Habían pasado días en el bosque, perdidos entre los grandes árboles, buscando siempre la oscuridad de las hojas y rastreando las pisadas de cualquier ser vivo, sea animal o no. Edme daba vuelta al palo para rostizar a la tórtola. Cassian no dejaba de quejarse y patear las hojas y ramas sueltas.
El mensaje se había mandado hace muchos días y para entonces el brujo esperaba ya tener un grupo de acólitos tras él. Eso no había pasado.
—Él debería ya estar aquí —se quejó el brujo deteniéndose y mirándola a ella como si fuera la culpable.
—El mensaje se envió —respondió Edme casi con aburrimiento.
Estos días le habían resultado útiles para saber hasta cuándo presionar a Cassian. El joven era poderoso, pero sin duda, todavía le faltaba experiencia. Demasiado volátil, en cierta forma le recordaba a ella.
—Además, no es como si todo estuviera tranquilo.
El brujo lanzó un grito espeluznante que asustó a todos los pájaros a la redonda. Salieron en bandadas desordenadas. Los tatuajes de Cassian brillaron y unas chispas de fuego saltaron de sus dedos. Una presión más y quemaría todo el bosque.
Edme decidió no añadir nada más, permaneció en silencio observando como el ave adquiría un color rosado que le hacía agua la boca. Mientras el fuego ardía, pensaba en Olive. Su pequeña hermana, no de sangre, sino de penurias. Dos ladronas en un mal negocio. Había días donde su recuerdo la acosaba, le pesaba en el corazón y la enloquecía, otros, simplemente desaparecía. La verdad era que sus prioridades habían cambiado.
Un sonido a la lejanía la alertó, era como si alguien hubiera partido una ramita. Cassian también lo había notado, se quedó quieto y apuntó sus chispas de fuego hacia el sonido. Puede que Cassian no moviera los labios, pero Edme podía imaginarse las palabras mágicas. Unos segundos después nada había pasado.
Edme volvió a prestar atención a su comida, pero Cassian no. Se movió con cuidado y se llevó un dedo índice a su ojo izquierdo. Lanzó otro hechizo silencioso y después separó su dedo. Una estela azul se extendió por todas partes. Edme mientras tanto agudizaba el oído. Había aprendido a confiar en los instintos Magics.
Muy cerca volvió a escuchar un susurro entre las ramas. Con un gesto silencioso le mostró el lugar a Cassian, aunque no era necesario pues él ya estaba allí.
Cassian caminó con cautela hacia los arbustos de la izquierda, su mano chispeando lista para atacar. Edme dejó a un lado su comida con un suspiro y golpeó sus antebrazos. El tatuaje de Regina le hizo cosquillas y parpadeó con un deje de luz púrpura. Sobrepasó sus brazos sobre la fogata silenciándola por completo. Necesitaba su oído en plena capacidad. Cerró los ojos concentrándose en lo que la rodeaba.
Podía escuchar la respiración pausada de Cassian, sus pisadas resonantes conforme se movían. Algo estaba cerca, podía escucharle respirar, parecía un animal. Edme repasó rápidamente los posibles depredadores, la idea de los lobos le llegó de repente como si alguien lo hubiera puesto ahí.
Edme regresó su atención a lo que sucedía más cerca de ella, miró a Cassian justo en el lugar exacto. Edme no pudo observar su sonrisa malévola, pero se la imaginó. Una ráfaga de fuego salió despedida de la palma de su mano quemando el arbusto. Un aullido dolorido estalló en los oídos de Edme.
El aullido duró unos pocos segundos. Cassian apartó con violencia los trozos quemados del arbusto y no encontró nada. Se volvió extrañado y con un movimiento de su mano derecha extinguió el fuego. Los ojos del brujo brillaron capaces de ver en la oscuridad, en cambio Edme se sintió expuesta.
Se puso de pie con cuidado y retrocedió hasta el resguardo de un árbol grueso. Apoyó su espalda sobre la fría corteza y cerró los ojos. En la oscuridad volvió a entrechocar sus antebrazos y trazó un círculo en el aire. Al abrir de nuevo los ojos, el mundo había perdido su color.
La negra noche se convirtió en día frente a sus ojos, los árboles cubiertos de sombras ahora eran simples formas borrosas color verde, si Edme se hubiera detenido a verlos podría ver la antigua magia que corría por su interior. Un fulgor azul medianoche identificaba a Cassian todavía elevado en el aire.
Edme recorrió con la vista alrededor, unos metros detrás de Cassian estaba él. Era un licántropo, un “Inquebrantables”, brillaba blanco bajo sus ojos. Su forma estaba agazapada, lista para saltar sobre el brujo. Edme sonrió, estaba dispuesta a dejar morir a Cassian. Así sería libre y poderosa.
Un cosquilleo recorrió su antebrazo, al principio era solo molesto, pero rápidamente escaló a ser doloroso. El tatuaje le ardía tanto que perdió la concentración. El mundo volvió a tornarse de colores.
Arrodillada en el suelo, gritó una advertencia a Cassian. En ese momento, el lobo saltó y Cassian apenas logró lanzarle un chorro de ácido que quemó los pelos de la espalda del licántropo.
El dolor punzante de su brazo remitió, dejándole un feo recuerdo. Edme todavía arrodillada y con la respiración entrecortada, vio unos ojos brillantes en la oscuridad. Actuó por instinto, extendió su brazo y giró su mano hacia arriba. El licántropo salió volando varios metros hasta la altura de Cassian. El Magic sobresaltado se apartó hacia un lado. Regresó a mirar a Edme con furia pensando que lo estaba atacando Edme sin hacerle caso movió su mano hacia abajo golpeando al animal con fuerza contra la tierra.
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Editado: 29.01.2026