La Brujita Desastrosa

Capítulo 69

Capítulo 69: Las pruebas secretas

La mañana siguiente amaneció gris, con una llovizna fina que empañaba las ventanas. Amado se levantó antes que nadie. Se vistió en silencio, la camisa de trabajo que usaba siempre para la fábrica. Besó la frente de Vivi, que aún dormía inquieta.

—Voy al turno temprano —susurró.

Ella murmuró algo, sin abrir los ojos.

Amado tomó el autobús hacia el hospital Rosales, el grande, el de especialidades. No el consultorio de siempre. Este era otro edificio, más frío, más impersonal.

Entró al área de trasplantes. Se acercó al mostrador de información.

—Buenos días. Quiero hacerme las pruebas… para donar hígado.

La enfermera, una mujer de mediana edad con gafas gruesas, levantó la vista.

—¿Para quién sería la donación?

—Para mi esposa.

Ella asintió sin sorpresa. Estas cosas pasaban más de lo que la gente creía.

—Necesitamos confirmar compatibilidad y que usted esté completamente sano. El proceso es largo. Hoy empezamos con exámenes básicos: sangre completa, función hepática, electrocardiograma, radiografía de tórax, tomografía abdominal. Puede tomar todo el día.

Amado firmó los formularios. No dudó.

Lo mandaron de sala en sala.

Primero sangre: ocho tubos. Le dolía el brazo, pero apretó los dientes.

Luego el electrocardiograma. Se quitó la camisa, sintió el frío de los electrodos.

Radiografía: respirar hondo, no moverse.

Tomografía: acostado en la máquina ruidosa, con el contraste quemándole las venas.

Comió un pan duro en la cafetería del hospital a mediodía. Solo. Mirando el reloj.

Pensaba en Vivi en casa, creyendo que estaba en la fábrica, sudando entre máquinas.

Pensaba en las niñas en la escuela.

Pensaba en lo que había leído la noche anterior: que él podía salvarla.

Que era su turno de pagar.

Tarde ya, casi a las cinco, lo llamaron a una consulta preliminar.

Un residente joven revisó los primeros resultados.

—Por ahora todo bien, señor. Su hígado parece sano, el corazón fuerte. Mañana seguimos con más pruebas: evaluación psicológica, consulta con hepatólogo, más imágenes. Y necesitamos hablar con su esposa también, eventualmente.

Amado asintió.

—Gracias.

Salió del hospital cuando ya oscurecía. La llovizna se había convertido en lluvia fuerte.

Tomó el último autobús a casa.

Llegó empapado, cansado hasta los huesos.

Vivi lo esperaba en la sala, con una taza de café.

—¿Tan tarde te soltaron hoy?

—Sí, mucho trabajo —mintió, quitándose los zapatos.

Ella lo miró un segundo. Como si notara algo distinto en su cara.

Pero no preguntó.

Amado se sentó a su lado. Tomó la taza que ella le ofrecía.

Sus manos temblaban apenas.

Nadie sospechaba todavía.

Pero él ya había dado el primer paso.

Irreversible.



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En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 01.02.2026

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