Capítulo 86: Día 4 - Recuperación de Vivi
Día cuatro después de la cirugía.
Vivi ya no parecía la sombra que había entrado al hospital. El amarillo tóxico de la ictericia se desvanecía de su piel como niebla al sol. Las mejillas recuperaban un leve rubor. Los ojos, antes opacos, brillaban con algo que llevaba meses ausente: vida.
Las enfermeras la ayudaron a sentarse en la cama. Almohadas detrás de la espalda. Piernas colgando apenas. El drenaje aún estaba, pero el dolor era manejable. Tolerable.
Respiró hondo. Sonrió débilmente.
—Me siento… viva —dijo, casi sorprendida de sus propias palabras.
Milagro, sentada a su lado, tomó su mano. Gusty estaba al otro lado, con un dibujo infantil en la mano que no se atrevía a mostrar todavía.
Vivi bajó la mirada hacia su abdomen. La cicatriz fresca, cubierta por el vendaje, palpitaba levemente. Puso la palma abierta sobre ella.
Siento su corazón aquí.
Milagro sintió que el mundo se le venía encima.
Sí.
Estaba literalmente allí.
El corazón de Amado seguía latiendo.
No en su pecho, ya frío bajo tierra.
Sino en ese hígado nuevo que bombeaba sangre limpia, que filtraba veneno, que le devolvía la vida a su madre gota a gota.
Cada latido que Vivi sentía en su abdomen era de él.
Cada aliento profundo, un regalo de su sacrificio.
Milagro apretó los labios hasta que dolieron. Bajó la cabeza para que Vivi no viera las lágrimas que se le escapaban.
Vivi siguió hablando, con voz suave, maravillada.
—Es como si… él estuviera aquí. Cuidándome desde adentro. Como siempre prometió.
Milagro asintió apenas. No confiaba en su voz.
Gusty, más pequeña, más directa, se inclinó y puso su mano sobre la de Vivi, encima del abdomen.
—¿Sientes a papi ahí, mami?
Vivi sonrió. Cerró los ojos un segundo.
—Sí, mi amor. Lo siento.
Y en ese momento, las tres se quedaron en silencio.
Escuchando, sin saberlo, el latido de Amado.
El anillo que el mar se llevó, devuelto al fin.
En carne viva.
Dentro de ella.
Para siempre.
Editado: 01.02.2026