La cafetería de Elena

Capítulo 20 — La trampa perfecta

La música seguía sonando suavemente en el gran salón.
Marcos y Elena continuaban bailando sin importarles las miradas de los demás.
Para ellos, el resto del mundo parecía haber desaparecido.
—¿Sabes qué estoy pensando? —preguntó Marcos sin dejar de mirarla.
Elena sonrió.
—No... pero con esa cara me asustas un poco.
Él soltó una pequeña risa.
—Estoy pensando que eres la mejor casualidad que me pasó en la vida.
Ella bajó la mirada, avergonzada.
—Yo no fui una casualidad.
Marcos frunció el ceño.
—¿Cómo que no?
—El destino nos unió dos veces.
Cuando éramos niños...
Y ahora.
Marcos acarició lentamente su mejilla.
—Y esta vez no pienso perderte.
Elena sintió un nudo en la garganta.
—Yo tampoco quiero perderte.
Desde una de las mesas, Victoria observaba la escena con el rostro completamente serio.
Raquel estaba a su lado, apretando la copa con fuerza.
—Mírala... —murmuró Victoria—. Se comporta como si ya fuera parte de nuestra familia.
Raquel respondió con una sonrisa llena de veneno.
—Eso terminará esta misma noche.
Victoria la miró de reojo.
—¿Ya sabes qué hacer?
—Sí.
Y no va a sospechar absolutamente nada.
La música terminó.
Todo el salón comenzó a aplaudir.
Marcos besó suavemente la mano de Elena.
—Gracias por este baile.
Ella sonrió.
—Gracias por invitarme.
Tomás apareció con tres pequeños postres en un plato.
—Interrumpo este momento romántico para informarles que el chocolate de este lugar es espectacular.
Marcos levantó una ceja.
—¿Cuántos comiste?
Tomás miró hacia otro lado.
—Cinco.
—¡Tomás!
—Bueno...
Seis.
Elena comenzó a reír.
—Después te va a doler el estómago.
—Valdrá la pena.
Los tres comenzaron a conversar y a reír.
Era la primera vez en muchos días que Elena parecía olvidar todo lo ocurrido con la cafetería.
Marcos la observaba en silencio.
Pensaba que aquella sonrisa era el tesoro más valioso que existía.
A unos metros de ellos...
Raquel caminó discretamente hasta una mesa donde varios empresarios conversaban.
Sonrió con amabilidad.
—Disculpen...
¿Conocen a la joven que acompaña a Marcos?
Uno de ellos respondió:
—Solo sabemos que parece hacerlo muy feliz.
Raquel soltó una falsa sonrisa.
—Qué bueno...
Porque yo escuché otra historia.
Los empresarios se miraron entre ellos.
—¿Qué historia?
Raquel bajó la voz.
—Dicen que la cafetería de esa chica fue clausurada por problemas sanitarios.
Hubo un pequeño silencio.
—¿En serio?
—Eso escuché.
Qué pena...
Marcos merece alguien mejor.
Dicho eso, Raquel se alejó lentamente.
No necesitaba decir más.
La duda ya había quedado sembrada.
Poco a poco el rumor comenzó a recorrer el salón.
Algunas personas miraban a Elena y luego murmuraban entre ellas.
Ella empezó a notar las miradas.
Su sonrisa fue desapareciendo.
—Marcos...
Él giró inmediatamente.
—¿Qué pasa?
—¿Por qué todos me miran?
Antes de que Marcos pudiera responder, dos mujeres pasaron cerca de ellos.
Una de ellas dijo lo suficientemente alto para que Elena escuchara.
—Qué raro...
Con razón cerraron su cafetería.
La otra respondió:
—Dicen que había ratas.
Elena sintió que el corazón se detenía.
Las palabras le dolieron más de lo que imaginaba.
Marcos apretó los puños.
—Eso es mentira.
Las mujeres se alejaron sin responder.
Tomás observó toda la escena.
Su sonrisa desapareció.
—Esto no es casualidad.
Alguien empezó ese rumor.
Marcos también lo entendió.
Solo había dos personas capaces de hacer algo así.
Miró hacia la otra punta del salón.
Y encontró a Victoria y Raquel observándolos.
Raquel levantó lentamente su copa.
Sonrió con arrogancia.
Marcos sintió una mezcla de rabia e impotencia.
Pero Elena apoyó una mano sobre su brazo.
—No...
No hagas un escándalo.
—Están hablando mal de ti.
—Lo sé.
—Y no pienso permitirlo.
Ella respiró profundamente.
—Si reaccionas ahora...
Les darás exactamente lo que quieren.
Marcos la miró sorprendido.
A pesar de todo lo que estaba sufriendo...
Seguía pensando primero en él.
La abrazó con suavidad.
—Cada día te admiro más.
Tomás se acercó.
—Yo tengo otra idea.
Los dos lo miraron.
—¿Cuál?
Tomás sonrió con picardía.
—Demostremos quién es Elena de verdad.
No con palabras.
Con hechos.
Marcos levantó una ceja.
—Explícate.
—Toda esta gente conoce al gran empresario Marcos Ferrer...
Pero nadie conoce a la mujer que ayudó a cientos de personas desde su cafetería.
La que regalaba comida cuando alguien no podía pagar.
La que daba café gratis en invierno.
La que ayudaba a los ancianos del barrio.
Si la conocen de verdad...
Ningún rumor va a destruirla.
Elena quedó en silencio.
Marcos sonrió orgulloso.
—Tomás...
Por una vez en tu vida...
Tuviste una idea brillante.
Tomás infló el pecho.
—¿Una?
Tengo muchas.
Solo que ustedes no las valoran.
Los tres comenzaron a reír otra vez.
Desde lejos, Victoria frunció el ceño.
No entendía por qué, después de todo lo que había ocurrido...
Seguían unidos.
Y eso la enfurecía cada vez más.
Raquel, en cambio, sonrió.
Porque todavía guardaba un último as bajo la manga.
Uno que podía cambiar la vida de Elena para siempre.




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