Hacía varios días que Marcos prácticamente no dormía.
Un contrato millonario estaba a punto de perderse y, para él, no era solamente una cuestión de dinero.
Había trabajado durante meses para conseguirlo.
Cada documento debía estar perfecto.
Cada cifra debía coincidir.
Cada reunión podía decidir el futuro de la empresa.
Aquella mañana llevaba horas encerrado en su despacho.
Tenía los ojos cansados y una taza de café vacía sobre el escritorio.
Fernanda entró con una carpeta.
—Marcos, el abogado acaba de enviar los últimos documentos.
Él se pasó una mano por el rostro.
—Déjalos ahí.
—¿Estás bien?
—No.
Llevo varios días sin dormir.
Fernanda se acercó.
—Deberías descansar.
—No puedo.
Si perdemos este contrato, tendremos que empezar todo desde cero.
Fernanda lo observó.
Sabía perfectamente que Marcos estaba agotado.
Y también sabía que aquella era la oportunidad que estaba esperando.
—¿Quieres que te prepare un café?
Marcos negó con la cabeza.
—No.
Voy a llamar a Elena.
Tomó su teléfono.
El simple hecho de escuchar la voz de Elena siempre conseguía tranquilizarlo.
Marcó su número.
—Hola, amor.
Elena respondió con una voz cansada.
—Hola, Marcos.
—¿Estás ocupada?
—Estoy en la cafetería.
—Necesito pedirte un favor.
—Dime.
—¿Podrías traerme un postre y dos cafés?
Uno para mí y otro para Fernanda.
Elena permaneció en silencio un instante.
Escuchar nuevamente el nombre de Fernanda no le gustó demasiado.
Pero intentó dejar sus inseguridades a un lado.
—Está bien.
Voy para allá.
—Gracias, hermosa.
Te espero.
La llamada terminó.
En la cafetería, Elena se quedó mirando el teléfono.
Tomás estaba acomodando unas tazas.
—¿Qué pasó?
—Marcos quiere que le lleve un postre y dos cafés.
Tomás sonrió.
—¿Y uno es para Fernanda?
Elena lo miró.
—Sí.
Tomás dejó escapar un suspiro.
—Otra vez ella.
—Tomás, no empieces.
—Yo solamente digo...
—Ya sé lo que vas a decir.
Elena preparó los cafés.
Pero aquel día se había levantado diferente.
Tenía una sensación extraña desde la mañana.
No sabía por qué.
Mientras preparaba el postre, miró por la ventana.
Algo dentro de ella le decía que aquel día no sería igual a los demás.
Sin embargo, decidió ignorar aquella sensación.
Terminó de preparar todo y salió rumbo a la empresa.
En el último piso de Ferrer Group, Marcos estaba sentado en su despacho.
Había revisado los mismos documentos tantas veces que las letras comenzaban a mezclarse delante de sus ojos.
Fernanda estaba cerca de él.
—Marcos, deberías descansar aunque sea unos minutos.
—Cuando terminemos esto.
—Estás agotado.
—Lo sé.
Marcos apoyó la cabeza contra el respaldo del sillón.
Cerró los ojos.
Solo quería descansar un momento.
Fernanda lo observó.
Se acercó lentamente.
—Marcos...
Él no respondió.
Se había quedado dormido.
Fernanda miró hacia la puerta.
Después volvió a mirar a Marcos.
Se acercó todavía más.
Su rostro quedó a pocos centímetros del suyo.
Ella sabía exactamente lo que estaba haciendo.
Quería que alguien los viera.
Quería que Elena llegara en ese momento.
Quería provocar una escena.
Fernanda inclinó lentamente el rostro.
Pero antes de que pudiera acercarse más...
El ascensor se detuvo en aquel piso.
Elena salió llevando la bandeja.
Caminó por el pasillo.
La puerta del despacho estaba entreabierta.
—Marcos...
No terminó la frase.
Se quedó paralizada.
Desde donde estaba podía ver a Fernanda inclinándose sobre Marcos.
La imagen parecía decir exactamente lo que Elena más temía.
Su corazón se rompió.
Sintió que la sangre le hervía.
No pensó.
No escuchó.
No quiso esperar una explicación.
Entró furiosa.
—¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?!
Fernanda se apartó inmediatamente.
Marcos continuaba dormido.
Elena dejó la bandeja sobre una mesa.
Y, cegada por la rabia y el dolor, le dio una bofetada a Fernanda.
El sonido resonó en todo el despacho.
Fernanda se llevó una mano al rostro.
—¡Elena!
El movimiento despertó a Marcos.
Abrió los ojos confundido.
Lo primero que vio fue a Elena frente a Fernanda.
—¿Qué está pasando?
Elena respiraba agitada.
—¡Yo la vi!
Marcos se levantó rápidamente.
—¿Qué viste?
Fernanda comenzó a llorar.
—Yo... yo no hice nada.
Elena la señaló.
—¡No mientas!
Marcos miró a una y después a la otra.
Todavía estaba medio dormido.
No había visto lo que había ocurrido antes de despertarse.
Solo había visto a Elena golpeando a Fernanda.
—Elena, ¿qué estás haciendo?
Ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—¡Marcos, ella estaba...!
—¡Trata de controlarte!
Aquellas palabras la lastimaron todavía más.
—¿Controlarme?
—Sí.
—¡Yo no vine aquí para hacer una escena!
Marcos respiró profundamente.
—Entonces explícame qué pasó.
—La vi muy cerca de ti.
Fernanda continuaba llorando.
—Yo solamente estaba comprobando si estaba bien...
Elena la miró furiosa.
—¡Eso no es verdad!
Marcos levantó una mano.
—Basta.
Elena se quedó callada.
Intentó acercarse.
—Marcos, por favor, déjame explicarte.
—Ahora mismo no puedo.
—Pero tienes que escucharme.
—Estoy agotado.
Necesito pensar.
Elena sintió que las lágrimas comenzaban a caer.
—¿No me crees?
Marcos cerró los ojos.
No sabía qué creer.
No había visto lo que Fernanda estaba haciendo.
Editado: 10.09.2026