La Brujita Desastrosa

Capítulo 59

Capítulo 59: La pregunta fatal

Tercera cita con Roberto.

Cena en un restaurante modesto de la ciudad, uno de esos lugares con manteles a cuadros y velas en botellas de vino recicladas. La conversación fluía natural, como siempre: de libros a películas, de anécdotas de la biblioteca a las locuras de sus alumnos. Roberto hablaba con esa calidez que hacía que Vivi se sintiera escuchada, vista, sin juicios. Reía con ganas, y ella reía con él.

Se sentía ligera.

Hasta que llegó la pregunta fatal.

Estaban terminando el postre —un flan casero que compartían con dos cucharas— cuando Roberto miró su vaso de vino, pensativo, y dijo:

—Me encantaría tener hijos algún día.

Vivi se congeló.

El tenedor se detuvo a mitad de camino. El mundo colapsó otra vez, como un edificio que recibe el golpe definitivo. El ruido del restaurante se apagó, los colores se desvanecieron. Solo quedó el eco de esas palabras, golpeando contra sus cicatrices.

Roberto no notó de inmediato. Continuó, con esa sonrisa soñadora:

—Tú tienes hijos, ¿verdad? —preguntó, mirándola con curiosidad genuina—. ¿Querrías más? Algún día, claro. Con la persona adecuada.

Vivi no podía respirar.

El aire se le atoró en el pecho, el corazón latiendo con un ritmo familiar y terrorífico. Vio flashes: pastillas desaparecidas, náuseas de sangre, monitores pitando, el quirófano frío, el nombre Angustiana como castigo.

Se levantó de golpe, la silla raspando el suelo con un ruido que hizo girar cabezas.

—Discúlpame, tengo que irme —dijo, la voz apenas un hilo, recogiendo su bolso con manos temblorosas.

Roberto se quedó confundido, la sonrisa desvaneciéndose.

—¿Vivi? ¿Qué pasó? ¿Dije algo malo?

Ella no respondió. Salió corriendo del restaurante, el aire de la noche golpeándole la cara como un castigo. Corrió por la calle, los tacones resonando, las lágrimas brotando sin permiso.

Roberto pagó rápido y la siguió, llamándola desde la puerta.

—¡Vivi! ¡Espera!

Pero ella ya se había perdido en la multitud, en el ruido de la ciudad, en el pánico que la devoraba.

Corrió hasta que le dolieron los pulmones, hasta que llegó al departamento de Rosa, hasta que cerró la puerta y se dejó caer contra ella, sollozando.

Porque incluso aquí, en esta nueva vida, en esta posibilidad de sanar, el pasado la alcanzaba.

La pregunta fatal.

Hijos.

Más hijos.

El miedo que nunca se iba.

El trauma que llevaba en la sangre.

Y en ese momento, sola en el pasillo, Vivi se preguntó si alguna vez podría escapar de verdad.

O si el daño de Amado la había marcado para siempre.

Incluso cuando él ya no estaba.

El ciclo no era solo con él.

Era dentro de ella.

Y acababa de despertar de nuevo.



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En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 01.02.2026

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