Capítulo 79: Quirófano 1
Quirófano 1. Luces blancas, frías, cegadoras. El aire acondicionado zumbaba bajo, manteniendo todo estéril y helado.
Ocho cirujanos rodeaban la mesa. Máscaras, guantes, batas verdes. El hepatólogo principal dirigía con voz calmada, precisa. Era una cirugía hepatobiliar compleja: extraer el lóbulo derecho del hígado de Amado sin dañar vasos, sin derramar sangre innecesaria, sin comprometer lo que quedaba.
Amado yacía anestesiado, intubado. El pecho subía y bajaba al ritmo de la máquina.
Incisión.
El bisturí abrió el abdomen en una línea limpia, desde el esternón hasta debajo del ombligo. Separadores. Retractores. El hígado quedó expuesto.
Sano.
Rosado.
Perfecto.
Grande, firme, sin una sola cicatriz. El órgano ideal para trasplante.
El equipo suspiró internamente. Esto facilitaba todo.
Empezó el trabajo minucioso.
Pinzas delicadas aislaban los vasos hepáticos. Ligaduras precisas. Corte lento, controlado, con bisturí ultrasónico que cauterizaba al avanzar. Sangre mínima. Monitores estables.
Separaron el lóbulo derecho. Lo levantaron con cuidado, como si fuera oro líquido.
Lo colocaron en la bandeja estéril, envuelto en solución fría. Listo para correr al quirófano contiguo.
Cerraron lo que quedaba en Amado. Suturas internas. El remanente ya empezaba a adaptarse. Regeneraría.
Pero aún quedaban horas.
En la habitación 402, Vivi despertó del sedante ligero. La luz del amanecer entraba por la ventana alta.
Miró el reloj en la pared.
7:15 AM.
Debían haber empezado con Amado primero. Siempre lo hacían así: extraer del donante vivo antes de abrir al receptor.
Se incorporó un poco. El cuerpo pesado, pero la mente clara.
Extendió la mano hacia la pared compartida con la 401. Aunque ahora él ya no estaba allí.
Apoyó la palma contra el yeso frío.
—Te amo —susurró.
Como si él pudiera escucharla a través de los quirófanos, las máquinas, la anestesia.
Como si su voz pudiera llegar hasta el pedazo de hígado que pronto viviría dentro de ella.
Se quedó así un rato.
Esperando.
Rezando en silencio.
El reloj avanzaba.
Y en algún lugar al lado, Amado pagaba la deuda más grande de todas.
Editado: 01.02.2026