Un caballero siempre puede hacer algo, aunque Emil ahora solo podía mirar. El gentío había caído sobre Maude y aunque ella se resistía, sabía que no sería suficiente.
Golpeó varias veces las barras de su jaula intentando con su fuerza romperlas. Gritó, luchó, jaló las barreras.
—¡Apúrate! —gritó a Godfrey.
El hombre intentaba romper las cadenas con su espada. Él tampoco dejaba de ver atrás. De mezclar desesperación con miedo. Sabina también le apremió desde el otro lado. Él era su única oportunidad real.
Era como la quinta o la sexta vez que Godfrey golpeaba las cadenas cuando se rompieron. Gracias al cielo, no eran mágicas. Cassian los había subestimado. Godfrey tardó en ponerse en pie. Al parecer sus piernas no soportaban su peso y varias veces se tambaleó. La multitud volvía a sus puestos.
Cuando Godfrey se paró, la sombra de la duda marcó su rostro. Tenía tres objetivos y no había tiempo para ninguno. Sujetó con fuerza la empuñadura de su espada. Él estaba armado. Emil casi podía leer sus pensamientos.
—¡No! —gritó Emil. —Libéranos.
Para entonces dos Magics ya arrastraban a Maude. La llevaban bien sujeta utilizando magia para inmovilizarla. Maude solo podía gritar. Su voz se iba con insultos y amenazas vanas.
—Yo puedo salvarla —gritó Emil.
Godfrey lo miró. Su hermana pasó demasiado cerca. Sin reaccionar a ellos, sin mirarlos. Cassian bajó de un salto de su plataforma y tomaba su lugar al lado de Edme. Godfrey lanzó una maldición y corrió hacia su jaula.
Edme levantaba su cuchillo lleno de almas y Cassian lucía su corona del Caos. En sus ojos se revelaba que no tendría más piedad. Maude al fin había colmado su paciencia.
—Godfrey —llamó Emil y le señaló a la cerradura —. ¡De prisa!
Él movía la punta de su espada tan rápido como podía. La cerradura requirió de varios segundos para que al fin se rindiera. Apenas fue libre empujó la puerta.
—Ustedes pueden irse —dijo casi atropellando a Godfrey.
Los otros Magics se formaban detrás y alrededor de Cassian. Tomaban lugares específicos que los convertían en un ejército gigante que estaba por demostrar su fuerza.
—No puedo sin mi hermana —escuchó que Godfrey gritaba.
Emil no se volteó, tenía que alcanzar a Maude.
Los Magics habían comenzado a entonar una canción que penetraba todo el cuerpo. Era idéntica a la del ritual fallido de Maude. Igual de dulce y peligrosa. Emil se vio azotado por toda clase de escalofríos. Eso no presagiaba nada bueno.
Mientras más se acercaba más difícil se ponía. Sus pies parecían pegados a la arena y dar un paso requería del máximo de sus fuerzas, sus rodillas se doblaban por un peso aplastante, era como si la propia tierra decidiera detenerlo. Maude se había logrado parar y miraba desafiantemente a Cassian.
El cántico era ensordecedor, los rayos bailaban alrededor de los Magics, golpeaban a los asistentes y los hacían volar por los aires. Sus almas eran absorbidas por el cuchillo. Este era el final.
El brujo maldito daba todo un discurso, hablaba del Caos, de la victoria, pero sobre todo del sacrificio.
—Hoy nos elevamos sobre los débiles —proclamó mirando a Maude —Hoy, decidimos la victoria. Somos los brujos del Caos y aquí se erigirá nuestro símbolo.
—Adiós, Maude —dijo como despedida. Su voz convertida en un susurro que helaba la sangre.
Para Emil todo esto sucedía a cámara lenta. Vio como sus dedos se movían y apuntaban a Maude, vio como la magia plateada salía como hilos y como él estaba tan cerca.
Su fuerza levantó de nuevo sus pies, un paso tras otro. La magia a centímetros de Maude. Él le había hecho una promesa: estaría con ella hasta el final y no pensaba defraudarla.
Nunca sabría cómo llego a tiempo. Solo que la abrazó. Con todas sus fuerzas rodeó su estrecho cuerpo. Ella se apoyó en su pecho y cerró los ojos. Él se mantuvo firme, valiente. Por ella y por él. Por los dos.
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Editado: 10.02.2026