Maude nunca había sentido tanto dolor en su vida. Antes de que Cassian la sacrificara, apenas si podía mantenerse erguida. Él se alzaba ante ella como una fuerza imparable, destruyendo y alimentándose de todo. Los rayos lo calcinaban todo, llevándose a inocentes por todas partes. El canto de los Magics manipulaba las almas y las convertía en algo aberrante y peligroso.
Cuando cerró los ojos fue por debilidad. No quería presencia su propia muerte. Sin embargo, no estaba sola. En ese preciso momento, sintió a Emil a su lado. Sus fuertes brazos buscaban protegerla y sin decir una palabra Maude entendía el mensaje: Déjame ser fuerte por los dos.
Apoyó su cabeza sobre su pecho, no podía escuchar su corazón, pero podía sentirlo. El dolor llegó como una enfermedad, lento y feroz. Sentía como las grietas de su piel se volvían cada vez más grandes, rompiéndose desde adentro, rasgando todo su cuerpo. Su cabello se combustionó y se quemó transformando las delicadas hebras en retorcidos hilos negros.
Pronto no quedaría nada de ella. Solo un grupo más de rocas en la destruida ciudad. El dolor se extendía por todas partes, concentrándose a veces en sus mejillas, a veces en su pecho. Sus tatuajes ardían convertidos en llamas que se encendía dentro de su cabeza. Las lágrimas fueron inevitables, resbalaron por su piel rota metiéndose en su alma.
“Este es el fin” pensó y se sujetó con más fuerza a Emil. Los gritos salían de su garganta sin control. Era imposible no hacerlo. Gritaba no solo por el dolor de morir, sino porque su propio hermano la había traicionado.
El dolor llegaba a su punto más álgido cuando comenzó a remitir. Durante un segundo pensó que se había salvado, pero pronto lo entendió. Los brazos que la rodeaban se volvieron tensos y sus gritos resonaron en su corazón. Su sacrificio se estaba compartiendo y por más que ella intentó soltarse sabía que ya era imposible.
Morirían los dos. Emil y ella. Sus labios se curvaron en una triste sonrisa, su caballero se quedaba hasta el final. Eso solo hizo que se lamentara más por su hermano. Deseaba que él no la hubiera dejado sola.
Cuando abrió los ojos, Emil no la miraba a ella. Se enfocaba en Cassian. Sin miedo, ni llantos, se mantenía firme. Cassian lo miraba con odio, él era el único que en medio de su triunfo arruinaba todo. Él era libre.
Maude se rio y justo entonces el tiempo se detuvo. Ya no hubo más dolor, ni Magics, ni sacrificios. Solo ella burlándose de Cassian. Riéndose de que había perdido, pero ganado al mismo tiempo.
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Editado: 10.02.2026