Capítulo 65: Los estudios
El hospital estaba frío esa mañana. Vivi llegó en ayunas, con Amado a su lado aunque ella no se lo había pedido. No hablaron en el camino. Solo el ruido del motor viejo y la radio baja con noticias que ninguno escuchaba.
Primero el ultrasonido.
La sala era oscura, solo la luz azulada de la pantalla. El técnico, un hombre flaco de unos cuarenta, untó el gel frío en su abdomen. Movió el transductor despacio. Presionó. Volvió a presionar en el mismo sitio.
Vivi vio cómo su cara se endurecía. Los ojos fijos en la imagen gris.
—¿Todo bien? —preguntó ella, con voz que apenas salió.
El técnico no respondió. Siguió moviendo el aparato. Tomó varias capturas. Luego limpió el gel con una toalla áspera.
—El doctor la llamará con los resultados —dijo, sin mirarla a los ojos.
Vivi se vistió en silencio. Salió al pasillo. Amado la esperaba sentado.
—¿Qué te dijo?
—Nada.
Esa misma tarde, los análisis de sangre.
Sacaron cuatro tubos. Vivi odiaba las agujas, pero esta vez ni sintió el pinchazo. Solo pensaba en la cara del técnico.
Dos días después, la llamada llegó.
—Doctora Ramírez al teléfono. Necesitamos que venga urgente con su esposo al consultorio del gastroenterólogo. Mañana a las nueve.
No era el centro de salud de siempre. Era el edificio oncológico del hospital Bloom. Edificio gris, olor a desinfectante fuerte, gente con pañuelos en la cabeza esperando en silencio.
El doctor era joven, treinta y tantos. Lentes delgados, bata impecable. Los hizo pasar. Cerró la puerta.
Sobre el escritorio, las imágenes del ultrasonido y los resultados de sangre.
—Señora Vivi, siéntese por favor.
Puso las ecografías en el negatoscopio. Encendió la luz.
Allí estaba. Una masa oscura, grande, irregular, ocupando casi todo el lóbulo derecho del hígado.
—Esto es un tumor —dijo directo—. Grande. De unos doce centímetros.
Amado tomó la mano de Vivi. Ella no se movió.
—Los análisis muestran que las enzimas hepáticas están muy elevadas. Hicimos biopsia guiada el mismo día del ultrasonido.
Hizo una pausa. Miró los papeles.
—Es cáncer. Carcinoma hepatocelular. Avanzado. Estadio tres, probablemente.
El aire se fue de la habitación.
Vivi miró la pantalla. La masa negra parecía viva, latiendo en la imagen estática.
No lloró.
No gritó.
Solo asintió despacio.
En el fondo, lo sabía.
Desde el primer pinchazo.
Desde siempre, quizás.
Su cuerpo le había estado avisando que el precio final llegaba.
Amado apretó su mano más fuerte. Ella ni lo sintió.
El doctor siguió hablando. Palabras como metástasis, quimioterapia, pronóstico, meses.
Pero Vivi ya no escuchaba.
Solo veía esa sombra en su hígado.
Y pensaba en las niñas.
En lo que vendría ahora.
Editado: 01.02.2026