La Brujita Desastrosa

Arco: LA BRUJITA DESASTROSA. Capítulo 1

Capítulo 1: El precio de una mancha de café

Beatrix sospechó mientras repasaba su libreta de cuentas, que más bien parecía un registro de crímenes contra la naturaleza. En la primera línea, con letra temblorosa, escribió una nota mental que pesaba más que su hipoteca:

"Debo 10 gallinas al granjero Juan porque el hechizo de mejoramiento genético hizo que sus gallinas se convirtieran en lechuzas con dientes" .

Cerró la libreta antes de que el sentimiento de culpa le impidiera abrir la puerta. Al otro lado, la fila frente a su cabaña de madera destartalada comenzaba a rodear el Pantano de los Suspiros. Estaban allí desde las seis de la mañana. No era porque Beatrix fuera la mejor de la región; de hecho, en el ranking oficial de la Real Academia de Hechicería, su nombre no figuraba en la lista de honor, sino en una nota al pie titulada: "Casos en los que es más perjudicial la medicina que la enfermedad" .

La gente no buscaba la perfección; buscaba sobrevivir a la inflación. En la Ciudad de Cristal, la Gran Bruja Morgana cobraba tres barras de oro puro por un simple hechizo de levitación. Beatrix, en cambio, aceptó media docena de huevos, una bufanda tejida a mano o, si el cliente estaba muy desesperado, un simple "gracias y luego te lo pago". A veces, incluso, era ella quien terminaba pagando de su bolsillo para compensar los efectos secundarios de su magia.

Pero no es que ella fuera incompetente. El verdadero villano de esta historia era el café.

Todo empezó con un accidente estúpido: el café estaba muy caliente, el gato la asustó con un salto repentino y el líquido oscuro terminó devorando las palabras más importantes de su herencia. Ahora, su "Grimorio Manchado" era un campo de minas. Las páginas mostraban grandes manchas marrones justo en las palabras clave, obligando a Beatrix a practicar lo que ella llamaba "magia de adivinanza".

—¡Siguiente! —gritó Beatrix, tratando de sonar profesional mientras abría el libro sobre su mesa llena de migas.

Entró el Granjero Juan, cargando una cesta de la que salían ruidos de masticación metálica.

—¡Brujita, esto no puede seguir así! —exclamó Juan señalando a sus aves—. ¡Me han mordido el rastrillo!

Beatrix abrió el grimorio por la página del desastre original. Quería entender qué había pasado para intentar revertirlo. Sus ojos se fijaron en el hechizo de crecimiento que había usado el día anterior.

Donde el hechizo original decía:

"Para que el cultivo crezca sano y fuerte , añade una pizca de suerte " .

Lo que Beatrix leía realmente bajo los restos de cafeína era:

"Para que el cultivo crezca sano y [MANCHA DE CAFÉ] , añade una pizca de [MANCHA DE CAFÉ] " .

En el momento de la urgencia, su lógica de "completar la frase" había tomado el control. Recordó sus propias palabras exactas del día anterior: "Para que el cultivo crezca sano y con dientes , añade una pizca de serpientes " .

—Bueno, Juan —murmuró ella, viendo cómo una gallina-lechuza intentaba morder el borde de su escritorio con unos molares impecables—. Admitamos que, técnicamente, son más fuertes que antes. Ahora tienen defensa personal.

—¡Quiero gallinas, no guardaespaldas con plumas! —reclamó el granjero.

.



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En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 01.02.2026

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