La bruja de porcelana

XXXI_¿Los malos?

El espejo no dejaba de brillar, su luz era demasiado intensa. Llamaba demasiado la atención. Francisco continuaba haciendo ese movimiento de manos y el espejo respondía a él. Sin embargo, Cyprian se sentía muy expuesto.

—Esto no me gusta —murmuró. Su amigo apartó la vista y se giró a analizar la situación.

Varios de los clientes los miraban y algunos no eran precisamente buenas personas.

—Solo los estamos rastreando —respondió Francisco con un gran bostezo, pero envolvió el espejo con varias capas de tela y lo guardó en su bolsillo. Disimuladamente sacó su daga y la clavó en la mesa.

Quien sea que estuviera atento en ellos le quedaba claro que no eran presas fáciles. Cyprian llamó al tabernero y le pidió otra ronda de cervezas. Se aseguró de gritar que era el jefe de guardias de Mosika. Puede que estuvieran lejos de casa, pero eso no significaba que dejaran de ser peligrosos.

—Estoy seguro de que están en Esika —dijo Francisco tras tomar una buena bocanada de cerveza.

Salir de la ciudad se les había complicado más de lo que esperaban, a Cyprian le tocó esperar que la corte mandara un reemplazo adecuado y, además, fue difícil convencer a su majestad de que tenía una misión importante.

—¿Estás seguro de que no terminarás asesinado? —preguntó esa tarde Lady Silvia, su amiga y confidente en el consejo. Se trataba de una viuda muy inteligente que solía apoyar campañas beneficiosas por cierta cantidad de dinero.

—Siempre es una posibilidad, pero al menos…

—¿Traerás justicia? —preguntó ella alzando las cejas. Sus motivos le parecían sin duda torpes.

—¿Es tan malo?

—Para idealistas como tú no, pero para financiar tu aventura, sí. Querido, el mundo está en guerra y tú quieres cazar a una pobre niña.

—¡No es una niña! Es una Magic, mi lady. Un monstruo que ha borrado ciudades del mapa.

Lady Silvia no se sorprendió. Tomó con tranquilidad su copa de vino y se mojó los labios con la bebida.

—Los Inquebrantables se encargarán de ellos.

—No lo harán. Ya me han rechazado.

—Entonces más razones para que te quedes.

Cyprian estaba al borde del colapso, se sentía como el único cuerdo en medio de locos. ¿Acaso no podían ver el peligro?

—Si dejamos ir a la Magic, ¿qué impedirá que otros vengan?

Lady Silvia le tomó delicadamente de la mano. Iba a negarle la ayuda, estaba seguro.

—Cyprian yo sé que…

—No, no lo digas. Yo… puedo hacer que el proyecto sea más fructífero.

—¿De verdad?

Su amiga era una persona repugnante, jamás se interesaba en causas nobles, solo en monedas de oro. Era muy diferente a como eran de niños. Quizá los dos habían cambiado demasiado.

—Tengo esto —dijo sacando de su bolsillo el espejo de oro —. Es divino.

Los ojos de Lady Silvia se abrieron de par en par y se abalanzó hacia el objeto. Sus manos eran como garras que se clavaban en la carne. Cyprian lo retiró justo a tiempo.

—Será tuyo si…

—Te ayudo en tu suicidio.

Cyprian asintió. Lady Silvia se quedó en silencio, bebiendo distraídamente su vino. Se podía ver su mente en funcionamiento, considerando las ventajas y los peligros.

—Bien, pero necesito algo más. Sé que quieres a la Magic para… ¿asesinarla?

—Lo merece —exclamó Cyprian poniéndose de pie —Es una asesina…

Lady Silvia lo calló con un movimiento de su mano. No le interesaba las razones, enfadado Cyprian volvió a tomar asiento.

—Lo que sea. Solo tráela ante mí primero.

—¿Para qué?

—Yo también tengo mis razones —dijo tras sonreír malévolamente. Cyprian consideró negarlo, pero igual iba a matarla. Se encogió de hombros y lanzó un suspiro.

—Necesitaré algo para detenerla.

—Así que además de querer dinero, quieres magia.

El capitán hizo una mueca, no le gustaba la magia en ninguna de sus presentaciones.

—Puedo prestarte algunos objetos mágicos. Sin embargo, ¿quién los usará?

—Francisco, por supuesto.

La sala se llenó de risa molestas de Lady Silvia. Se reía de manera tan exagerada que varias veces golpeó la mesa con su puño haciendo saltar las copas.

—Por favor, no lo estarás diciendo en serio —dijo medio ahogada. Cyprian tuvo ganas de abofetearla, pero se obligó a respirar.

—Francisco no es tan tonto como crees.

—Tampoco es muy listo.

—Es leal a mí y eso es lo único que importa.

—Como quieras.

Lady Silvia le prestó todo lo necesario junto con una gran bolsa de dinero.

—Cyprian —dijo antes de que él se fuera —Vivo o muerto debes pagarme todo eso.

La forma como lo dijo le provocó escalofríos y aunque no le gustaba admitirlo también pesadillas. Su amiga quizá no era tan amiga como años antes, él tampoco lo era.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.