La cafetería de Elena

Capítulo 13 — La madre del CEO

Habían pasado algunos días desde que Marcos y Elena se confesaron su amor.
La cafetería seguía llena de clientes, y Elena sonreía mientras acomodaba las plantas que tanto quería. Marcos ya era parte del lugar. Todas las mañanas llegaba con su café negro y fingía revisar correos, aunque en realidad solo quería verla.
Tomás los observaba divertido.
—Antes venía por el café... ahora viene por la cafetera.
Marcos levantó una ceja.
—Te escuché.
—Era la idea —respondió Tomás riéndose.
Todos soltaron una carcajada.
Aquella mañana, el celular de Marcos sonó varias veces. Al ver el nombre en la pantalla, su expresión cambió por completo.
Mamá.
Suspiró antes de contestar.
—¿Dónde estás? —preguntó una voz elegante, pero fría.
—Trabajando.
—No me mientas. Ya sé que estás en esa cafetería.
Marcos guardó silencio.
—Quiero que vengas a cenar esta noche. Tengo que hablar contigo.
—Está bien.
La llamada terminó.
Elena notó que algo no estaba bien.
—¿Ocurre algo?
Marcos sonrió con esfuerzo.
—Nada importante.
Pero en el fondo sabía que sí lo era.
Esa noche, la enorme mansión Ferrer brillaba bajo las luces del jardín.
Su madre, Victoria Ferrer, lo esperaba en el comedor. Era una mujer elegante, de carácter fuerte y acostumbrada a que todos obedecieran sus órdenes.
Cuando Marcos entró, ella apenas levantó la vista.
—Siéntate.
La cena transcurrió en silencio.
Hasta que Victoria dejó los cubiertos sobre el plato.
—Me dijeron que sales con una camarera.
Marcos la miró fijamente.
—Se llama Elena.
—No importa cómo se llame.
—Sí importa.
Victoria suspiró con desagrado.
—Una mujer como ella jamás será parte de esta familia.
Marcos sintió cómo la sangre le hervía.
—No la conoces.
—No necesito conocerla. Una familia como la nuestra tiene prestigio. Tú necesitas una mujer preparada, elegante... alguien como Raquel.
Marcos golpeó suavemente la mesa.
—No vuelvas a compararla con Raquel.
Victoria sonrió con frialdad.
—Entonces tráela. Quiero conocer a esa Elena que logró cambiar a mi hijo.
Marcos tuvo un mal presentimiento.
Conocía demasiado bien a su madre.
Y sabía que aquella invitación... no era una bienvenida.
Era el comienzo de una guerra.




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