La cafetería de Elena

Capítulo 10 — El compromiso

La noticia apareció en todas partes.
Periódicos.
Revistas.
Redes sociales.
Programas de televisión.
"El famoso CEO Marcos Ferrer y la empresaria Raquel Duarte anuncian oficialmente su boda."
Las fotografías de ambos inundaron la ciudad.
Sonreían frente a las cámaras.
Tomados de la mano.
Pareciendo la pareja perfecta.
El cuento de hadas que todos admiraban.
Pero la realidad era muy diferente.
Porque mientras el mundo celebraba aquel compromiso...
Marcos se sentía más perdido que nunca.
La noche del anuncio se celebró una gran fiesta en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad.
Políticos.
Empresarios.
Celebridades.
Todos habían sido invitados.
El salón brillaba bajo enormes lámparas de cristal.
Los músicos tocaban melodías elegantes.
Los camareros servían champaña sin descanso.
Y en medio de todo aquello estaba Marcos.
Vestido con un impecable traje negro.
Sonriendo para las fotografías.
Saludando invitados.
Cumpliendo su papel.
Pero sintiéndose completamente vacío.
—Cariño, todos están felices por nosotros —dijo Raquel mientras sujetaba su brazo.
—Sí.
—¿Eso es todo?
—¿Qué más quieres que diga?
Raquel intentó sonreír.
Pero la respuesta le dolió.
Porque cada día era más evidente que algo estaba cambiando.
Marcos ya no la miraba igual.
Ya no parecía emocionado con la boda.
Y aunque ella intentaba ignorarlo...
el miedo comenzaba a crecer dentro de ella.
Mientras tanto, Elena estaba sola en casa.
Había visto la noticia por accidente.
Una fotografía enorme ocupaba la portada de una revista.
Marcos y Raquel.
Perfectos.
Felices.
Comprometidos.
Elena sintió un dolor profundo en el pecho.
Como si alguien le estuviera rompiendo el corazón lentamente.
Intentó convencerse de que estaba haciendo lo correcto.
Raquel era su prometida.
La mujer que él había elegido.
La mujer con quien compartiría su vida.
Ella no tenía ningún derecho a intervenir.
Pero aun así...
las lágrimas aparecieron.
Porque amar a alguien y verlo pertenecer a otra persona era una de las cosas más dolorosas del mundo.
En la fiesta, un empresario se acercó a Marcos.
—Debes ser el hombre más feliz del país.
Marcos levantó la copa.
—Supongo.
—¿Supongo?
—Sí.
El hombre soltó una pequeña risa.
—Yo estaba eufórico cuando me comprometí.
Marcos no respondió.
Porque la verdad era que no se sentía feliz.
No como debería.
Y eso comenzaba a asustarlo.
Cada vez que intentaba imaginar el futuro...
aparecía Elena.
Cada vez que pensaba en tranquilidad...
aparecía Elena.
Cada vez que sonreía sin darse cuenta...
era por Elena.
Y por más que intentara negarlo...
su corazón ya había tomado una decisión.
La fiesta terminó cerca de la medianoche.
Raquel regresó con sus amigos.
Los invitados comenzaron a marcharse.
Y Marcos finalmente quedó solo.
Subió a su automóvil.
Encendió el motor.
Y comenzó a conducir.
Sin rumbo.
Sin pensar.
Solo conduciendo.
Las calles estaban tranquilas.
La ciudad dormía.
Y entonces, casi sin darse cuenta, llegó al lugar que más ocupaba sus pensamientos.
La cafetería.
El pequeño local estaba cerrado.
Las luces apagadas.
Las cortinas corridas.
Y sin embargo...
Marcos estacionó enfrente.
Permaneció allí observando el ventanal.
Durante largos minutos.
En silencio.
Recordó la primera vez que entró.
Recordó el aroma a canela.
Las plantas.
Las risas de Tomás.
Y sobre todo...
recordó a Elena.
Su sonrisa.
Sus ojos.
Su forma de cuidar cada detalle.
Su manera de hacer que el mundo pareciera menos pesado.
Marcos apoyó la cabeza contra el asiento.
Y por primera vez se permitió admitir algo.
No quería casarse con Raquel.
No porque ella fuera una mala persona.
Sino porque su corazón ya no estaba allí.
Su corazón estaba en otra parte.
En una pequeña cafetería.
Con una mujer pelirroja que jamás salía de sus pensamientos.
—¿Qué me está pasando? —susurró para sí mismo.
Pero en el fondo ya conocía la respuesta.
Estaba enamorado.
Profundamente enamorado.
Y por más que intentara luchar contra ello...
todo lo llevaba hacia Elena.
Siempre Elena.
Solo Elena.
Sin saber que muy pronto una verdad oculta durante años cambiaría para siempre el destino de ambos.




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