La Brujita Desastrosa

Capítulo 120

Capítulo 120: El puente de las sombras

Semanas después de la crisis en el hospital, la vida parecía haber encontrado un cauce tranquilo, aunque amargo. Renart vivía ahora en un pequeño departamento a las afueras, dedicado a su recuperación y al silencio. Ya no buscaba el teléfono. Ya no esperaba milagros. Se había resignado a ser un guardián invisible.

Una tarde, un motor potente se detuvo frente a su puerta. No era Vivi. Era el auto negro de Magnus.

Renart abrió la puerta y se sorprendió al ver a Magnus con un par de cafés en la mano y una actitud menos defensiva que de costumbre.

—¿Puedo pasar? —preguntó Magnus, sin esperar respuesta.

Se sentaron en el pequeño balcón. Durante un rato, solo hubo silencio y el aroma del café.

—Vivi está bien —dijo Magnus de repente, sin que Renart lo preguntara—. Su hígado está fuerte. Ha vuelto a trabajar en el jardín y ya no tiene fiebre. Las niñas… bueno, las niñas están creciendo.

Renart asintió, sintiendo una calidez amarga en el pecho.

—Gracias por decírmelo, Magnus. Sé que ella está mejor sin el ruido de este corazón que no le pertenece.

Magnus lo miró de reojo. No había hielo en su mirada.

—Sabes, Renart… pocos hombres habrían hecho lo que tú hiciste. Irse cuando lo único que quieres es quedarte. Pablo cree que eres un tonto, pero yo creo que eres el único hombre honesto que he conocido en mucho tiempo.

Renart sonrió de lado, sin alegría.

—Y tú, Magnus… ¿cómo vas con Milagro? ¿Cómo la vez en las cámaras que instalaste?. Cuando la miras cuando crees que nadie la observa.

Magnus se tensó, pero no lo negó. Suspiró, dejando que la máscara de hierro se cayera un poco frente al único hombre que no lo juzgaría.

—Es un desastre, Renart. Es terca, imprudente y me odia con cada fibra de su ser. Pero cuando no está cerca, siento que el mundo es demasiado lento. No sé qué hacer con eso. No soy un hombre de palabras.

Renart miró el horizonte. El sol se estaba poniendo.

—No necesitas palabras con ella —le aconsejó—. Ella ya tuvo un padre que hablaba con el alma. Ahora necesita a alguien que sostenga el mundo cuando ella intente romperlo.

Se quedaron ahí, dos hombres unidos por la misma familia, compartiendo un vínculo que nadie más entendería. Magnus, el que protegía con el cuerpo; y Renart, el que amaba con el vacío.

—Vuelve a la ciudad de vez en cuando —dijo Magnus al levantarse—. Pablo no tiene por qué saberlo. Y yo… a veces necesito hablar con alguien que no quiera matarme.

Renart vio alejarse el auto negro. Se sentía mejor. Su salud era estable y su mente estaba clara. Había perdido a la mujer, pero había ganado un aliado en el lugar más inesperado.



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En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 01.02.2026

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