La Bruja del Capitán

Capítulo 51. Me quedé dormida y me perdí lo más interesante

Los rayos de sol de la mañana veraniega encendieron destellos en el río y por fin atravesaron las copas de los árboles. En la bruma esmeralda previa al amanecer, la niebla empezó a arrastrarse desde el claro del bosque hacia el río. En medio de los somnolientos reflejos de sol pastaban la yegua alazana Pelirroja y el caballo de guerra negro Armak. León se despertó primero por un peso inesperado en el pecho.

¡Diablos! ¿Esto qué es? Calor bajo la axila.

Entreabrió los ojos y miró su pecho.

Una mano en el pecho, una pierna sobre el muslo. Está chiflada, sin duda. ¿Acaso soy una almohada? Ayer, media tarde me estuvo mandoneando junto al río. Me echó agua encima. Luego se hizo la gran sanadora durante el cambio de vendaje. Y por la noche se metió bajo mi axila como si fuera su casa. Es pequeña. Perdió el miedo por completo. ¿Cómo no le da calor? Se agotó del todo, por eso se arrastró hacia el calor. Bien, hay que levantarse. El campamento no va a recogerse solo.

León se giró hacia la chiquilla, se sacudió de encima su mano y su pierna, se apartó y se levantó.

Puras incomodidades. Encima el brazo me duele… Bien, mientras me arreglo, esa joyita se despertará y ayudará.

León miró el rostro tranquilo de la chiquilla dormida y su melena de fuego desparramada.

Sí, la chiquilla tuvo que esforzarse. Pero duerme bien. Me hice unas vacaciones en toda regla… Y con aventuras, además. Y hasta la capital quedan ocho días de camino, si no nos retrasamos.

El guerrero echó un último vistazo al campamento y se dirigió al río.

¿Dónde? ¿Yo otra vez me quedé dormida?

Eli, sin abrir los ojos, pasó la mano por la manta.

¿Qué? ¿Por qué no hay hierba?

La chiquilla por fin abrió los párpados y con la mirada aún nublada de sueño buscó a tientas por la manta.

Él no está. ¿Ya se despertó?... Se está recuperando… ¿Y por qué estoy acostada así? ¿Qué me perdí yo?

¿Otra vez descontenta? Todavía no acabas de despertar, y ya te indignas.

No. Yo sí recuerdo que le abracé el brazo…

¿Y qué? Lo abrazaste y te dormiste como muerta, ¿qué es lo que no te gusta?

¿Tú no ves?

¿Qué se supone que debo ver yo? ¿La manta? ¿O a León, que seguramente está en el río?

¡No! Él estaba acostado delante de nosotras, no detrás de la espalda.

¿Y qué?

¿Cómo que y qué? ¿Acaso yo lo abracé a él?

La chiquilla empezó a encenderse.

¿Y si lo abracé? ¿Qué con eso?

¿Y si se enojó? ¡Y además yo me perdí todo! ¡Lo más interesante!

¿Y qué tiene de interesante un León dormido?

¡Tú no entiendes! ¡Yo podía abrazarlo, y yo me lo perdí todo durmiendo!

¡Vaya cosa en qué pensar recién levantada, tontita! Levántate ya. Él está herido. Hay que ayudar a levantar el campamento.

Sí. Pero de todos modos da pena.

¿De qué te da pena, tonta?

¿Cómo que de qué? Me gustó tanto tocarlo, y aquí, como una tonta, me quedé dormida.

¡Tonta es lo que eres! ¡Levántate ya! Basta de estar tirada. Ve a lavarte la cara, enfría la cabeza, ¡y a trabajar!

Sí.

La chiquilla apartó la manta de un tirón, se levantó y se dirigió al río.

—Buenos días, León. ¿Te duele el brazo?

La chiquilla se remangó las perneras y entró al agua.

—¿Ya despertaste, dormilona?... Sí duele, pero ya menos.

¿Ves? Él no te está regañando, así que no hay que darle vueltas a quién echó qué encima de quién.

Sí, no regaña. ¡Pero yo me quedé dormida!

Ay, ¿acaso es la última vez?...

León terminó de lavarse la cara, pero no se fue al campamento. Esperó a que Eli terminara de lavarse.

¿Cuánto se puede pensar en el brazo? No acaba de despertar, y ya se preocupa.

—Desayunamos, empacamos y nos vamos.

—¿Y tú podrás? ¿Y si nos quedamos un día más?

—¿Crees que el mundo va a esperar a que te canses de jugar a comandante de campamento?

¡Seguro que ya se curó! ¡Otra vez se pone pesado y manda!

¿Y qué si manda? Lo importante es que se está curando. Tiene razón. El mundo alrededor no te va a esperar.

Sí, yo entiendo. Pero aquí se está tan bien…

—Sí, no va a esperar. Vamos a desayunar.

La chiquilla se echó una vez más agua a la cara con las manitas, se enderezó y se fue hacia el campamento.

Desde la mañana ya está descontenta por algo. Vaya carácter… Yo no la desperté, no le impedí dormir, ¿por qué está descontenta? ¿Porque seguimos el camino? Pero no podemos vivir eternamente junto al río.

León caminaba detrás de la chiquilla, tratando de entender el motivo de su descontento esta vez.

Bien, hay que darle ocupación. Entonces todo se acomodará.

Junto a la hoguera revisó las bolas de arcilla y apartó dos.

—Estas son para el desayuno. Las otras dos bolas envuélvelas en hojas de bardana y guárdalas en la alforja.

Luego rodeó la hoguera y recogió el charqui en un saquito.

¡Se puso a mandar!

Ajá, entonces está sano. Y a ti eso solo te conviene.

¡Yo también sé qué hacer sola!

¿Y por qué no lo haces? Esperas a que te lo diga.

¡Déjame en paz! Pesada.

Eli envolvió las bolas en las hojas y las guardó en la alforja, luego fue a enrollar las mantas.

Bien, que se enfurruñe. Lo importante es que sabe qué hacer y lo hace.

León sonrió con ironía a espaldas de la chiquilla y también se puso a recoger el campamento.

Pronto en el lugar del campamento todo quedó recogido. Eli ayudó a León a ensillar los caballos e incluso, sin que se lo recordaran, ella misma renovó el agua de las botas de cuero. El desayuno resultó no tan sabroso como el guiso. Pero las especias suavizaron el sabor herboso del viejo lucio.




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