La cafetería de Elena

Capítulo 36 – Una visita inesperada

La mañana había comenzado con mucho trabajo en Ferrer Group.
Marcos llevaba horas encerrado en su despacho revisando documentos.
Sobre el escritorio había contratos, informes y carpetas que debía firmar antes de la tarde.
Fernanda estaba frente a él, organizando los últimos documentos de una importante negociación.
—Señor Ferrer, estos son los contratos que necesitan su firma.
Marcos tomó la primera carpeta.
—Déjalos ahí.
Fernanda asintió.
—También tiene una reunión dentro de una hora.
Marcos miró el reloj.
—Lo sé.
Suspiró.
Por primera vez en varios días no había podido ir a la cafetería de Elena.
Y eso comenzaba a molestarlo.
Tomó su teléfono y miró la última fotografía que tenía de ella.
Sonrió.
—La extraño...
Fernanda escuchó aquellas palabras y levantó discretamente la mirada.
Marcos marcó el número de Elena.
Ella respondió después de unos segundos.
—Hola, Marcos.
La voz de Elena hizo que su expresión cambiara inmediatamente.
—Hola, hermosa.
—¿Todo bien?
—Sí, pero tengo muchísimo trabajo. Hay un contrato que tengo que firmar y no voy a poder salir de aquí.
Elena sonrió.
—No te preocupes. El trabajo es importante.
Marcos se quedó pensando unos segundos.
—Tengo una idea.
—¿Cuál?
—¿Podrías venir a verme?
Elena soltó una pequeña risa.
—¿Ahora?
—Sí.
Y si puedes traerme un café de tu cafetería y uno de esos postres que tanto me gustan...
—¿Solo quieres el café y el postre?
—No.
También quiero verte.
Elena sonrió.
—Está bien. Voy para allá.
—Te espero.
—Nos vemos, Marcos.
La llamada terminó.
Marcos dejó el teléfono sobre el escritorio.
Fernanda lo observaba en silencio.
—¿Su novia viene?
Marcos levantó la mirada.
—Sí.
Elena traerá café.
Fernanda sonrió.
—Será un placer conocerla.
Marcos no respondió.
Simplemente volvió a revisar los documentos.
Una hora después...
El ascensor se abrió en el último piso.
Elena salió llevando una bandeja con dos cafés y una caja de postres.
Había elegido uno de los vestidos que más le gustaban y llevaba su cabello rojo suelto sobre los hombros.
Miró alrededor.
Todo era enorme.
Elegante.
Muy diferente a su pequeña cafetería.
Una empleada se acercó.
—¿Señorita Elena?
—Sí.
—El señor Ferrer la está esperando.
—Gracias.
Elena comenzó a caminar por el pasillo.
Entonces escuchó una voz femenina.
—Buenos días.
Elena se detuvo.
Frente a ella estaba Fernanda.
La nueva secretaria.
Era una mujer muy elegante, segura de sí misma y perfectamente arreglada.
Fernanda sonrió.
—Tú debes ser Elena.
Elena respondió amablemente.
—Sí.
Mucho gusto.
—Fernanda.
Soy la nueva secretaria del señor Ferrer.
Elena sonrió.
—Mucho gusto.
Aunque intentó disimularlo, algo en aquella mujer le produjo una sensación extraña.
No sabía explicar por qué.
No le gustaba aquella sensación.
Pero tampoco quería juzgarla sin conocerla.
Fernanda observó la bandeja.
—¿Le trajiste café?
—Sí.
Y un postre.
Marcos me lo pidió.
—Qué suerte tiene —respondió Fernanda.
Elena sonrió tímidamente.
—Bueno... es solo un café.
Fernanda la miró unos segundos.
Después señaló la puerta del despacho.
—Puedes pasar.
Elena tomó aire.
Golpeó suavemente.
—Adelante —respondió Marcos.
Ella abrió la puerta.
Marcos levantó la mirada.
Al verla, inmediatamente se puso de pie.
—Elena...
Su rostro se iluminó.
Ella sonrió.
—Te traje lo que pediste.
Marcos se acercó.
Tomó la bandeja y la dejó sobre la mesa.
Pero antes de probar siquiera el café, rodeó a Elena con sus brazos.
—Gracias por venir.
—Te extrañaba.
—Yo también.
Fernanda observaba desde fuera del despacho.
Marcos tomó el rostro de Elena entre sus manos.
—¿Sabes algo?
—¿Qué?
—Eres lo mejor que me pasó en la vida.
Elena se sonrojó.
Entonces Marcos la besó suavemente.
No le importó que Fernanda estuviera allí.
No le importó que alguien pudiera verlo.
Quería que todos supieran cuánto amaba a Elena.
Cuando se separaron, Elena bajó la mirada avergonzada.
—Marcos...
Él sonrió.
—¿Qué?
—Está tu secretaria ahí.
Marcos miró hacia la puerta.
Fernanda rápidamente apartó la mirada.
—No pasa nada.
Quiero que todos sepan que eres la mujer que amo.
Elena sintió que el corazón le daba un vuelco.
Fernanda sonrió profesionalmente.
—Disculpen.
Tengo algunos documentos para el señor Ferrer.
Marcos asintió.
—Déjalos sobre el escritorio.
Fernanda entró.
Dejó las carpetas y salió nuevamente.
Pero antes de cerrar la puerta, miró una última vez a Elena.
Su sonrisa desapareció.
Por dentro pensó:
"Victoria tenía razón..."
"Marcos está completamente enamorado de ella."
Y aquello significaba que su trabajo sería mucho más difícil de lo que había imaginado.
Dentro del despacho, Elena abrió la caja de postres.
—Te traje tu favorito.
Marcos sonrió.
—Ahora sí puedo trabajar.
Ella comenzó a reír.
—Eres imposible.
—Pero me amas.
Elena lo miró.
—Demasiado.
Marcos volvió a tomar su mano.
—Entonces quédate un rato conmigo.
Elena asintió.
Y mientras ambos compartían aquel pequeño momento de felicidad...
Fernanda entró al ascensor.
Sacó su teléfono.
Había un mensaje de Victoria.
"¿Ya la conociste?"
Fernanda escribió una respuesta.
"Sí. Y ahora entiendo por qué Marcos está tan enamorado."
Victoria respondió inmediatamente:
"Entonces tendremos que esforzarnos más."
Fernanda guardó el teléfono.
Las puertas del ascensor se cerraron.
Y una nueva batalla acababa de comenzar.




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