La cafetería de Elena

Capítulo 24 — El plan se derrumba

Los aplausos aún resonaban en el gran salón del hotel.
Empresarios, periodistas y vecinos seguían acercándose a Elena para felicitarla. Algunos le estrechaban la mano, otros la abrazaban y muchos simplemente le decían una frase que la emocionaba profundamente.
—Gracias por existir.
Elena apenas podía contener las lágrimas.
Nunca imaginó que tantas personas recordaran con tanto cariño los pequeños gestos que ella había hecho sin esperar nada a cambio.
Marcos permanecía a su lado, orgulloso.
No la soltaba de la mano.
Cada vez que alguien la felicitaba, él sonreía como si el reconocimiento fuera para él.
En cambio, al otro extremo del salón...
Victoria Ferrer sentía que la rabia le quemaba por dentro.
Su impecable sonrisa había desaparecido.
Sus ojos estaban fijos en Elena.
—No lo puedo creer... —murmuró entre dientes.
Raquel bebió un sorbo de agua intentando controlar su enojo.
—Todo salió mal.
Victoria cerró los puños.
—No.
Peor que mal.
Ahora todos la admiran.
Raquel observó cómo Marcos acomodaba con delicadeza un mechón del cabello rojo de Elena detrás de su oreja.
Aquel gesto fue suficiente para romper lo poco de calma que le quedaba.
—Jamás me miró así.
Victoria suspiró.
—Porque nunca estuvo enamorado de ti.
Raquel giró bruscamente hacia ella.
—¿Qué dijiste?
—La verdad.
Marcos siempre creyó que te debía la vida.
Confundió gratitud con amor.
Pero lo que siente por esa chica...
Eso sí es amor.
Las palabras golpearon a Raquel como una bofetada.
Durante años había vivido convencida de que algún día Marcos la amaría de verdad.
Ahora comprendía que jamás había ocupado ese lugar en su corazón.
Y eso alimentó todavía más su resentimiento.
Mientras tanto...
Tomás se había convertido en el alma de la reunión.
Caminaba entre las mesas saludando a todo el mundo como si fuera el dueño del hotel.
—Buenas noches.
Acepto felicitaciones y también postres.
Los invitados reían cada vez que él aparecía.
Uno de los empresarios le preguntó:
—¿Usted trabaja con el señor Ferrer?
Tomás respondió con total seriedad.
—No.
Yo trabajo con Elena.
Ella manda.
Él paga.
Marcos soltó una carcajada.
—Eso no es exactamente así.
Tomás levantó un dedo.
—No me arruines la imagen.
Todos volvieron a reír.
Aquellas carcajadas enfurecían todavía más a Victoria.
Era imposible entender cómo una simple cafetería había cambiado tanto a su hijo.
Antes era un hombre serio.
Frío.
Distante.
Ahora sonreía.
Bromeaba.
Y lo peor de todo...
Era feliz.
Victoria tomó a Raquel del brazo.
—Ven conmigo.
Las dos abandonaron el salón principal y caminaron hasta una terraza donde no había nadie.
El silencio era absoluto.
Solo se escuchaba el viento.
Victoria respiró profundamente.
—Escúchame bien.
Esta noche entendí algo.
Raquel cruzó los brazos.
—¿Qué cosa?
—Mientras Elena siga al lado de Marcos...
Nunca podremos separarlos con simples rumores.
Raquel bajó la mirada.
—Entonces...
¿Qué hacemos?
Victoria permaneció pensativa durante varios segundos.
Después habló con absoluta frialdad.
—Tenemos que destruir la confianza entre ellos.
Raquel levantó lentamente la cabeza.
—¿Cómo?
—Si Marcos deja de confiar en Elena...
Todo habrá terminado.
Raquel comenzó a comprender.
—Quieres que él crea que ella lo engañó.
Victoria sonrió.
—Exactamente.
No importa si es verdad o mentira.
Solo necesitamos sembrar la duda.
Raquel dudó por un instante.
—¿Y si no funciona?
Victoria respondió sin vacilar.
—Entonces iremos mucho más lejos.
Raquel sintió un escalofrío.
Conocía a Victoria desde hacía años.
Y sabía que cuando hablaba con ese tono...
Era capaz de cualquier cosa.
Dentro del salón...
Marcos levantó nuevamente su copa.
—Quiero brindar.
Todos hicieron silencio.
—Por las personas buenas.
Por quienes ayudan sin esperar nada.
Y especialmente...
Por Elena.
Las copas chocaron entre sí.
Elena sonrió emocionada.
Nunca se había sentido tan querida.
Tomás levantó su vaso de refresco.
—Y porque reabran la cafetería pronto.
¡Extraño el cheesecake gratis!
Todos comenzaron a reír.
Elena le dio un pequeño golpe en el brazo.
—Nunca fue gratis.
—Bueno...
Lo anotabas en una libreta imaginaria.
Las risas llenaron nuevamente el salón.
Desde la terraza...
Victoria observaba la escena a través del enorme ventanal.
Su rostro era completamente frío.
—Mírala.
Se cree invencible.
Raquel negó.
—No.
Solo está siendo feliz.
Victoria respondió con dureza.
—Precisamente por eso...
Tenemos que quitarle esa felicidad.
Sacó su teléfono celular.
Buscó un número.
Y realizó una llamada.
Raquel la observó sorprendida.
—¿A quién llamas?
Victoria no respondió de inmediato.
Esperó unos segundos.
Al otro lado atendieron.
—Necesito hablar contigo.
Tengo un trabajo para ti.
Sí.
Es urgente.
Quiero que destruyas la reputación de una persona.
Hubo un breve silencio.
Victoria sonrió con frialdad.
—El dinero no será un problema.
Solo quiero resultados.
Colgó la llamada.
Raquel sintió un escalofrío.
—¿Quién era?
Victoria guardó el teléfono en su bolso.
—Alguien que sabe encontrar información...
O inventarla cuando hace falta.
Raquel abrió los ojos.
—¿Estás hablando de un detective?
Victoria sonrió.
—Mucho más que eso.
Si Elena tiene un secreto...
Lo encontraremos.
Y si no lo tiene...
Lo fabricaremos.
Un relámpago iluminó el cielo detrás de ellas.
Por primera vez...
Raquel sintió miedo.
No de Elena.
Sino de la mujer que tenía al lado.
Mientras tanto, dentro del salón, Marcos rodeó con un brazo los hombros de Elena.
Ella apoyó la cabeza sobre él.
No imaginaban que, mientras celebraban la verdad...
En las sombras ya comenzaba a prepararse una nueva y peligrosa conspiración.




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