La Bruja del Capitán

Capítulo 57. Torta de miel

—¿Decidiste vaciar el río?

¿Qué? ¿Quién? ¿León? ¿Qué hace aquí?

Tontita, despierta. Se cansó de esperarte. Por eso vino a comprobar si no te habías ahogado.

—¿Yo?... ¿El río?... No. Yo solo me estaba lavando la cara.

Se nota, de paso te lavaste la ropa también. ¡Qué facha traes!

—Ah, bueno, si solo te estabas lavando la cara, entonces está bien.

León midió a la chiquilla mojada con una mirada ligeramente burlona y se fue hacia los caballos.

¿Es que no me cree?

Te cree, pero mírate, ¿te lavaste la cara o te bañaste? Toda la camisa mojada y también la cabeza.

Eli se miró a sí misma con sorpresa y fue detrás del guerrero.

—Toma, sirena. Sécate.

León le tendió un trapo limpio.

—Gracias.

La chiquilla se secó la cara y las manos, luego miró la camisa mojada.

—Sube a la silla de montar. En el camino te secarás, pero así no pasarás calor.

León saltó a la silla, dejando que Eli misma guardara el trapo en la alforja.

—¿Y el rey?

—Al rey todavía hay que llegar. En el puente hay un puesto de control. Ahí nos detendremos, luego unas horas más hasta Arvey. Así que seguro te da tiempo de secarte.

¿Cómo es que siempre lo sabe todo? Nosotros no estuvimos junto al puente.

Pregúntale.

—¿Cómo sabes lo del puesto de control?

—Siempre ha estado ahí. Es la guardia de la capital. El camino no es el principal, pero en todos los accesos a Arvey hay puestos de control.

¿Otra vez los templarios?

Aprende a escuchar. Dijo, guardias de la capital.

¿Y los guardias no son templarios?

¿Yo qué sé?

—¿Hay templarios ahí?

Qué minuciosa…

—No, guardia de la ciudad.

León cabalgaba relajado, apenas sostenía las riendas, a veces con las rodillas le daba dirección a Armak. Eli, en cambio, tenía que contener constantemente a la Pelirroja para que no se estirara hacia la hierba.

—¿En qué se diferencia la guardia de la ciudad de los templarios? ¿Acaso no obedecen a la Orden?

Eli rebuscó en los bolsillos del cinturón y sacó un peine. Acarició suavemente el peinecito con la palma y empezó a peinarse el cabello mojado.

Tiembla por un simple peine de madera como si fuera un tesoro. Ahorrativa…

León le echó un vistazo a la chiquilla.

Se mantiene en la silla de montar como una amazona experimentada, y eso que hace poco se quejaba de que le dolía el trasero. Vaya que la chiquilla ha cambiado mucho durante la travesía… Y encima habla sin parar. Eso sí, aunque con menos frecuencia, en estupor sí cae. Lo importante es que en combate no se frena, y con eso basta, y en el campamento ya sabe qué hacer… ¿En qué estoy pensando yo?...

—De hecho, la guardia de la ciudad obedece al alcalde. Sin embargo, hay ciudades donde el representante de la Orden y el alcalde son la misma persona.

—¿Y en Arvey?

—Arvey es la capital, aquí el jefe de la ciudad es el rey. Pero además de la guardia, él tiene también la Guardia Real.

—¿Y para qué necesita el rey la Guardia Real, si ya tiene la guardia de la ciudad?

Eli terminó de peinarse, sopló el peinecito y lo guardó con cuidado en el bolsillo del cinturón. Se desabrochó la bota y bebió unos sorbos.

Nunca pensé que iba a cabalgar así por el bosque y beber esta agua endulzada tan rica.

Sí, sí. Alguien malo y nada bueno no se olvida de rellenar la bota de la alegría de la tontita pesada.

Tontita pesada serás tú.

—La guardia de la ciudad y la Guardia Real tienen tareas distintas. La guardia de la ciudad protege la tranquilidad de los habitantes en la ciudad y sus alrededores.

—¿Y la Guardia Real?

Eli se abrochó la bota y metió la mano en la alforja.

En algún lado tenía que haber quedado otra torta yo me acuerdo bien…

—No te muevas tanto, te vas a caer.

León ni siquiera miró a la chiquilla.

Todo lo ve…

—Yo no me estoy moviendo. Todavía me debe quedar una torta.

—La Guardia Real protege el palacio.

—¿Y ya está? Vaya élite, para solo cuidar un palacio.

Eli por fin sacó de la alforja una torta y la partió en dos.

—Mucho entiendes tú… La protección del rey y del palacio es solo una de las funciones de la Guardia Real.

¿Cuándo consiguió acostumbrarme a lo dulce?

León, sin voltearse, extendió la mano.

¿Es que tiene ojos en la nuca?

¡Tonta! Tú misma dijiste que buscabas una torta.

Pero yo no dije que la había encontrado…

—¿Cómo sabes que yo voy a compartir, goloso?

—Partiste la torta en dos. ¿No fue justamente para compartir?

—¿Cómo sabes que la partí?

—Todo el bosque te oyó. Con suerte, los osos no vendrán corriendo por lo dulce, con el ruido que haces.

—Eres antipático y pesado, siempre me estás ofendiendo.

Eli se acercó y puso en la palma de León la mitad de la torta.

—Me disculparé en Arvey. Te compraré dulces.

—¿Lo prometes?

Los ojos esmeralda se encendieron de alegría.

—Doy mi palabra de guardia real.

León se llevó el puño derecho al corazón.

¿Es que de verdad es un guardia real?

No lo sé, pero si hay que creer que nosotros vamos directo al rey, entonces, probablemente…

—¿De verdad eres un guardia real?

En la voz de la chiquilla se coló un dejo de tristeza.

Un guerrero de élite, guardia del rey… Qué lejos estoy yo de él… Ahora entiendo por qué lo sabe y lo puede todo.

No entres en pánico. León es León, qué más da qué rango tenga o cuál sea su estatus.

—Se puede decir así. Pero eso no cambia mi condición de defensor embrujado por una bruja.

Otra vez se puso sombría.

—¿Otra vez bromeas? Yo no te embrujé y yo no soy una bruja.




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