La bruja de porcelana_inicio

XIX

Mientras más se acercaban al lugar seguro, más miedo tenía. Era ilógico, pero así lo sentía. Cada vez se le hacía más difícil mantener el control.

Tras usar repetidamente la magia, su fuerza vital se mejoraba, los golpes, heridas y fracturas apenas las sentía. Volvía a ser fuerte, pero también volvía él. Lo sintió desde el momento en que convirtió a Emil en ratón, ese pinchazo molesto que intentaba entrar en su cabeza.

Maude no tenía defensas, él podía entrar en cualquier momento, pero al parecer disfrutaba fastidiándola. De vez en cuando le susurraba que viniera a verlo, le decía que no era poderosa, él le prometía jamás estar atrapada. Ella le respondía que no, que se callara de una vez. Lo mantuvo a raya la mayor parte del camino. Según Godfrey solo faltaba unas cuantas calles más. De hecho, justo en ese momento regresaba Emil.

El ratón se sentó en una esquina y les indicó por gestos que había visto guardias, les señaló que lo siguieran. Godfrey murmuró algo sobre que al parecer se darían una vuelta. Su hermano la sujetaba de la mano y la animaba a continuar. En cuanto se giró, lo vio. Cassian la esperaba en la oscuridad, sonriéndole, invitándola a acercarse.

—¡No! Vete, no te seguiré—gritó, plantándose lejos de él. Sacudió su mano hasta que Godfrey la soltó y caminó tres pasos segura.

Su intención era verse poderosa y así mantener el control. Sintió las miradas extrañadas de Godfrey y Emil. Al parecer solo ella veía a Cassia. Movió sus dedos para formar un escudo, pero su hermano la tomó de la muñeca.

—Hey, tranquila. Ya mismo llegamos —dijo obligándola a bajar su mano. Maude negó con la cabeza.

Ese segundo de distracción hizo que Cassian desaparecieran. Maude de inmediato se giró para enfrentarlo. Sabía que aparecería tras de ella. No se equivocó.

Levantó su brazo para defenderse, pero ya era tarde. El mundo físico se desdibujó y el mundo brumoso de sus pesadillas la envolvió. Cassian apareció vestido de príncipe, su ropa negra y perfectamente planchada, solo le faltaba una corona. Le tomó de las manos y con delicadeza la llevó bailando de un lado para otro. Maude no podía resistirse, él controlaba todo este nuevo mundo.

—Querida —dijo tras darle una última vuelta —. Al fin has llegado y yo que pensaba rescatarte…

Con solo decir eso, Maude recordó como estaba antes encadenada y al parecer el brujo también porque creó unos grilletes pesados alrededor de sus muñecas. La chica intentó liberarse, pero eran fuertes y muy resistentes, de alguna forma cada vez que los jalaba, ellos se anclaban más al suelo. Llegó a tal punto que era difícil mantenerse de pie.

—Demuéstrame como te escapaste.

La cadena era diferente, esta le dejaba libre las manos, Cassian quería que usara magia. Maude movió los dedos de su mano derecha y apuntó a la cadena de la izquierda, una bolita azul voló hacia la cadena y apenas la tocó explotó. Lo malo es que lo hizo con todo y ella.

Mientras rodaba por el piso escuchaba la carcajada de Cassian. Era irónico como ella no podía ver el suelo, pero definitivamente lo sentía. Cuando se incorporó su brazo estaba raspado.

—Vaya tonta que eres —dijo Cassian apareciendo frente a ella —. Si no te hubiera protegido te habrías arrancado el brazo.

—Te estoy prometiendo poder —añadió —. Serás capaz de liberar esa cadena y…

—No me importa. Prefiero ser esclava de los humanos que tuya.

Eso no le gustó porque de inmediato arrugó la nariz. Creó de nuevo las cadenas y la obligó a arrodillarse. Ella le mantenía la mirada fija, su corazón latía rápido y se sentía indefensa.

—Mira abajo —dijo Cassian.

Maude no quiso hacerlo, pero escuchó la voz de su hermano. Cuando bajó la vista se encontró con un escenario diferente, como si ella estuviera fuera de su cuerpo. Veía como Godfrey intentaba detenerla, pero ella estaba enloquecida. Golpeaba y gritaba, incluso unos hechizos se formaban en sus dedos para desaparecer segundos después.

—¿Me estás controlando? —preguntó en un susurro. Por más que lo pensara no podía detener su cuerpo. Ella había sentido muchas veces el miedo, pero cada vez le sorprendía más. Siempre alcanzaba nuevas formas de horror y verse a sí misma como una muñeca violenta la destrozaba.

Cassian comenzó a reírse y su risa se convirtió en carcajada. Maude no podía creerlo. En unos minutos, él la había controlado y ni siquiera se había dado cuenta. Las lágrimas cayeron por sí solas. Resistirse parecía ya no tener sentido.

Oh, querida —dijo él agachándose a su lado y limpiándole las lágrimas —¿No creíste que de verdad podrías escapar de mí?

¿Escapar? Hace unas horas no lo dudaba, pero ahora sus miedos se habían confirmado, el mundo no era suficiente grande para esconderla. Ella ya era su esclava.

Atendiendo al exterior vio como su hermano intentaba sujetarla, su rostro desencajado por la desesperación, Emil intentando escapar de sus pisadas. subiendo por su pierna.

—Pobrecillo, ¿no crees?

El brujo movió una mano y acercó la vista al ratón. Se movía desesperado, tan pequeño como ella y tan indefenso. Maude tenía ganas de disculparse, él solo intentó ayudarla y así le había pagado. Un grito agudo, desesperado la sacudió. Su hermano le agarraba por los cabellos y usando toda su fuerza logró que su cuerpo lo mirara.




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