La Brujita Desastrosa

Capítulo 95

Capítulo 95: Visita al cementerio

Era la primera vez.

Milagro y Gusty la llevaron en silencio, como si cualquier palabra pudiera romper el momento. El cementerio estaba bañado en luz de tarde, el aire cargado del perfume de las flores frescas que cubrían muchas tumbas.

Llegaron a la de Amado.

La lápida de mármol relucía. Sobre ella, un ramo de lirios blancos, recién puestos, con gotas de rocío aún brillando.

Milagro frunció el ceño.

—¿Quién trajo estas flores?

Preguntó al empleado que barría un sendero cercano.

El hombre se quitó la gorra un segundo, respetuoso.

—Los beneficiarios, señorita. Los enfermos que su papá salvó con la donación de órganos. Vienen seguido. Algunos cada semana. Dejan flores y dan gracias.

Vivi sintió que el aire se le escapaba. Miró los lirios. Eran los favoritos de Amado.

En ese momento, un hombre se acercó por el camino de grava. Tendría la edad de Amado, quizás un poco más. Camisa sencilla, paso lento pero firme. Llevaba un ramo pequeño de claveles rojos.

Se detuvo frente a la tumba. Depositó las flores con cuidado. Se persignó. Luego se volvió hacia ellas.

—Buenas tardes —dijo con voz serena—. Me llamo Renart. Soy uno de los beneficiados. Su esposo Amado… me donó el corazón.

Tocó su pecho con la palma abierta.

—Gracias a él sigo aquí. Con mi mujer, mis hijos, mis nietos. Vengo cada mes a darle las gracias.

Vivi no pudo hablar. Las lágrimas le bajaron sin permiso. Renart inclinó la cabeza y se alejó despacio, dejándolas solas.

Vivi se arrodilló frente a la lápida.

Leyó la inscripción grabada debajo del nombre.

Y entonces recordó.

Todo.

Palabra por palabra.

En el autobús destartalado, rumbo a la costa, cuando él jugaba con su anillo:

“—Este anillo no se lo lleva ni el diablo —respondió, levantando la mano para besarle los nudillos—. Te lo juro, mi amor. Ni el mar, ni el tiempo, ni nadie. Y si lo llegara a perder, te prometo que lo busco y lo encuentro hasta con mi vida.”

En la habitación del hotel, después de la primera noche:

“—Yo te sostengo, Vivi. Puedo arriesgarte, pero nunca voy a soltarte. Además, si algo te pasa por mi culpa, prometo compensarte hasta con mi vida —dijo él.”

Y en la playa, abrazándola fuerte en el agua:

“—¿Ves? —le susurró al oído, mientras la apretaba contra su pecho mojado—. Sin mí, te hundes. Yo seré tu salvador hasta el final.”

Vivi se llevó la mano al abdomen.

Allí latía él.

Fuerte.

Vivo.

El anillo que el mar se llevó, devuelto con su propia vida.

Tocó la lápida. Las letras frías bajo sus dedos.

Y leyó en voz alta la inscripción que la familia había mandado grabar, la que Amado hubiera querido decir:

“Amor, finalmente encontré tu anillo.”

FINAL.



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En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 01.02.2026

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