Maude se levantó frustrada. Colocó sus manos en las caderas y caminó de un lado para otro. No quería enfrentar las miradas de Emil y su hermano. Ellos esperaban respuestas y ella no las tenía. A pesar de pasar horas en su palacio mental, simplemente no sabía ni por donde empezar.
No tenía sentido. Cassian la había buscado desde que escapó y ahora simplemente se había ido. Era irónico, había intentado perderlo durante semanas y cuando más lo necesitaba desaparecía. A Maude no le preocupaba su suerte, le daba igual si la había olvidado o no, lo único que quería era saber qué planeaba.
Era algo grande y oscuro. Lo sentía en los huesos y en el llamado. Esos últimos días se había hecho más insistente. Sonaba día y noche, llamándola a una ciudad de la costa. Voces demoníacas que le mostraban escenas de poder y Caos, le prometía riquezas, joyas, libertad, todo, caso contrario le mostraba la muerte. El mensaje era claro: “únete o morirás”.
Maude buscaba desesperada una tercera opción, se negaba a continuar siendo Magic, ella jamás sería como ellos. No podía, desde pequeña había visto sus efectos, incluso ahora, los sentía.
Su hermano le había sugerido volver a escapar, aprovechar el silencio de Cassian para esconderse, pero Maude no podía tolerarlo. Había decidido pelear y no podía dejarse vencer en el primer obstáculo. Ya no quería seguir viviendo con miedo.
Emil fue el primero en levantarse y acercarse a ella. Aunque mantenía la respiración tranquila, no dejaba de abrir y cerrar los dedos, intentaba ganar valor para hablarle. Él había sido uno de sus mayores apoyos, pero llevaban días sin tener un plan en concreto.
—No lo has encontrado, ¿verdad?
Su brazo se posó con delicadeza sobre su hombro, Emil tenía esta forma de sortear todas sus barreras y llegar a su corazón.
—Es como si hubiera desaparecido. Simplemente, no responde a mis llamadas.
Su hermano estaba de mal humor y lanzó una risa burlona.
—Más bien que ni siquiera sabes llamarlo —dijo.
Desde que Sabina dejó el grupo el carácter de Godfrey había empeorado. Odiaba todo sobre la ciudad de Esika, se quejaba de lo pequeño y caro que era todo. Sobre todo, se quejaba de ella y sus decisiones. Maude se sentía atacada.
— Esto es un desastre y una pérdida de tiempo —añadió.
Maude suspiró. No quería entrar en ese tema.
—Podrían estar buscándonos, quizá haya un Inquebrantable en esta misma ciudad. ¡Nos atraparán!
—¡Basta! —gritó Maude. Las palabras de su hermano se confundían con sus propias visiones y todo era demasiado confuso.
—Eso mismo digo yo —añadió Godfrey —. Basta de tonterías.
Su rostro estaba crispado por la ira. Se irguió todo lo alto que era y se enfrentó a ella. Era la primera vez que lo veía tan desafiante. Las aletas de su nariz se ensanchaban con cada respiración.
—¿Por qué seguimos aquí?
Él no lo entendía. Maude levantó su cabeza y se armó de todo valor.
—Si quieres vete. Nada te retiene.
Godfrey se quedó callado y se tragó todas sus palabras. Emil se movió, interponiéndose entre en Maude y su hermano.
—No tengo tiempo para tus jueguecillos — gritó dándose la vuelta y golpeando con furia la pared.
Maude se quedó estática, nunca había asociado la violencia con su hermano. Mucho menos contra ella. Se mordió el labio para no dejarse llevar por la ira, debía mantenerse serena.
Una mano fuerte se enrolló entre sus dedos, Emil le miró con ternura y le dirigió miradas de reproche a Godfrey. Su hermano solo gruñó por lo bajo y arrugó la nariz.
—Quizá no sea necesario encontrar a Cassian ¿Por qué no seguimos la llamada? — preguntó con voz calmada.
— Porque sería un suicidio, por eso — respondió Godfrey antes de que Maude pudiera decir algo —. Y créeme —otra ola invisible de furia hizo que saltara hacia adelante y le señaló con el dedo índice —he sacrificado demasiado para mantener viva a esa mocosa.
Ahí acabó la paciencia, Maude sintió un golpe seco y tenía que reaccionar.
—Nadie te pidió que me cuidarás—le gritó furiosa.
—¿En serio? ¿Crees que me quedaría a tu lado si no me hubiera pedido mamá? ¡Ella me hizo jurarlo!
—Entonces te absuelvo, vete. ¡Vete a hacer tu vida! ¡Vete con Sabina y déjame!
—¿Crees que eso no es lo que quiero? Tú eres el problema. La que quiere quedarse aquí a perder el tiempo.
Maude le sacó la lengua y le hizo gestos vulgares. Estaba tan enojada, tan dolida. Godfrey la vio y levantó el puño, su intención era golpearla. Emil lo sujetó por el hombro y lo detuvo.
—Ni se te ocurra —le advirtió
Godfrey gruñó y le escupió en la cara. Maude no soportó más y sin pensarlo movió los dedos, un diminuto haz de luz voló hacia el pecho de su hermano y con la fuerza de un rayo lo lanzó hasta el otro lado.
—¡Maude! —le gritó Emil, pero ella ya no escuchaba. Se dio la vuelta y levantó la cortina que separaba la habitación.
—Déjame en paz —le advirtió —. No quiero herirte.
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Editado: 29.01.2026