La cafetería de Elena

Capítulo 41 – Elena se ha ido

Marcos llevaba toda la mañana intentando concentrarse en el contrato que tenía frente a él.

Había trabajado durante semanas para conseguirlo, pero por más que miraba los documentos, no conseguía dejar de pensar en Elena.

Desde aquella discusión no habían vuelto a hablar.

Marcos había querido darle unas horas para tranquilizarse.

Sin embargo, cuanto más tiempo pasaba, más incómodo se sentía.

Finalmente cerró la carpeta.

—Necesito verla.

Tomó las llaves de su automóvil y salió de la oficina.

La cafetería estaba abierta cuando Marcos llegó.

Estacionó frente al local y entró.

La campanita de la puerta sonó.

Miró hacia el mostrador.

Pero Elena no estaba.

Tampoco estaba Tomás.

Una joven estaba atendiendo a los clientes.

Marcos se acercó rápidamente.

—Hola.

La muchacha levantó la mirada.

—Hola.

—¿Dónde está Elena?

La joven dejó la taza que estaba limpiando.

—¿Tú eres Marcos?

—Sí.

Ella dudó unos segundos.

—Elena se fue.

Marcos sintió un vacío en el pecho.

—¿Se fue?

—Sí.

Me pidió que me quedara atendiendo unos días.

—¿Adónde fue?

—No me dijo exactamente.

Solo me contó que necesitaba tomarse unos días para descansar.

Marcos bajó la mirada.

—¿Y Tomás?

—Se fue con ella.

Marcos respiró profundamente.

Sacó su teléfono y llamó a Elena.

El teléfono sonó.

Una vez.

Dos.

Tres.

Pero nadie respondió.

Volvió a llamar.

Nada.

Miró la pantalla preocupado.

—Por favor, Elena...

La joven detrás del mostrador lo observó.

—Ella estaba muy triste.

Marcos levantó la mirada.

—¿Dijo algo?

—Solo que necesitaba alejarse un poco.

Marcos permaneció en silencio.

Después asintió.

—Gracias.

Salió de la cafetería.

Antes de subir al automóvil, volvió a mirar hacia el interior.

Aquel lugar que había ayudado a recuperar para Elena estaba lleno de personas.

Pero sin ella parecía diferente.

Marcos entró nuevamente.

Se acercó a una de las mesas y se sentó.

Miró alrededor.

Recordó la primera vez que había probado uno de sus cafés.

Recordó sus sonrisas.

Sus discusiones.

Los momentos en que Elena se ponía nerviosa cuando él la miraba demasiado.

Y también recordó sus últimas palabras.

"Me trataste como si yo no valiera nada."

Marcos cerró los ojos.

—No quise hacerte sentir así...

Horas después regresó a la empresa.

Cuando entró en su despacho, Fernanda se acercó inmediatamente.

—Marcos...

Él dejó las llaves sobre el escritorio.

—¿Qué pasa?

Fernanda bajó la mirada.

—Nada.

—Fernanda.

Ella respiró profundamente.

—Me siento terrible por lo que pasó.

Marcos la observó.

—¿Por qué?

—Porque Elena me odia.

—Elena no te odia.

—Pero me golpeó.

Marcos permaneció serio.

—Lo que hizo estuvo mal.

Fernanda bajó la mirada.

—Yo solo quería ayudarte aquella mañana.

No quería que ella pensara que estaba pasando algo entre nosotros.

Marcos suspiró.

—Elena no es así.

Fernanda levantó la mirada.

—¿Cómo?

—Ella no es una persona violenta.

Estaba herida.

Estaba confundida.

Y yo tampoco ayudé demasiado.

Fernanda fingió secarse una lágrima.

—Quizás sería mejor que renunciara.

Marcos negó con la cabeza.

—No.

No voy a permitir que abandones tu trabajo por esto.

Fernanda sonrió ligeramente.

—Gracias.

Marcos se dirigió al sofá y se dejó caer.

Estaba agotado.

Miró su teléfono nuevamente.

Ninguna llamada.

Ningún mensaje.

Nada.

Marcó otra vez.

El teléfono de Elena sonó en algún lugar desconocido.

Pero ella tampoco respondió.

Marcos dejó escapar un suspiro.

—¿Dónde estás, Elena?

Fernanda lo observó desde el otro lado del despacho.

Por dentro estaba satisfecha.

El plan estaba funcionando.

Pero tuvo que esconder rápidamente aquella expresión cuando Marcos levantó la mirada.

—¿Necesitas algo?

—No.

Solo quería saber si estabas bien.

—Estoy bien.

Fernanda salió del despacho.

Marcos volvió a quedarse solo.

Entonces su teléfono comenzó a sonar.

Esta vez era una llamada de la empresa encargada del contrato.

—Señor Ferrer, necesitamos que venga inmediatamente.

—¿Qué ocurre?

—El contrato está listo.

Solo falta su firma.

Marcos se incorporó.

Había luchado durante meses por aquella oportunidad.

Era uno de los contratos más importantes de toda su carrera.

Miró nuevamente su teléfono.

Elena seguía sin responder.

Una parte de él quería salir a buscarla.

Pero también sabía que debía terminar aquello que había comenzado.

Tomó su saco.

—Voy para allá.

Antes de salir, miró una fotografía de Elena que tenía sobre el escritorio.

—Espero que estés bien.

Guardó el teléfono en el bolsillo.

Y salió.

Sin saber que mientras él iba a firmar el contrato que podía cambiar el futuro de su empresa...

Elena estaba lejos de allí intentando decidir si todavía quería formar parte de su vida.




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