlo su expresión se endureció. Ambos se saludaron e intercambiaron sonrisas falsas. Podían ser aliados, pero dentro de la jerarquía del Caos, eran enemigos. Uno deseoso de demostrarse más fuerte que el otro.

«Así que nos han matado» pensó Cassian preguntándose en silencio si Edme también murió quemada.

Lo peor de todo era que al ser los dos derrotados y conociendo al Caos y sus deseos, probablemente solo uno recuperaría su cuerpo

Así que moriste —dijo Cassian con cierto orgullo.

Al igual que tú —respondió rápido Edme con una pequeña sonrisa.

Las almas se comunicaban de manera diferente a la humana y sus voces no podían ser escuchadas por la mayoría de los mortales. Lo que les dejaba solo a los dos.

Esos Inquebrantables son una molestia —añadió el campeón del Caos molesto. Odiaba cuando sus planes no salían como quería.

Edme calló.

¿Al menos mataste a los agresores? —preguntó Cassian para provocarla.

Lo mismo podría preguntar yo —respondió Edme a la defensiva —¿Acabaste con la red de consciencias?

Cassian aguantó el insulto, negándose a gastar fuerzas en una discusión sin sentido.

De cualquier forma, ¿estás listo para invocar al Señor del Caos? —preguntó Edme con cierto nerviosismo

No es que tuviéramos otra opción.

Cassian se estiró y se preparó para invocar al Caos. Sea cual sea su prueba no tenía que olvidar que Edme era peligrosa. Después de todo, había sido escogida por su madre e incluso ahora su alma brillaba con fulgor violeta mientras que él era gris, gris Caos.

Sabes que no perduraremos los dos —dijo antes de llamarlo —Uno volverá con cuerpo y el otro… ¿quién sabe?

Edme lo miró inmutable y le apresuró para que inicie el ritual.

Vamos, puedo conseguir que el Caos te trate con… cierto respeto.

Su compañera lo consideró un momento. Cassian detectaba su duda, pero también había algo más, un deseo de dejar de servir. Era una verdadera lástima. Las cosas podrían haber sido más sencillas.

Podría aceptarlo —dijo tras unos segundos de silencio —, pero me gusta respirar.

Apenas terminó de decirlo, se lanzó como una fiera contra él. Un rayo morado golpeó el escudo recién formado de Cassian, aunque el campeón del Caos sabía que era solo una estratagema para adelantarlo.

Cuando el rayo dejó de replicarse y al fin se desvaneció Edme ya no estaba a su lado. Había ella mismo iniciado el hechizo y lanzado al lago de mercurio. Cassian movió de un lado a otro su cabeza. No se podía razonar con esa mujer. Después se lanzó tras de ella.




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