Los días habían pasado desde aquella tarde en la que Elena conoció a Fernanda.
Al principio, Elena había intentado no darle importancia.
Marcos le había explicado que Fernanda era solamente su secretaria, una compañera de trabajo en la que necesitaba confiar para poder manejar todos sus asuntos.
Y Elena quería confiar.
De verdad quería hacerlo.
Pero había algo que no conseguía quitarse de la cabeza.
Fernanda había comenzado a tomar cada vez más confianza con Marcos.
Al principio eran solamente conversaciones de trabajo.
Después comenzaron a quedarse unos minutos más hablando después de las reuniones.
Y poco a poco, Fernanda empezó a acompañarlo durante su descanso.
Una tarde, Marcos entró a la cafetería acompañado de Fernanda.
Elena estaba detrás del mostrador.
Al verlos juntos, su sonrisa desapareció apenas unos segundos.
Tomás lo notó inmediatamente.
—No me gusta —murmuró.
Elena lo miró.
—¿Qué cosa?
Tomás señaló discretamente hacia Marcos y Fernanda.
—Eso.
Elena suspiró.
—Yo te lo dije.
Tomás levantó una ceja.
—¿Qué me dijiste?
—Que algo en ella no me daba buena espina.
Tomás observó a Fernanda mientras ella hablaba con Marcos.
—Pues ahora somos dos.
Elena intentó sonreír.
—No quiero ser injusta.
—No estás siendo injusta.
Solo estás viendo lo que pasa.
—Pero Marcos confía en ella.
Tomás se cruzó de brazos.
—Ese es justamente el problema.
Elena lo miró seria.
—Tomás...
—¿Qué?
—No quiero que empieces a meterme ideas en la cabeza.
—No te estoy metiendo ideas. Solo te digo lo que veo.
Elena guardó silencio.
En ese momento Marcos se acercó.
—Hola, hermosa.
Le dio un beso en la mejilla.
—Hola.
Marcos notó inmediatamente que algo no estaba bien.
—¿Qué pasa?
—Nada.
Tomás soltó una pequeña risa.
—Sí, claro.
Elena lo miró con advertencia.
—Tomás...
—Ya me callo.
Marcos observó a ambos.
—¿De qué estaban hablando?
—De nada —respondió Elena rápidamente.
Fernanda se acercó.
—Marcos, tenemos unos documentos pendientes.
—Ahora voy.
Fernanda sonrió.
—Te espero.
Se alejó hacia una mesa.
Elena siguió sus movimientos con la mirada.
Marcos se dio cuenta.
—¿Qué ocurre?
—Nada.
—Elena.
Ella suspiró.
—Es que últimamente viene mucho contigo.
Marcos frunció ligeramente el ceño.
—¿Fernanda?
—Sí.
—Es mi secretaria.
—Ya lo sé.
—Y es mi compañera de trabajo.
—También lo sé.
Marcos tomó suavemente sus manos.
—Entonces no entiendo qué te preocupa.
Elena bajó la mirada.
—No lo sé.
Es que siento que está tomando demasiada confianza contigo.
Marcos suspiró.
—Elena, tengo que confiar en las personas que trabajan conmigo.
No puedo estar todo el tiempo pensando que alguien tiene malas intenciones.
Ella permaneció callada.
—No quiero discutir contigo —dijo finalmente.
—Yo tampoco.
Marcos acarició su rostro.
—Confía en mí.
Elena lo miró.
—Yo confío en ti, Marcos.
Pero...
—¿Pero qué?
—Nada.
Ella sonrió débilmente.
Marcos le dio un beso en la frente.
—Tengo que volver al trabajo.
—Está bien.
Cuando Marcos se alejó, Tomás apareció junto a Elena.
—¿Ves?
—¿Qué?
—Estás preocupada.
Elena suspiró.
—Sí.
Pero no quiero convertirme en una mujer que controla cada cosa que hace su pareja.
Tomás la miró con seriedad.
—Entonces no controles.
Solo observa.
Elena quedó pensativa.
En una de las mesas, Fernanda había escuchado parte de la conversación.
No podía escuchar cada palabra, pero había entendido algo importante.
Elena estaba comenzando a desconfiar.
Y eso era exactamente lo que Victoria había esperado.
Fernanda tomó su teléfono discretamente.
Escribió un mensaje.
«Está empezando a sentirse incómoda conmigo.»
La respuesta de Victoria llegó pocos segundos después.
«Perfecto. No hagas nada todavía. Déjala pensar.»
Fernanda guardó el teléfono.
Después miró hacia Marcos.
Él estaba hablando con Tomás.
Fernanda sonrió.
Había descubierto algo que podía utilizar a su favor.
Elena amaba a Marcos.
Pero también tenía miedo de perderlo.
Y ese miedo podía convertirse en una grieta.
Al día siguiente, durante el descanso del mediodía, Fernanda volvió a acompañar a Marcos a la cafetería.
Elena estaba preparando unos cafés.
Cuando los vio entrar juntos, respiró profundamente.
Tomás se acercó a ella.
—Otra vez.
Elena apretó los labios.
—No digas nada.
—Ni siquiera dije nada.
—Pero lo estabas pensando.
Tomás sonrió.
—Me conoces demasiado.
Marcos se acercó al mostrador.
—Hola.
—Hola —respondió Elena.
Marcos la observó.
—¿Estás bien?
—Sí.
—Estás muy seca conmigo.
Elena se quedó sorprendida.
—No estoy seca.
—Sí estás.
Tomás intervino.
—Desde que llegaste con Fernanda.
Elena inmediatamente lo miró.
—¡Tomás!
Marcos soltó una pequeña risa.
—¿Otra vez con eso?
Elena cruzó los brazos.
—Yo no dije nada.
Marcos se acercó.
—Elena, Fernanda trabaja conmigo.
Necesito confiar en ella.
No significa nada más.
Ella bajó la mirada.
—Lo sé.
—Entonces no tengas miedo.
Elena levantó los ojos.
—No tengo miedo.
Marcos sonrió.
—Te conozco.
Ella terminó sonriendo también.
—Te amo.
—Yo también.
Marcos la besó suavemente.
Fernanda observó la escena desde unos metros de distancia.
Editado: 10.09.2026