Era irónico que en el infierno lo que más le llamaba la atención era la gente. En su vida había visto a tantos reunidos. Todos ocupaban un asiento en el graderío circular. Agitaban los brazos en completo éxtasis por lo que veían.
En el centro de todo estaban como diez personas de pie. Hombres y mujeres que miraban asustados a su alrededor. Estaban pálidos como fantasmas y de vez en cuándo miraban el altar. La mujer manca lo dirigía todo. Con su única mano conjuraba y provocaba que las nubes formaran un torbellino que desembocada justo sobre la mesa de sacrificio. Un hombre estaba atado ahí y por sus movimientos Maude sospechaba que estaba desesperado.
Ellos salieron al medio del graderío. Delante quedaba un pequeño pasillo y por un momento, todos los miraron. Maude soltó la mano de Emil y lo empujó a las gradas. Cayó entre los otros espectadores. Éste era un espectáculo con una protagonista y sabía que Cassian no lo querría allí.
—Quédate aquí y prepara la ruta de escape —dijo y sin esperar respuesta continuó bajando.
Esperaba que Emil le hiciera caso. No quería imaginar que podría pasarle.
Maude evitó mirar a la gente y se concentró en la mujer del altar. Ella parecía ignorante a su presencia. Conjuró del mismo aire un cuchillo de obsidiana y apuñaló al hombre atado. El cuchillo penetró en su pecho y la víctima se removió. Maude agradeció no poder escuchar sus gritos, pero jamás olvidaría su rostro.
Una y otra vez el cuchillo entró en su carne. Él no se moría. Agonizaba lentamente salpicado por su propia sangre. Con cada puñalada el gentío se volvía loco. Mientras la muerte más se acercaba, más bajaban las nubes de tormenta y de pronto sucedió. Un rayo sacudió la tierra y el alma del hombre salió de su cuerpo.
Todos podía verla, blanca, incorpórea. La magia divina la reclamaba y unos hilos invisibles debían llevarla a su hogar, pero eso no pasó. El cuchillo tocó el alma y la absorbió en su obsidiana. Un Magic salió de entre las sombras y recibió ceremoniosamente el cuchillo. Se cortó en la mano una sola vez y entonces su cuerpo se electrizó. Sus tatuajes cambiaron y se combustionaron reemplazándose por líneas negras que desaparecieron bajo su piel.
Maude nunca había visto un espectáculo más desagradable, ni tan macabro. El cuchillo que sujetaba Edme ofrecía el alma al Caos y con los fragmentos restantes se transformaba el poder. Cuando acabó, el cuerpo fue empujado a la arena y subieron a otra persona a la mesa.
Durante todo ese tiempo no se había movido. Tanto horror y muerte le hizo recordar al inicio de todo. Cuando la Torre se caía a pedazos y ella tontamente pensaba que las cosas mejorarían. Godfrey siempre se lo había dicho.
Pensar de nuevo en su hermano le produjo un miedo indescriptible, tanto que el estómago se le revolvió. Emil le había dicho algo sobre un trato y ella sospechaba que no era nada bueno. Cassian los había presionado tanto que le podría vender el infierno y parecería un buen trato.
El miedo era tal que su corazón palpitaba con fiereza, su respiración se volvió rápida y no podía pensar. Volvió a agradecer no escuchar nada porque necesitaba silencio. Solo deseaba que todos desaparecieran y que esto no fuera más que una pesadilla.
—¿Qué está pasando? —murmuró apenas capaz de controlarse. Sentía que estaba a punto de caer.
¿Dónde estaba Cassian? ¿dónde estaba su hermano? ¿por qué se estaba muriendo de miedo? Maude se sujetó de un desconocido y aunque era imposible, juraría que escuchó las risas burlándose de ella. Poco a poco cayó de rodillas y apoyó sus manos en el suelo. Al igual que el resto del palacio era de obsidiana y se reflejó en ella. Jamás se había visto tan asustada. Cerró los ojos y se concentró en el silencio desgarrador que se había convertido en su mundo.
Se quedó así hasta que solo quedó ella. Tenía todas las razones del mundo para morirse de miedo, pero nunca había actuado así. Eso era una exageración de sí misma, una manipulación. Lo sintió estrujándole el corazón y percibió la huella de Cassian. Abrió los ojos furiosa y más determinada que nunca se lanzó hacia el escenario.
—No caeré tan fácil —gritó.
Sus pies bajaron veloces las gradas y cuando tocó la arena. Él apareció.
Poderoso, burlón, la perfección encarnada. De alguna manera, había logrado parecer todo un rey y se elevaba sobre una plataforma sobre todo el caos.
—Hasta que al final estás a mi lado — dijo y creó una escalera elegante para que ella subiera.
Maude se detuvo y sacudió la cabeza. No podía creerlo, lo había escuchado. Giró para ver a su alrededor, veía a las personas moviéndose, el sacrificio continuaba, pero ella no escuchaba nada. Solo a él.
—¿Sorprendida? —preguntó desde lo alto.
Ella no estaba sorprendida, estaba furiosa, pero se controló. Se arregló la capa. Se limpió el sudor de la frente y con cuidado subió las escaleras. Sus manos sosteniéndose suavemente del barandal.
Ella no llevaba tacones, pero mientras más subía escuchaba las escaleras tintinear. Su vestido lleno de lodo y desgarrado se convirtió en una falda amplia y preciosa. Su cabeza calva se llenó de cabello castaño que caía por sus hombros. Intentó mantenerse serena. No quería volver a actuar asustada frente a él. Nunca jamás.
Cassian la esperaba y tomó su mano enguantada.
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Editado: 10.02.2026