La Brujita Desastrosa

Capítulo 107

Capítulo 107: El eco en la sangre

La tarde era cálida cuando el auto negro de don Esteban se detuvo frente a la casa. Esta vez no venía solo. Del asiento trasero bajó Mateo, un niño de ocho años con ojos brillantes y una vitalidad que contrastaba con la palidez que Vivi recordaba haber visto en las fotos de los pacientes en espera.

Pablo bajó del conductor, ajustándose la camisa con un gesto nervioso. Don Esteban se quedó en el auto, observando desde lejos, como si supiera que su presencia podía intimidar.

Milagro, al verlos entrar desde la ventana, se puso tensa. —Tengo cosas que hacer en el centro —dijo de golpe, tomando su bolso sin mirar a Pablo—. No me esperen para el café. Salió casi huyendo, dejando un silencio incómodo que Pablo rompió con una sonrisa apenada.

—Siento si mi presencia causa problemas, Vivi. Solo quería que Mateo conociera a la familia del hombre que le devolvió la vida.

Pero el ambiente cambió en un segundo cuando Mateo, con la inocencia que solo los niños poseen, se acercó a Vivi y le tomó la mano.

—¿Usted es la esposa del señor Amado? —preguntó el niño—. Mi abuelo dice que él era un superhéroe.

Vivi sintió una sacudida eléctrica. Al tocar la pequeña mano de Mateo, su propio abdomen —donde latía el hígado de Amado— reaccionó con una calidez abrasadora. No era solo afecto; era una frecuencia compartida. El riñón que Mateo llevaba dentro y el hígado que Vivi poseía habían pertenecido al mismo hombre, se habían alimentado de la misma sangre durante décadas.

Gusty, que había estado observando desde la cocina, se acercó y pronto estaba en el suelo jugando con Mateo. El lazo fue instantáneo. Era como si el niño no fuera un extraño, sino un sobrino que regresaba a casa después de un largo viaje.

Pablo miró a Vivi, conmovido.

—Es extraño, ¿verdad? —dijo en voz baja—. He consultado con médicos amigos… Algunos dicen que como Amado estaba sedado, en pleno proceso de donación de hígado vivo cuando su corazón falló, los órganos pasaron de él a nosotros casi sin interrupción. Como si una parte de él nunca se hubiera enterado de que ya no está.

Vivi escuchó las palabras de Pablo y miró a Mateo. El niño reía con Gusty, y en esa risa, Vivi escuchó un tono que le recordó a las tardes de domingo con Amado.

—No es solo ciencia, Pablo —susurró Vivi, sintiendo el latido doble en su interior—. Es que él no quería irse. Se repartió para poder quedarse con todos nosotros.

Pablo asintió, y por un momento, la propuesta de matrimonio que su padre había hecho pareció menos una transacción y más un intento desesperado de mantener unida a esa “familia de sangre compartida”.

Sin embargo, mientras la paz reinaba en la sala, Vivi no podía dejar de pensar en Renart. Si Mateo tenía el riñón y ella el hígado… ¿qué estaba haciendo el corazón de Amado en ese momento?

Gusty levantó la vista desde el suelo, donde Mateo le mostraba un dibujo que había traído en su mochila.

—Mamá… —dijo Gusty bajito—. ¿Sientes algo cuando Mateo te toca la mano?

Vivi asintió despacio.

—Sí, hija. Lo siento.

Mateo miró a Vivi con curiosidad.

—¿Siente a mi superhéroe? —preguntó con inocencia total.

Vivi se arrodilló frente al niño. Le tomó las dos manos.

—Sí, Mateo. Lo siento. Lo siento aquí —se tocó el abdomen— y aquí —se tocó el pecho, aunque el corazón no era suyo.

Pablo se acercó. Se arrodilló también.

—Entonces… tal vez no sea tan loco lo que mi padre propuso —dijo en voz baja—. Tal vez sea la forma en que él quiso que siguiéramos conectados.

Vivi no respondió de inmediato. Miró al niño. Miró a Pablo. Miró a Gusty, que sonreía como si todo tuviera sentido.

Y en ese instante, el eco en su sangre —el eco de Amado— latió una vez más.

Fuerte.

Claro.

Como si dijera:

"No me dejes ir del todo."

"Pero tampoco te quedes sola."

"Deja que me reparta."

"En todos los que me necesiten."

Vivi cerró los ojos.

Y no sintió culpa.

Solo sintió que el amor, cuando es verdadero, no se acaba.

Solo se transforma.

Y se reparte.

Como la sangre.

Como la vida.

Como él.

Todavía él.

En cada latido.

En cada risa.

En cada mano que se toma.

Para siempre.



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En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 01.02.2026

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