Capitulo 3
—Me mataste con esa frase, Gerardo. Me dejaste mudo —admitió Guille, rompiendo el silencio con una sonrisa mansa—. Es verdad... voy a reír y a cantar.
—Es la forma indicada —coincidió Gerardo, aflojando los hombros—. Así empecé yo.
—Y desde ahí, empezar a crear —remató Guille, clavando la mirada en el horizonte invisible que se abría más allá de las botellas de la barra—. Crear... sí. Creer y crear es mucho más que un concepto. Es arte. Es un estilo, Gerardo... una forma de ser.
Gerardo lo miró, esta vez sin ironías, reconociendo la verdad en los ojos daltónicos de su amigo. No había más razones que buscar, ni naufragios que calcular.
Guille levantó su vaso, invitándolo al brindis silencioso de los que se saben distintos pero caminan a la par. Gerardo chocó el suyo con un golpe seco.
El bar siguió con su ruido de siempre, ajeno a los mundos que se acaban de salvar en esa esquina. Afuera, la noche esperaba quieta, y en algún lugar impreciso del mapa, la balsa ya estaba lista para volver a zarpar.