La Brujita Desastrosa

Capítulo 76

Capítulo 76: Ingreso

A las seis de la mañana, el hospital aún dormía. Los pasillos olían a desinfectante y a café barato de máquina. Silencio roto solo por el pitido lejano de algún monitor.

Admisión fue rápida. Papeles, preguntas, firmas. Los asignaron a habitaciones contiguas: 401 para Amado, 402 para Vivi. Una pared delgada separaba las camas. Si hablaban fuerte, podrían escucharse.

Enfermeras entraban y salían como sombras eficientes. Vías intravenosas pinchadas en los brazos. Batas azules de hospital, frías y abiertas por detrás. Estudios de última hora: sangre, electrocardiograma, rayos X.

Luego los consentimientos finales.

Hoja tras hoja sobre la mesita rodante.

“Entiendo los riesgos.”

Firma.

“Acepto las consecuencias posibles, incluyendo la muerte.”

Firma.

“Libero al hospital y al equipo médico de toda responsabilidad.”

Firma.

Amado firmó sin dudar. Vivi lo hizo más despacio, la mano temblando apenas.

A las ocho, la familia empezó a llegar. La sala de espera del cuarto piso se llenó poco a poco. Milagro y Gusty, con sudaderas cómodas y ojeras profundas. La hermana de Vivi, con una bolsa de comida casera. Primos, amigos cercanos. Todos con termos de café, libros que no abrirían, teléfonos que mirarían sin ver.

Sabían que sería largo. Horas. Tal vez todo el día.

A las nueve, las enfermeras dejaron entrar de cinco en cinco.

Primero a la habitación 401.

Amado estaba sentado en la cama, con la vía ya puesta. Sonrió lo que pudo.

Abrazos rápidos, palabras atropelladas.

—Los veo después.

—Todo saldrá bien.

—Nos vemos pronto, papi.

Mentiras piadosas que todos necesitaban creer.

Gusty se aferró a su cuello un segundo más de lo normal. Milagro le apretó la mano fuerte.

Luego cruzaron la pared. Habitación 402.

Vivi parecía más pequeña bajo la sábana. Pálida, pero con los ojos claros.

Más abrazos. Más de lo mismo.

—Te amo, mami.

—Vas a estar bien.

—Nos vemos al rato.

Vivi asintió. Besó a cada una. Guardó las lágrimas para después.

Cuando la sala se vació otra vez, Amado se acercó a la pared que los separaba. Apoyó la palma abierta contra el yeso frío.

Del otro lado, Vivi hizo lo mismo.

No hablaron.

Solo sintieron la presencia del otro a través de la pared.

El reloj marcaba las nueve y media.

Pronto los bajarían a quirófano.

Juntos, pero cada uno solo con su destino.



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En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 01.02.2026

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