La Bruja del Capitán

Capítulo 56. Tengo miedo

¡Llevamos cuatro días cabalgando y recién ahora me lo dijo! ¡Es malo!

Claro que es malo. ¿Cómo así? Tú no preguntaste, y él tampoco te invitó.

Estás de su lado.

Claro. ¿Tú qué crees, él sabe en qué estás pensando ahora?

Piensa que otra vez me estoy poniendo pesada.

¡Exacto! Porque él no sabe leer tus pensamientos.

Pero si él sabe que me gusta dormir junto a él. Y dormimos en posadas y allí hay dos camas.

¿Y qué? Y si hubiera tres camas, ¿dormirías en las dos por turnos, para que no quedaran vacías?

No.

Pero si él te lo dijo.

No. ¿Él dijo yo a ti qué prohibía?..

¿Y no es lo mismo?

Tú misma te inventaste el problema, y ahora te enfurruñas con él.

No estoy enfurruñada. Solo que pude dormir tres noches cerca y yo como una tonta…

Tú tienes la culpa.

Los caballos avanzaban al paso por el camino, Eli sobre la Pelirroja, detrás de León sobre Armak. Después de la conversación, la chiquilla no se atrevía a alcanzar al guerrero y hablarle.

¡Diablos! Quién iba a pensar que de un camino cómodo se podía sacar un problema de proporciones universales, y encima alargarlo tanto. Durmió en la cama de al lado… Como si yo le hubiera prohibido dormir cerca. Ahora se enfurruña, va cabalgando más sombría que una nube de tormenta. Ella sola se inventó los problemas…

Quizá yo también me acostumbré a que a mi lado resollara ese bulto tibio… Entonces, ¿ahora la llamo? ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué diablos pienso en esto? Hoy mismo llegamos a la capital, allí se resolverá. Pero ¿cómo se resuelve esto? ¿Dónde la instalo? En el cuartel no, desde luego… ¿En qué pensaba yo cuando arrastré a esta maravilla hasta la capital? Bueno. Vivirá conmigo, y ya se me ocurrirá algo.

—¿Vas a seguir enfurruñada mucho tiempo más?

—No estoy enfurruñada. Me da pena.

Chiquilla tonta. ¿A quién le da pena, a sí misma o qué?

—¿A ti misma o a mí?

¡Se está burlando otra vez!

¿Pero en qué parte?

No sé. ¡Tengo miedo!

Tontita, otra vez estás creando un problema de la nada. Él no te ha ofendido ni una sola vez, no ha hecho nada malo, y tú durante todo el camino lo conviertes en un villano, ¿no te da vergüenza?

No lo hago. ¡Tengo miedo! No quiero que él me abandone.

¿Acaso él te dijo que te iba a abandonar?

No. Aun así tengo miedo.

—A ti también. Estás herido.

—A mí se entiende. ¿Y a ti misma por qué te compadeces?

—Porque soy tonta.

La chiquilla se dio la vuelta, sin querer mirar al guerrero que sonreía con sorna.

—¿Tonta-tonta de verdad o solo tonta?

Ves él también se burla ahora.

No, seguramente él solo está aclarando si eres tonta o tonta-tonta.

Traidora tú estás de su lado.

Claro, y además sueño con ser una vagabunda en la capital y no estar cerca del hombre sin el cual tú no puedes vivir.

Puedo.

No, no puedes, pero aun así tú misma lo alejas.

Bueno entonces vámonos. Si él no nos retiene…

¡Eres tonta!

Sí-sí…

—No sé. Todavía no he decidido.

¿Y cómo entenderla?..

—Bueno, basta de tonterías. Pronto llegamos al río, comemos y al puente.

Ves, tontita, él considera tus rarezas una tontería.

Pero esto no son tonterías y qué tal si nunca más…

—Esto no son tonterías —sollozó Eli, y se dio la vuelta otra vez.

—¿Y por qué no son tonterías?

¿Cómo no lo entiende?

Dile, y él lo entenderá.

¿Y si no lo entiende?

No lo sabrás hasta que se lo digas.

—Porque no tengo adónde ir. No conozco a nadie y no quiero…

Sí, claro, síndrome del gatito abandonado. No tiene casa, no tiene familia. ¿Qué es lo que no quiere?

—Bueno, a mí me conoces. Vienes conmigo, y en cuanto a lo de no querer. ¿Acaso te obligué alguna vez a hacer algo que no quisieras?

—No.

—Entonces no hagas tonterías. Límpiate los mocos y las lágrimas. Hoy todavía tenemos audiencia con el rey. Al río, para que te laves la cara.

Ves, él ni siquiera entiende de qué hablas. Él ni siquiera piensa en abandonarte, y tú has armado aquí un mar de mocos, tontita.

No armé nada y no voy a ir donde el rey. ¡Tengo miedo!

¿Qué te pasa, eres tonta del todo? León quiere llevarte ante el rey. ¡ANTE EL REY! ¡TONTA! ¿Acaso llevan ante los reyes a cualquier persona?

—No voy a ir donde el rey.

—¿Y eso por qué? La gente sueña con conseguir audiencia con el rey, y tú…

Pensé que esto al menos la alegraría. Pero ella se niega. ¿Qué diablos le pasa? Si se lo cuento a alguien, se van a reír. No quiere ir a la audiencia.

—Tengo miedo.

—Cazar peces malos no da miedo, dispararle a los templarios no da miedo, pelear contra un monstruo manchado no da miedo, ¿y al rey le tienes miedo?

Igual que una niña pequeña. ¿Ahora tendré que convencerla?

—Eso es distinto.

¿Cómo no entiende? Si yo hacía eso no porque no diera miedo sino porque tenía miedo. ¡Tenía miedo por él!

Bueno, entonces dilo. ¿Por qué te haces la caprichosa, si él no entiende, acaso no lo ves?

—Todo esto es por tu culpa.

—¿Por mi culpa?

León miró a la chiquilla con sorpresa.

¿Y yo en qué tengo la culpa?

—No, no por tu culpa, sino por ti. Tenía miedo por ti.

—Ah. Así que era eso… Creo que si no vienes conmigo ante el rey, no podré explicarle por qué regresé sin la temible gran bruja…

¿Se está riendo de mí o me está engañando?

La chiquilla miró al guerrero con desconfianza en los ojos.




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