La bruja de porcelana 02: Inquebrantables

XXI. Renacido

La risa macabra y profunda se extendió por todo el infierno. Cassian levantó la mirada y sonrió. Sentía en su alma que era una señal, un recibimiento que indicaba que ella había fracasado.

Para un no seguidor esa risa destruiría todo lo que era, pero para alguien elegido y leal como Cassian era el sonido más hermoso del mundo. Llenaba su cuerpo con fuerza y vitalidad que aumentaban su fuerza.

Eso le permitió conquistar a esas criaturas del infierno, las pequeñas y desoladas que se doblaban a su voluntad como palillos de dientes.

Así tras de él marchaba un pequeño ejército. Algunos chillaban intentando liberarse, pero era inútil. Sus cadenas estaban demasiado apretadas y solo lograban hacerse daño. Un daño que a Cassian le permitía regocijarse.

Iba directo al trono de su señor. Su figura recortada en el horizonte. El humo exhalado de su nariz, el mundo cuarteándose ante su más leve movimiento. El brujo adelantó a sus demonios y abrió un camino ante él.

Su calle de honor lo llevó ante el trono, el tamaño de la primera grada era el doble de su tamaño. Se arrodilló con gran soberanía y dejó que su Dios lo examinara.

—Cassian, el maldito —dijo reverberante y feroz —. Cinco años de Caos liberado y vuelves a mí de rodillas.

Cassian sintió un escalofrío en su cuerpo y como una fuerza indescriptible entraba a su pecho. Rebuscaba en cada recóndito lugar, buscando las debilidades y comparándolas con sus hazañas. El brujo se mantuvo quieto, incluso tranquilo. A su opinión no había nada que ocultar ni sentir vergüenza.

—Dos veces muerto. ¿Crees que habrá segunda resurrección?

Cassian consideró que era una invitación para levantar la cabeza.

—El Caos todavía no ha terminado —dijo con convicción—. Tengo la clave para empeorarlo.

Los ojos de su señor ardieron de puro gusto y su puño golpeó el antebrazo de su trono. El mundo se partió en dos y frente a Cassian se abrió una ventana que llevaba a la tierra, de vuelta a su tiempo y su reino.

—Campeón —llamó el Señor del Caos antes de que el brujo cruzara la ventana—, me gusta el Caos en todas sus formas.

Apenas lo dijo el cuerpo de Edme cayó desde el cielo frente a sus pies. Su cuerpo extraordinariamente ileso se quedó mirando hacia arriba. Cassian se paró de tal forma que bloqueó su vista.

—Hola, Edme —saludó con una sonrisa.

Su aliada no contestó. Se limitó a parpadear lentamente y dibujar una sonrisa extraña en sus labios.

La risa del Caos volvió a soltarse y sacudió la tierra a su alrededor. Cassian luchó contra la sensación de no voltearse. Sentía que se había perdido un chiste interno y no le gustaba.

Ordenó a sus súbditos rodear a Edme y los mismos que lo habían mordido se lanzaron sin recelo a ella.

Tajo a tajo, mordida a mordida. Él podía saborear la carne y sangre en sus múltiples bocas. Escuchar la dulzura de sus lamentos y su suave respiración moribunda.

Lamentablemente Edme no se movió, ni retorció para intentar protegerse. Lo que para Cassian era una afrenta contra el caos natural de la muerte.

Mientras Cassian disfrutaba, Edme era incapaz de sentir verdadero dolor. El sonido de la voz de Olive no se había extinguido y ocupaba toda su mente. El Señor del Caos la abría con la precisión de un cirujano. Retiraba sus órganos uno por uno y la armaba y desarmaba, extirpando cada fragmento de culpa que se había regado.

—Ay, pobre Edme —dijo Cassian incapaz de detectar el verdadero proceso que ella atravesaba—. ¿No te di antes la oportunidad de rendirte?

Edme respondió con un lamentable quejido justo antes de que un demonio le arrancara la nariz y comenzara a ahogarse con su propia sangre.

—Ojalá hubieras sido mejor enemiga —susurró antes de cerrar los ojos y ponerse a cantar. Estaba lleno de alegría. Su victoria se alzaba magnífica ante sus ojos.

Cassian observó a su antigua aliada que parecía ser incapaz de oír la dulce melodía del Caos. Edme al final resultaba ser un ejemplar muy débil.

Poco después cruzó la ventana, reclamando el cuerpo nuevo que lo esperaba. Edme se quedó y solo ella entendió al Señor del Caos

—Disfruto de todo tipo de Caos —dijo en un susurro atronador antes de rearmarla y devolverla al mundo.

XXI

Renacido

Todos hablan de lo poderosos que son los Inquebrantables, de lo difícil que es vencerlos en el campo de batalla, pero poco hablan de lo que pasa cuando caen.

«Corta la cabeza y todo morirá» era el dicho popular y era perfecto para explicar lo que pasaba con los Inquebrantables. Cuando Joffrey dejó de comunicarse y solo el silencio quedó, los pocos soldados que permanecían vivos supieron que la esperanza ya se ha acabado.

Después de todo, no había guía, magia elemental o curativa que los auxiliara. Eran corderos atrapados entre una manada de lobos.

Leo sabía de todos los riesgos y de la alta probabilidad de no regresar a casa. No le temía a la muerte, era un guerrero curtido con años de experiencia, pero no imaginó que quedaría entre los sobrevivientes.

Su cuerpo le dolía por todas partes, estaba herido, golpeado y sobre todo asustado. Eso último jamás le había pasado.




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