La Brujita Desastrosa

Capítulo 41

Capítulo 41: El horror repite

El destino no tiene imaginación; solo sabe repetir sus tragedias.

Dos meses de placebos fueron suficientes. Dos meses de "ventanas" abiertas en el sistema de Vivi bastaron para que la vida se abriera paso donde la ciencia había dictado sentencia de muerte.

Las náuseas empezaron un martes. No fueron sutiles. Fue una oleada violenta que la obligó a correr al baño antes de que el sol terminara de salir. Vivi se arrodilló frente al inodoro, con el pecho ardiendo y el corazón galopando contra sus costillas con una arritmia que conocía demasiado bien, como un viejo enemigo que regresa sonriendo.

—No puede ser —susurró para sí misma, con los dedos temblando contra el azulejo frío—. No puede ser.

Compró la prueba en una farmacia distinta, en la salida de la ciudad, como si ocultar la compra pudiera ocultar la realidad. El resultado no tardó ni un minuto en aparecer. Dos líneas rojas, nítidas, implacables. Una sentencia de muerte disfrazada de milagro.

Vivi no gritó. No hubo llanto desesperado ni alivio. Se sentó en el suelo del baño, con la espalda apoyada contra la pared, mirando la prueba de plástico con una fijeza aterradora. Su mirada estaba perdida en un punto invisible entre el pasado y el futuro, entre la Milagro que dormía en la habitación de al lado y este nuevo ser que ya la estaba matando.

La puerta se abrió despacio. Amado entró, con el rostro bañado por la luz mortecina del pasillo. Sus ojos buscaron de inmediato el objeto que ella sostenía. Cuando lo vio, una chispa de triunfo eléctrico le recorrió las facciones, pero intentó camuflarla con una máscara de sorpresa preocupada.

Vivi levantó la cabeza. Lo miró con un odio que no necesitaba palabras, un odio antiguo que había estado durmiendo bajo la alfombra de la casa nueva, de las risas en el jardín, de las noches compartidas. Pero por debajo de esa furia, había algo más: una resignación amarga que le helaba la sangre.

—Lo volviste a hacer —dijo ella. Su voz no temblaba; era gélida, plana, definitiva.

No era una pregunta. No buscaba una negación ni una disculpa. Era una certeza absoluta que le pesaba en los huesos.

—Vivi, yo... —empezó él, dando un paso hacia ella con las manos extendidas, como si pudiera tocarla sin quemarse.

—Cállate —lo cortó ella, levantándose con una dignidad que la hacía parecer más alta, más fuerte de lo que su cuerpo traicionero permitía—. No digas nada. No intentes convencerme de que fue un accidente. Los dos sabemos quién eres tú, Amado.

Se pasó la mano por el vientre, todavía plano, sintiendo la misma mezcla de terror y deber que la había consumido años atrás. Milagro quería un hermano. Amado quería su trofeo. Y Vivi, atrapada en medio de la obsesión de uno y la inocencia de la otra, comprendió que su vida acababa de ser sacrificada de nuevo en el altar de una familia que solo existía en la mente enferma de su marido.

El horror había vuelto a casa.

Y esta vez, Vivi sabía que no había médicos, ni advertencias, ni promesas que pudieran salvarla de la tormenta que acababa de desatarse en su sangre.

Solo quedaba una pregunta que le quemaba por dentro, silenciosa y devastadora:

¿Cuánto tiempo más podría sobrevivir a él?

El ciclo se repetía.

Peor.

Porque ahora sabía exactamente lo que venía.

Y aun así, no veía salida.



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En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 01.02.2026

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