La Brujita Desastrosa

Capítulo 88

Capítulo 88: Semana 2

Semana dos.

Vivi ya era otra. Caminaba sola por el pasillo del hospital, sin suero, sin ayuda. El abdomen aún dolía al esfuerzo, pero era un dolor limpio, de cicatrización. Comía normal. Reía con las enfermeras. El espejo le devolvía una mujer que parecía haber rejuvenecido.

—Quiero ir a casa —decía cada mañana al doctor de turno.

El médico sonreía con cautela.

—Ya casi. Solo unos días más. Hay que confirmar que todo esté perfecto.

Necesitaban tiempo.

Tiempo para borrar a Amado de la casa.

Mientras Vivi dormía la siesta en su habitación, la familia se dividía en turnos. Milagro, Gusty, la tía, los primos más cercanos. Entraban a la casa como ladrones.

Empacaron la ropa de Amado. Camisas colgadas en el clóset, pantalones doblados, los zapatos alineados debajo de la cama. Todo en cajas de cartón que sellaron con cinta y llevaron al sótano de la tía.

El cepillo de dientes en el baño. Su jabón favorito. La taza con la que tomaba café cada mañana. Desapareció.

Fotos recientes: las de la boda de Milagro, las navidades pasadas, las vacaciones en la costa. Las quitaron de los marcos. Dejaron solo las viejas: la luna de miel, el nacimiento de las niñas, cuando todo era joven y sin grietas.

La casa empezó a oler distinta. Más vacía.

Prepararon el cuarto de Gusty como un “hospital ficticio”. Cama con sábanas blancas, una mesa rodante improvisada, monitores de juguete que habían comprado en una tienda de segunda. Un fondo para videollamadas: cortinas cerradas, luz tenue, como si fuera una habitación de UCI.

Por si Vivi pedía ver a Amado por video.

Mentira dentro de mentira.

Una tarde, Milagro encontró la cartera de su padre en el cajón de la mesita de noche. La abrió. La carta de Gusty seguía allí. La foto de los cuatro en la playa. El anillo que nunca volvió del mar, pero que ahora latía dentro de Vivi.

Cerró la cartera. La guardó en una caja.

Gusty lloró en silencio mientras doblaba las camisetas de Amado.

—No parece nuestra casa ya —dijo.

Milagro no respondió.

Solo siguió empacando.

Porque la casa tenía que estar lista.

Impersonal.

Sin rastros de él.

Para cuando Vivi regresara, creyendo que Amado aún luchaba en algún piso del hospital.

Para que el pedazo de él que vivía en ella no sintiera el vacío.

Y la mentira pudiera seguir respirando un poco más.

Aunque cada caja sellada era un pedazo de su padre que enterraban otra vez.

En silencio.

En casa.

Como si nunca hubiera estado.



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En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 01.02.2026

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