La primera luz del amanecer comenzó a iluminar la ciudad.
En la enorme mansión Ferrer, Victoria no había dormido en toda la noche.
La carpeta seguía abierta sobre su escritorio.
Fotografías.
Documentos.
Informes.
Cada hoja parecía darle una nueva idea.
Victoria tomó una taza de café, observó nuevamente la primera fotografía de Elena y sonrió con frialdad.
—Si Marcos no quiere escucharme...
Entonces toda la ciudad conocerá quién eres realmente.
En ese momento sonó el timbre.
La empleada abrió la puerta.
Un hombre de unos cuarenta años, con una cámara profesional colgada al cuello y una mochila llena de lentes, entró a la mansión.
—Buenos días, señora Ferrer.
Victoria lo invitó a pasar.
—Gracias por venir tan temprano.
El hombre dejó la cámara sobre la mesa.
—Cuando usted llama, siempre hay una buena historia.
Victoria abrió la carpeta.
—Quiero que esta noticia aparezca en todos los portales, revistas y periódicos antes del mediodía.
El paparazzi levantó una ceja.
—¿De quién se trata?
Victoria deslizó una fotografía sobre el escritorio.
Era una imagen de Elena sonriendo frente a su cafetería años atrás.
El hombre la observó.
—¿La novia de Marcos Ferrer?
Victoria respondió con una sonrisa.
—Exactamente.
Pero el mundo solo conoce una parte de la historia.
Quiero que conozca el resto.
El fotógrafo comenzó a revisar los documentos.
Había datos sobre el humilde barrio donde había crecido Elena.
Recortes de periódicos antiguos.
Fotografías de la cafetería cuando recién había abierto.
Informes de su vida antes de conocer a Marcos.
El hombre levantó la vista.
—¿Quiere que publique todo esto?
Victoria respondió sin dudar.
—Quiero que todos hablen de ella.
Que nadie deje de mencionar su nombre.
Que cuando Marcos salga a la calle, todos sepan quién es la mujer que eligió.
Mientras tanto...
A varias calles de allí...
Elena abrió lentamente la puerta de su cafetería renovada.
El aroma a café recién molido llenó el ambiente.
Tomás entró detrás de ella con una enorme sonrisa.
—Todavía no puedo creerlo.
¡Mira esas máquinas nuevas!
¡Y esa vitrina!
¡Parece un sueño!
Elena acarició el mostrador con emoción.
Las lágrimas volvieron a aparecer.
—Pensé que nunca volvería a abrir este lugar.
Marcos se acercó.
Sacó un delantal nuevo con el nombre bordado de Elena.
Se lo entregó con una sonrisa.
—Bienvenida otra vez a casa.
Elena lo abrazó con fuerza.
Tomás fingió secarse una lágrima.
—Voy a llorar...
Pero primero voy a preparar el mejor café de mi vida.
Los tres comenzaron a reír.
No sabían que, al mismo tiempo, en una oficina del centro de la ciudad, un titular estaba siendo preparado para salir en todos los medios.
Un titular que amenazaba con poner a prueba el amor de Marcos y Elena.
Editado: 27.07.2026