La Brujita Desastrosa

Capítulo 44

Capítulo 44: La guerra comienza

Vivi no hablaba con Amado.

Semanas de silencio total, denso, que se pegaba a las paredes como humedad. Comía sola en la cocina, un plato rápido frente a la ventana, evitando la mesa donde antes cenaban los tres. Dormía en el cuarto de Milagro, acurrucada en la cama pequeña junto a su hija, abrazándola fuerte como si pudiera protegerla del veneno que ahora corría por la casa.

Amado dormía en el sofá de la sala, una manta vieja sobre el cuerpo, despertándose con el cuello torcido y el corazón pesado. Iba a trabajar al amanecer, regresaba al atardecer, entraba en silencio y preparaba la cena que nadie compartía. La casa se había convertido en un campo de batalla silencioso: miradas que no se cruzaban, pasos que se evitaban, puertas que se cerraban con cuidado para no hacer ruido.

Milagro estaba en medio.

Confundida. Asustada.

La niña, con sus cinco años, no entendía por qué mamá ya no reía con papá, por qué las noches se llenaban de susurros tensos y días de quietud extraña. Preguntaba bajito: "¿Por qué no cenamos juntos?". "¿Papá está enojado conmigo?". Pero las respuestas eran evasivas, sonrisas forzadas que no llegaban a los ojos.

Y empezaron las pesadillas.

Milagro se despertaba en la madrugada llorando, temblando, con gritos que partían el corazón. "¡No me dejen sola!", sollozaba, aferrándose a Vivi como si temiera desaparecer. Vivi la abrazaba fuerte, mecándola en la oscuridad, susurrando "Aquí estoy, mi vida, aquí estoy", mientras las lágrimas le rodaban silenciosas por las mejillas.

Amado oía todo desde el sofá. Se levantaba, se acercaba a la puerta del cuarto, pero no entraba. Solo escuchaba, la mano en el marco, el rostro hundido en culpa y desesperación.

La guerra había comenzado.

No con gritos ni platos rotos.

Con silencio.

Con distancia.

Con una niña atrapada en el fuego cruzado, pagando el precio más alto de todos.

Y en la quietud de esas noches, Vivi sentía el bebé moverse dentro de ella —fuerte, insistente— como un recordatorio cruel de que la batalla no había terminado.

Solo había cambiado de forma.

Más fría.

Más dolorosa.

Porque ahora no era solo su vida la que estaba en juego.

Era la felicidad de su hija.

Y eso dolía más que cualquier náusea.



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En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 01.02.2026

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