Elena llegó a la cafetería con los ojos llenos de lágrimas.
Había intentado mantenerse fuerte durante todo el camino, pero en cuanto cruzó la puerta sintió que ya no podía seguir fingiendo que todo estaba bien.
Tomás estaba detrás del mostrador acomodando unas tazas.
Al verla, inmediatamente dejó lo que estaba haciendo.
—Elena...
Ella no respondió.
Caminó hasta una de las mesas y se sentó.
Tomás se acercó preocupado.
—¿Qué pasó?
Elena se cubrió el rostro con las manos.
—No quiero hablar.
—Precisamente por eso sé que necesitas hablar.
Tomás se sentó frente a ella.
—Cuéntame.
Elena respiró profundamente.
—Fui a llevarle el café a Marcos.
—¿Y?
—Lo vi con Fernanda.
Tomás frunció el ceño.
—¿Qué pasó?
Elena levantó la mirada.
—Ella estaba muy cerca de él.
Demasiado cerca.
Marcos estaba dormido y... yo pensé que iba a besarlo.
Tomás abrió los ojos.
—¿Qué?
—Le di una bofetada.
—¡Elena!
—Lo sé.
Sé que estuvo mal.
Pero estaba furiosa.
Yo no pensé.
Solo reaccioné.
Tomás permaneció en silencio.
Elena comenzó a llorar.
—¿Sabes qué fue lo peor?
—¿Qué?
—Marcos ni siquiera me escuchó.
Me dijo que me fuera.
Como si yo fuera una desconocida.
Como si todo lo que vivimos no significara nada.
Tomás apretó los labios.
—Eso no me gusta nada.
Elena se secó las lágrimas.
—Estoy cansada, Tomás.
Desde que Marcos apareció en mi vida todo cambió.
Mi cafetería estuvo a punto de cerrar.
Los periodistas me persiguieron.
Victoria intentó destruirme.
Ahora está Fernanda.
Y yo...
Ya no sé quién soy.
Tomás tomó su mano.
—Tú sigues siendo Elena.
La mujer que abrió esta cafetería con esfuerzo.
La que ayudó a todos.
La que nunca necesitó a nadie para demostrar su valor.
Elena lo miró.
—Desde que Marcos llegó, siento que mi vida es un desastre.
Tomás suspiró.
—Entonces vamos a hacer algo.
—¿Qué?
—Voy a llamar a Marcos.
Elena negó rápidamente.
—No.
—Sí.
—Tomás, no quiero hablar con él.
—No tienes que hacerlo.
Solo quiero saber qué está pasando.
Tomó su teléfono.
Marcó el número de Marcos.
Elena lo miró preocupada.
Después de varios tonos, alguien atendió.
Pero no era Marcos.
—¿Hola?
Tomás frunció el ceño.
Era Fernanda.
—¿Quién habla?
—Soy Tomás.
¿Dónde está Marcos?
Fernanda respondió tranquilamente.
—Está ocupado.
Está revisando unos documentos.
Tomás miró a Elena.
Ella había escuchado todo.
—Pásame con él.
—No puede atender ahora.
En ese momento se escuchó la voz de Marcos al fondo.
—Fernanda, ¿quién es?
Fernanda respondió:
—Es Tomás.
Marcos dijo:
—Dile que ahora no puedo hablar.
Elena sintió que algo dentro de ella volvía a romperse.
Tomás apretó el teléfono.
—Marcos...
Pero Fernanda ya había tomado nuevamente la llamada.
—Te dijo que ahora no puede.
La comunicación terminó.
Tomás dejó lentamente el teléfono sobre la mesa.
—No me gusta esto.
Elena permaneció en silencio.
—Tomás...
—¿Sí?
—Quiero cerrar.
—¿Cerrar la cafetería?
—No.
Quiero irme.
Tomás la miró sorprendido.
—¿Adónde?
—No lo sé.
A cualquier lugar donde pueda respirar sin que todo el mundo me diga qué hacer.
Tomás negó con la cabeza.
—No puedes abandonar tu vida por ellos.
—No quiero abandonar mi cafetería.
Quiero alejarme de Marcos.
Elena miró alrededor.
Las mesas.
Las plantas.
El mostrador.
Las fotografías.
Todo aquello que había construido con tanto esfuerzo.
—Esta cafetería es mi sueño.
No voy a perderla.
Pero no quiero seguir viendo a Marcos.
Tomás asintió.
—Entonces la dejamos en manos de alguien de confianza durante unos días.
Elena lo miró.
—¿Harías eso por mí?
—Claro.
Pero no me voy a quedar sin trabajo, ¿eh?
Ella soltó una pequeña risa entre lágrimas.
—Idiota.
—Ese es mi trabajo.
Tomás tomó una de las llaves de la cafetería.
—Nos vamos unos días.
Elena respiró profundamente.
—Sí.
Necesito alejarme.
Tomás la miró seriamente.
—¿Y si Marcos viene a buscarte?
Elena bajó la mirada.
—No quiero verlo.
Me trató como si yo no valiera nada.
Tomás se acercó y la abrazó.
—Tú vales muchísimo.
No dejes que una mala noche te haga olvidarlo.
Elena cerró los ojos.
Por primera vez desde que había salido del despacho de Marcos, se permitió llorar sin intentar esconderlo.
Mientras tanto, en la oficina...
Marcos seguía revisando los documentos del contrato.
No sabía que Elena acababa de tomar una decisión que podía cambiarlo todo.
Y tampoco sabía que, detrás de la aparente preocupación de Fernanda...
había una mujer que estaba consiguiendo exactamente lo que Victoria había planeado.
Alejarlo de Elena.
Editado: 10.09.2026