Capítulo 102: La oportunidad que nadie pidió
La lluvia había parado, pero el aire seguía húmedo y pesado cuando Gusty entró al cuarto de Milagro esa misma noche. Milagro estaba sentada en la cama, con las piernas cruzadas y el teléfono en la mano, mirando la pantalla sin ver nada. Gusty cerró la puerta despacio, como si temiera romper algo frágil.
—Milagro… ¿puedo hablar contigo?
Milagro levantó la vista. Sus ojos estaban rojos, pero no de llorar. De rabia contenida.
—Claro. Dime.
Gusty se sentó al borde de la cama. Jugó con el dobladillo de su camiseta antes de hablar.
—No deberías desperdiciar esa oportunidad.
Milagro soltó una risa seca, sin humor.
—¿Oportunidad? ¿Casarme con un hombre que no conozco porque mi papá le salvó la vida a su hijo? ¿Eso es una oportunidad para ti?
Gusty bajó la mirada.
—No digo que sea fácil. Pero… piénsalo. Pablo es empresario. Tiene dinero. Si aceptaras… tus hijos —si algún día los tienes— nacerían en un hogar sin preocupaciones económicas. Recuerda cómo fue con nosotros. Mamá trabajando medio tiempo en la tienda, papá haciendo horas extras en la fábrica para que no nos faltara nada. Siempre cansados. Siempre contando monedas. Yo no quiero eso para mis sobrinos. Y tú… tú podrías tener una vida diferente.
Milagro se quedó callada un segundo. Luego, con voz baja y cortante:
—Si tanto te gusta la idea… te la regalo. Cásate tú con él.
Gusty levantó la cabeza de golpe.
—Si Pablo estuviera más joven… o tuviera mi edad… yo lo aceptaría. Se ve que es un buen hombre. Se nota que habla con respeto. Que no viene a imponer. Que solo quiere agradecer. Y sí… aceptaría. Porque no quiero vivir contando monedas toda mi vida.
Milagro la miró fijamente.
—Estás hablando en serio.
Gusty asintió despacio.
—Sí. Pero él no me está ofreciendo a mí. Te está ofreciendo a ti. Y tú eres la mayor. La que siempre ha cuidado de nosotras. La que merece… no sé… una vida más fácil.
La puerta se abrió un poco. Vivi estaba allí, escuchando desde el pasillo. Entró sin prisa y se sentó en la silla frente a la cama.
—He estado pensando —dijo Vivi, con voz tranquila—. Si esa familia está tan agradecida… quizás haya un hombre más joven. Algún sobrino, un primo. Alguien de tu edad, Milagro. Podría preguntar.
Milagro se puso de pie de un salto.
—¿Qué? ¿Ahora vamos a pedir catálogo? ¿“Denos uno más joven, por favor”? Eso no es correcto, mamá. No es moral. No es… digno.
Vivi la miró con calma.
—Estás muy equivocada, hija.
Milagro abrió la boca para protestar, pero Vivi levantó la mano suavemente.
—Tu padre siempre dijo que si alguien quería cuidarnos, que lo dejáramos. Que él ya había pagado su parte con creces. Y lo hizo. Hasta con su vida. Ahora… si alguien quiere seguir cuidándonos, ¿por qué rechazaríamos eso de plano? No es pedir limosna. Es aceptar que el mundo a veces devuelve lo que uno dio. Con intereses.
Milagro negó con la cabeza.
—No quiero que mi matrimonio sea una “deuda” pagada. No quiero ser la recompensa de nadie.
Vivi suspiró.
—No te estoy obligando. Nadie te obliga. Pero… no cierres la puerta tan rápido. No por orgullo. No cuando la vida ya nos ha quitado tanto.
Gusty miró a su madre, luego a su hermana.
—Solo… piénsalo, Milagro. No digas que no hoy. Ni mañana. Solo… déjalo en el aire. Cuando los nervios estén más calmados.
Milagro se dejó caer de nuevo en la cama. Se cubrió la cara con las manos.
—Necesito tiempo. Mucho tiempo.
Vivi se levantó despacio. Besó la frente de Milagro, luego la de Gusty.
—Tenemos tiempo —dijo—. Y eso es lo único que tu padre nos dejó que no podemos perder.
Salió del cuarto en silencio.
Las hermanas se quedaron solas.
Gusty se acercó y apoyó la cabeza en el hombro de Milagro.
—No tienes que decidir nada ahora —susurró—. Pero… no lo tires por la borda sin pensarlo. Papá sembró sus órganos. Quizás ahora nos toca cosechar.
Milagro no respondió.
Solo miró la ventana, donde la lluvia había dejado de caer.
Y en su pecho, muy profundo, sintió que algo —quizás el eco del corazón de su padre— latía con fuerza.
Como si estuviera esperando.
Como si supiera que la respuesta llegaría.
Tarde o temprano.
Editado: 01.02.2026