La Bruja del Capitán

Capítulo 49. La gran cacería del pez malo

Fácil decir haz un bichero. ¿Pero cómo lo hago? ¿Dónde voy a encontrar yo una rama así?

No te quejes. Tú misma dijiste que no necesitabas su ayuda.

Yo no me quejo. Es que las ramas están mal.

La chiquilla tiró otra rama y se dirigió hacia el avellanar.

Estas son largas pero no tienen púas. ¿Cómo voy a hacer un bichero con ellas?

Quizás como decía León. ¿Romper y atar? O…

¿O qué?

Mira abajo. Crecen en manojos. Si cortas dos ramas, en una de ellas quedará una púa. La afilas y tendrás un bichero.

¡Exacto!

Eli sacó el cuchillo de caza y se dispuso a cortar la rama que necesitaba.

Tonta, quítate la ballesta, te estorba.

Sí. Estorba.

La chiquilla se quitó la ballesta y la dejó sobre la hierba. Luego miró bien, eligió la rama que necesitaba y empezó a cortarla.

Bueno, ahora la afilamos, y podemos ir a cazar el pez malo.

Sí. Pero afílalo bien. Tú misma viste qué cabeza tiene.

La vi.

Eli afiló bien la púa y guardó el cuchillo de caza.

No olvides la ballesta.

Me acuerdo.

La chiquilla levantó la ballesta y se la colgó a la espalda. Sujetó mejor el bichero improvisado y fue hacia la poza bajo el tronco caído.

¡Otra vez son tres!

No importa, disparamos a uno y los otros huyen. Y entonces lo sacamos.

Eli se quitó la ballesta, miró hacia el campamento y luego cargó el arma.

Está dormido.

¿Y qué si duerme? Le hace bien.

Sí. Lo importante es no hacer ruido.

Ajá, ¿y quién gritó para todo el bosque?

¡Yo no tengo la culpa! El pez malo me asustó.

Sí sí. No te muevas, o espantas a la presa. Y apunta.

Sí ya sé no me des órdenes.

¡Otra vez nadan hacia mi sombra!

Para asombro de la chiquilla, los tres peces se acercaron más y se escondieron en su sombra, resguardándose del sol.

¿Te acuerdas dónde hay que disparar?

¡Sí me acuerdo yo! Hay que disparar a la cabeza para que no escape.

Ahora, lo importante es no fallar, o luego habrá que esperar otra vez a que vuelvan.

¡No me des órdenes!

La chiquilla apuntó al pez más grande, el que se había acercado más. Tenz-chof. El virote de la ballesta trazó un rastro de burbujas directo a la cabeza del pez.

¡Fallé!

¡Recarga! ¡Tonta!

Eli apoyó la ballesta contra el suelo y enganchó los ganchos del cinturón. Cric-clac. Con un movimiento ya conocido, la chiquilla colocó el virote y apuntó a la poza.

¡Yo no veo nada! ¡El agua hierve! ¡Me tiemblan las manos!

¡Dispara al centro! ¡El pez está ahí! ¡No te asustes!

Tenz-chof.

¡Recarga!

La chiquilla volvió a recargar la ballesta y apuntó al agua turbia.

¡Todavía se agita pero no se va!

¡Dispara! ¡Tonta! ¡Hay que rematarlo!

Yo no veo nada. ¡Me tiemblan las manos!

¡Dispara al centro! ¡Donde hierve! ¡No te demores!

Tenz-chof. Otro virote se hundió en el agua.

¿Le dimos?

No sé. ¡Recarga!

Eli recargó la ballesta por tercera vez y apuntó a la poza con el pez.

La primera vez fue fácil acertarle.

Esa vez tuvimos suerte. Mira cómo se agita. Parece que se calma…

El fondo de la poza empezó a aclararse. La arena pesada se asentaba en el fondo, mientras la turbidez ligera se la llevaba la corriente.

¡No se fue! ¡Le dimos! ¿Y las amigas dónde están?

Se habrán ido, seguro. Deja la ballesta. Pero descárgala. Agarra el bichero. Vamos a sacarlo.

Eli miró hacia el campamento y se detuvo un momento en León dormido. Bajó la ballesta y disparó al suelo. Sacó el virote, lo limpió con la hierba y lo guardó en el carcaj.

Ahora no hay prisa. Seguro que no se va.

No pensé que sería tan difícil.

Fallé porque. León decía que el agua distorsiona.

Sí la primera vez fue solo suerte.

Pero al menos tenemos el bichero. ¿Vas a quedarte ahí mucho rato?

Eli intentó colgarse la ballesta a la espalda, pero luego la dejó sobre la hierba. Agarró el bichero improvisado y se acercó al borde de la poza.

Desde aquí será incómodo. Hay que entrar por el lado del agua.

Pero no te metas en la poza. Que no vaya a ser que vuelvan las amigas.

¡No me asustes!

Eli volvió a mirar el campamento, se aseguró de que León dormía. Dejó el bichero y empezó a desvestirse.

¿Y si León se despierta y se pone a espiar?

La chiquilla se quedó quieta un segundo y siguió quitándose la camisa.

¡Tontita! ¿En qué piensas? Ahí tenemos el pez malo. Él duerme después de comer.

Ah… Hace nada alguien se preocupaba y le exigía que no mirara…

¡Déjame! Tonta.

La chiquilla por fin se desvistió, agarró el bichero y se metió en el agua.

Mira ahí no fallaste. Los tres virotes están en el pez.

Sí le di, pero no en el sitio correcto.

Ajá, justo entre los ojos, y el virote lo clavó al fondo. Tuvimos suerte de que no se fuera.

¿Está vivo?

No sé. No entres muy hondo. Engánchalo con el bichero.

La chiquilla se acercó al borde de la poza, pero el agua solo le llegaba a la cintura. Extendió el bichero improvisado y empezó a arrastrar el pez despacio.

Parece que este pez malo es todavía más grande que el primero…

Hasta que no lo saquemos, no lo sabremos.

Me pregunto si es un bagre o también un lucio.

Qué más da. Lo importante es que es grande.

Sí va a salir mucha carne. Para la cena alcanza y sobra.




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