La Brujita Desastrosa

Capítulo 92

Capítulo 92: La familia llega

Milagro, aún temblando después de huir al cuarto, tomó el teléfono con manos que apenas obedecían. Llamó a Gusty primero. Luego a la tía. Luego a los primos más cercanos.

—Vengan. Ya. Mamá sabe.

No explicó más. No hacía falta.

Gusty llegó en menos de media hora. Entró corriendo, con la cara pálida, el cabello revuelto. Encontró a Vivi en la sala, sentada en el mismo sofá, mirando al vacío como si el mundo se hubiera detenido.

Gusty se detuvo en la puerta. Tragó saliva.

Vivi habló sin girar la cabeza.

—Murió, ¿verdad?

No era pregunta.

Era confirmación.

Gusty asintió despacio. Las lágrimas ya le rodaban.

—La noche de la cirugía. Hace cinco semanas.

Vivi cerró los ojos. Una lágrima solitaria cayó.

—Y me mintieron.

Gusty se acercó. Se arrodilló frente a ella.

—Para salvarte. Si te lo decíamos antes… tu cuerpo podría rechazar el trasplante. El estrés, el duelo… los médicos dijeron que era demasiado riesgo.

Vivi abrió los ojos. Miró a su hija menor.

Comprendía.

Lo entendía todo.

Pero dolía.

Dolía más que saber que había muerto.

Saber que había muerto hace semanas, solo en un quirófano, mientras ella dormía a metros de distancia.

Y ella no había estado.

No había tomado su mano.

No había dicho adiós.

—¿Sufrió? —preguntó, con voz quebrada—. Dime la verdad. ¿Sufrió?

Milagro, que había entrado en silencio y ahora estaba de pie junto a Gusty, respondió.

—No. Estaba dormido. Bajo anestesia total. Su corazón simplemente… se cansó. Paró. No sintió nada.

Vivi asintió. Respiró hondo. El aire le quemaba los pulmones.

—¿Dijo algo? ¿Antes?

Milagro se limpió las lágrimas con la manga.

—Escribió cartas. Para todos. Y una especial para ti.

Fue al cuarto. Regresó con una caja de madera pequeña, la que habían guardado con las cosas de Amado que no destruyeron.

Se la entregó a Vivi.

Vivi la abrió con dedos temblorosos.

Adentro, varias cartas dobladas con cuidado. Encima de todas, una con su nombre escrito en la letra grande e inclinada de él.

“Para Vivi, mi amor eterno.”

Las hijas se sentaron a su lado, una a cada lado.

Vivi tomó la carta.

La abrió.

Y empezó a leer en silencio.

Las palabras de Amado, escritas semanas antes de la cirugía, llenaron la sala.

Palabras de arrepentimiento.

De amor inmenso.

De orgullo por las hijas.

De gratitud por cada día juntos, aunque rotos.

De promesa de que, de alguna forma, siempre estaría con ella.

Dentro de ella.

Vivi lloró mientras leía.

Las hijas lloraron con ella.

Abrazadas.

Por primera vez desde la cirugía, lloraron juntas la verdad completa.

El duelo que habían pospuesto.

El adiós que no pudieron dar.

Pero también la salvación.

El anillo encontrado.

En carne viva.

Latendo fuerte dentro de Vivi.

Como si Amado, al fin, hubiera cumplido todas sus promesas.

Incluso la última.



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En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 01.02.2026

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