La cafetería de Elena

Capítulo 6 — Celos inesperados

Las mañanas en la cafetería comenzaron a sentirse diferentes.
Más alegres.
Más cálidas.
Y todo porque Marcos Ferrer ahora aparecía todos los días sin falta.
Ya tenía su mesa favorita junto a la ventana.
Su café favorito.
Y hasta una pequeña planta que Elena había colocado cerca “porque combinaba con su cara de amargado elegante”, según Tomás.
Aunque Marcos jamás admitiría que le gustaba.
Aquella mañana la cafetería estaba llena.
Elena corría entre las mesas tomando pedidos mientras Tomás fingía trabajar.
—Tomás, la mesa tres sigue esperando.
—Estoy meditando.
—Estás comiendo galletas.
—Meditación con azúcar.
Elena negó con la cabeza divertida.
Marcos observaba la escena desde su mesa con una expresión seria… aunque por dentro le gustaba escucharla reír.
Últimamente todo en su vida giraba alrededor de aquella cafetería.
Incluso su chofer ya sabía automáticamente a dónde llevarlo cada mañana.
Y eso comenzaba a preocuparlo.
Porque Marcos jamás había sido un hombre celoso.
Nunca.
Pero con Elena…
era diferente.
Muy diferente.
La campanita de la puerta sonó.
Un hombre joven entró sonriendo ampliamente.
Era alto, simpático y demasiado confiado.
Se acercó directamente al mostrador.
—Buenos días, hermosa.
Elena sonrió educadamente.
—Buenos días, ¿qué le sirvo?
—Tu número de teléfono si está incluido en el menú.
Tomás casi escupe el café de la risa.
Y desde el fondo…
Marcos levantó lentamente la mirada.
El ambiente se volvió peligrosamente tenso.
El cliente seguía sonriendo.
—Vengo seguido y nunca me había animado a hablarte.
Elena se puso un poco nerviosa.
—Eh… gracias.
Pero antes de que pudiera decir algo más…
Marcos apareció junto al mostrador.
De la nada.
Como una sombra elegante y amenazante.
—Ella está trabajando.
La voz fría del CEO hizo que el hombre tragara saliva.
—Yo solo estaba siendo amable.
—Ya terminó de serlo.
Tomás observaba la escena fascinado.
—Uy no… el CEO tóxico vino otra vez.
Marcos lo miró serio.
—No soy tóxico.
—Claro… y yo soy modelo internacional.
Elena intentó ocultar la risa.
El cliente miró incómodo a Marcos.
Y sinceramente… la forma en que el CEO lo observaba daba miedo.
Parecía capaz de despedirlo de un trabajo que ni siquiera tenía.
—Bueno… mejor me voy —murmuró el hombre tomando su café rápidamente.
Y prácticamente escapó de la cafetería.
Tomás quedó impresionado.
—Marcos, acabas de espantar un ser humano con la mirada.
—Solo era molesto.
—Ajá. ¿Y eso que acabas de sentir no eran celos?
—No siento celos.
Tomás y Elena lo miraron exactamente igual.
Marcos suspiró frustrado.
Porque sí.
Eran celos.
Y eso lo estaba volviendo loco.
Nunca le había importado con quién hablaban las mujeres que conocía.
Pero cada vez que alguien sonreía demasiado cerca de Elena…
algo oscuro despertaba dentro de él.
Algo posesivo.
Algo irracional.
Elena bajó la mirada nerviosa mientras acomodaba unas tazas.
Porque aunque intentaba no ilusionarse…
la actitud de Marcos comenzaba a confundirla.
—No hacía falta asustarlo —dijo ella suavemente.
Marcos la observó unos segundos.
—Sí hacía falta.
—¿Por qué?
Él abrió la boca.
Pero no supo qué responder.
Porque no podía decir la verdad.
No podía admitir que odiaba ver a otros hombres mirándola.
Que odiaba imaginarla sonriéndole a alguien más.
Que cada día le costaba más esconder lo que sentía.
Tomás apareció otra vez sosteniendo una bandeja.
—Definitivamente esto ya parece novela turca.
—Cállate, Tomás —dijeron Elena y Marcos al mismo tiempo.
Los dos se miraron sorprendidos.
Y Elena terminó riéndose.
Aquella risa suave volvió a desarmar completamente a Marcos.
Y él entendió algo peligroso.
Ya no iba a poder alejarse de ella.




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