¡Esto era increíble! Cyprian estaba convencido de que estaba rodeado de idiotas. Todos sus guardias eran unos incompetentes. Habían decidido lanzarse a las calles y no cuidar a los prisioneros. Dos prisioneros escapados en una sola noche. ¿Qué podía gritar más fuerte fracaso?
Incluso Francisco lo había defraudado. No había podido vencer a un soldado novato con una contusión en la cabeza. Había alegado que fue culpa de la bruja y quizá así lo era, pero eso no mejoraba nada. La bruja estaba afuera, uno de los suyos los había traicionado y los Inquebrantables estaban llegando.
El batallón llegó al amanecer poco después que las cosas se calmaran. Cyprian ya había castigado a la mayoría de soldados y regañado a Francisco. Estaba solo cuando recibió al grupo.
Los vio llegar como una masa en la lejanía, hombres que desafiaban los límites humanos y que volaban por el aire por plataformas invisibles, lo más destacado era su líder. El único en caballo que imponía sin decir palabra. Cyprian sintió como emanaba magia, aunque claro su olor no era tan desagradable.
Pronto se enteró que su nombre era Robert y personalmente lo escoltó hasta su oficina. Mientras más lo miraba, más pequeño se sentía. Había algo con ese hombre que lo intimidaba, quizá porque era demasiado robusto o por su ojo blanco y tuerto que parecía juzgarlo. Sea lo que sea, Cyprian supo que no sería lo que esperaba.
Para colmo, Robert gozaba de más respeto de lo que él jamás tendría. Acallaba a todos los demás, solo caminando e incluso los guardias lo trataban como una eminencia.
Robert andaba solo, pero según las leyendas un Inquebrantable jamás estaba solo, tenía una conexión con cada uno de sus soldados y podría estar dando órdenes en ese momento.
El capitán se ahorró los detalles sobre el escape de la bruja y agregó otros para que no parecieran tan irresponsables.
—Dejó a más de una docena de mis mejores hombres heridos —dijo.
Robert se sentó apaciblemente y le miró fijamente. Cyprian no pudo aguantar y agachó la cabeza. Sentía que ese hombre ya lo sabía todo. No valía la pena mentir.
—¿Supo su nombre?
—¿Eso importa?
El Inquebrantable alzó una ceja y respiró hondo. Muy dramáticamente se puso de pie y apoyó sus manos en el escritorio.
—Los Magics al igual que cualquier institución tienen grados de importancia. Por ejemplo, la bruja Regina sembró el Caos en el norte, mientras que otros son meros aprendices. ¿Sabe el nombre de la bruja?
—No me lo confesó —respondió Cyprian intentando controlar su voz. Le enfadaba que ese hombre llegara a hablarle con ese tono y petulancia.
—Dígame, ¿de qué color eran sus tatuajes?
—Azules como todos.
—En eso también se equivoca, los tonos más oscuros revelan mayor rango, ¿cuál era los de ella?
Cyprian no se había detenido a observarlos, eso no tenía importancia para él. La bruja era una bruja y eso era suficiente. Su deber como Inquebrantable era hacerla prisionera y eliminarla. No había nada más que discutir.
—La bruja destruyó mi ciudad, tengo miles de heridos y usted me pregunta por su color de tatuajes —. Cyprian se puso de pie e intentó sacar lo máximo el pecho. Lo cierto era que estaba más bajito y se sentía amenazado —. ¿Le molestaría hacer su trabajo?
El Inquebrantable le sonrió, una sonrisa chueca, de un solo lado, que acentuaba sus cicatrices y su ojo tuerto.
—Lo estoy haciendo. Sabe, el nombre de la chica es Maude.
Cyprian intentó no parecer sorprendido y se burló, refiriéndose a que era una mentira.
—No provocó los incidentes. Es solo una chica asustada.
—¿Chica asustada? ¿Es una Magic?
—No es prioridad.
—¿Ah, no? ¿Se refiere a que hay alguna bestia mejor que cazar?
El Inquebrantable volvió a sonreír y se apoyó más a la mesa, parecía que solo sus dedos soportaban su peso.
—Nosotros no cazamos, defendemos y hay una pieza más importante en el tablero, pero usted no se molesta en entenderlo.
En ese momento se abrió la puerta y un lobo gigante blanco ingresó. Su cara era monstruosa y su hocico se arrugaba de una forma demasiado humana. Se paró al lado de Robert y asintió. Su cuerpo se alargó y el pelo se convirtió en piel. En algunos minutos se convirtió en un hombre. Era otro Inquebrantable.
Ignoró por completo a Cyprian y se dirigió a su capitán.
—Robert, él estuvo aquí.
—¿A quién se refiere?
Robert no le prestó atención, solo asintió. El hombre lobo salió de la habitación dejándoles de nuevo a los dos.
—Ha sido un “placer” —dijo Robert hizo un saludo militar y se volteó.
—¿Eso es todo? ¿No vas a atraparla?
—Maude es clave, pero no como tú piensas.
Sin más el Inquebrantable se marchó, dejando a Cyprian de peor humor de como había empezado. Ese déspota había venido solo para burlarse. Él sabía que la chica era un peligro y no iba a dejarlo así. Le demostraría al mundo quién era él. En cuánto se tranquilizó sacó un mapa y mandó a llamar a Francisco. Tenían una presa por atrapar.
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Editado: 24.12.2025