Capítulo 80: Extracción exitosa
9:30 AM.
Quirófano 1.
El lóbulo hepático derecho de Amado quedó separado por completo. Grande, pesado, intacto. Rosado vivo, brillante bajo las luces quirúrgicas.
Perfecto.
El hepatólogo principal lo levantó con cuidado y lo depositó en la bandeja estéril. Lo cubrieron de inmediato con solución fría de preservación, hielo estéril. El órgano latió un segundo más, como si supiera que seguía vivo.
Un auxiliar lo tomó y salió corriendo. Pasillo corto, puertas dobles.
Directo al quirófano contiguo.
Quirófano 2.
Donde ya esperaban a Vivi.
Ahora iban por ella.
Habitación 402.
9:45 AM.
La puerta se abrió. Dos camilleros y una enfermera entraron con la camilla rodante.
Vivi estaba despierta, sedada apenas lo suficiente para no temblar. Miró el reloj. Sabía lo que significaba la hora.
—¿Amado? —preguntó con voz ronca.
La enfermera sonrió profesionalmente.
—Todo bien, señora Rivera. Ya terminaron la extracción. Ahora es su turno.
Mentira técnica.
Aún no habían cerrado a Amado. Seguían trabajando en él: suturas, control de sangrado, drenajes. Pero no se lo dijeron. No era momento.
La ayudaron a pasar a la camilla. La vía intravenosa goteaba más rápido ahora. Sedantes, antibióticos, todo listo.
La llevaron por el pasillo. Luces blancas deslizándose sobre su cabeza. El techo parecía moverse.
Entró al quirófano 2.
El mismo frío. Las mismas luces cegadoras. El equipo ya estaba allí, máscaras puestas, esperando el regalo que llegaba del quirófano de al lado.
El lóbulo de Amado entró en su bandeja. Lo recibieron como oro.
La anestesióloga se acercó. Máscara de oxígeno primero. Luego la aguja en la vía.
—Respire profundo, señora. Ahora cuente hacia atrás desde diez.
Vivi cerró los ojos. Pensó en la mano de él contra la pared la noche anterior.
—Diez… nueve… Amado… siete… seis…
Oscuridad.
El mundo se apagó.
Y en algún lugar al lado, el pedazo de Amado ya esperaba para entrar en ella.
Para siempre.
Editado: 01.02.2026