La cafetería de Elena

Capítulo 43 –LA Verdad estaba en las cámaras

La puerta de la sala de reuniones se cerró detrás de Marcos.

Había llegado el momento que llevaba meses esperando.

El contrato estaba sobre la mesa.

Frente a él estaban los representantes de una de las empresas más importantes con las que había intentado cerrar un acuerdo durante mucho tiempo.

Marcos respiró profundamente y tomó el bolígrafo.

—¿Estamos todos de acuerdo? —preguntó uno de los empresarios.

Marcos miró los documentos.

—Sí.

Firmó.

Después de tantos meses de trabajo, finalmente el contrato estaba cerrado.

Los hombres se levantaron y estrecharon sus manos.

—Felicitaciones, señor Ferrer.

—Gracias.

Marcos sonrió, pero su sonrisa no duró demasiado.

Porque mientras todos celebraban el éxito del negocio, él solamente podía pensar en Elena.

Sacó su teléfono.

La pantalla seguía mostrando lo mismo.

Ninguna llamada de Elena.

Intentó llamarla nuevamente.

El teléfono estaba apagado.

Marcos apretó la mandíbula.

—¿Dónde estás, Elena?

Los días comenzaron a pasar.

Uno.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Y Marcos seguía sin saber nada de ella.

El contrato había sido un éxito. La empresa estaba celebrando el nuevo acuerdo y todos estaban felices.

Todos menos él.

Cada vez que terminaba su jornada laboral, miraba su teléfono esperando encontrar un mensaje.

Nada.

Ni una llamada.

Ni un simple:

"Estoy bien."

Nada.

Fernanda, mientras tanto, comenzó a acercarse cada vez más.

Al principio eran conversaciones sobre trabajo.

Después comenzaron a ser comentarios personales.

—Señor Ferrer, debería descansar un poco.

—Estoy bien.

—Siempre dice lo mismo.

Marcos levantó la mirada de los documentos.

—Fernanda, necesito terminar esto.

—Solo intento ayudarlo.

—Lo sé.

Ella sonrió.

—¿Quiere que le prepare un café?

—No, gracias.

Fernanda se quedó unos segundos frente a su escritorio.

—¿Seguro?

—Sí.

—Está bien.

Se dio la vuelta y salió.

Marcos la observó marcharse.

Algo no le gustaba.

No sabía exactamente qué era, pero sentía que Fernanda estaba adquiriendo demasiada confianza.

Y eso comenzaba a incomodarlo.

Esa tarde, Marcos estaba revisando unos documentos cuando escuchó unos golpes suaves en la puerta.

—Adelante.

Una de las secretarias entró.

Era una mujer que llevaba varios años trabajando en la empresa.

Cerró la puerta detrás de ella.

—Señor Ferrer... tengo que decirle algo.

Marcos levantó la mirada.

—¿Qué pasa?

La mujer parecía nerviosa.

—Antes de que venga la señorita Fernanda.

Marcos dejó el bolígrafo sobre el escritorio.

—¿Qué tiene que ver Fernanda?

La secretaria tragó saliva.

—Tiene que ver con lo que ocurrió el día que vino la señora Elena.

Marcos se quedó serio.

—¿Qué viste?

—Ese día yo estaba trabajando en el pasillo.

—¿Y?

—Cuando la señora Elena llegó con el café y el postre, pasó frente a mi escritorio.

Marcos escuchaba atentamente.

—Ella miró hacia su oficina.

La secretaria hizo una pausa.

—Y se quedó paralizada.

Marcos frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Porque vio algo.

El corazón de Marcos comenzó a latir más rápido.

—¿Qué vio?

La secretaria bajó la voz.

—A Fernanda muy cerca de usted.

Marcos se quedó inmóvil.

—¿Qué quieres decir?

—La señorita Fernanda estaba inclinada sobre usted.

—Yo estaba dormido.

—Sí.

—¿Y Elena?

—Lo vio todo desde la puerta.

Marcos se levantó lentamente de su silla.

—¿Estás segura?

—Sí.

La secretaria respiró profundamente.

—Yo también quedé paralizada cuando vi la escena desde el pasillo.

Marcos sintió un nudo en el estómago.

—¿Qué estaba haciendo Fernanda?

La mujer lo miró directamente.

—Intentaba besarlo.

Marcos abrió los ojos.

Por unos segundos no pudo decir nada.

—¿Qué?

—Eso fue lo que vi.

—¿Y por qué nadie me dijo esto antes?

—Porque tenía miedo de meterme en problemas.

Marcos caminó lentamente hacia la ventana.

Recordó aquel día.

Recordó a Elena entrando furiosa.

Recordó la bofetada.

Recordó a Fernanda llorando.

Y recordó haberle pedido a Elena que se marchara.

Marcos cerró los ojos.

—Dios...

La secretaria continuó:

—Hay otra cosa.

Marcos se giró.

—¿Qué?

—A veces viene la señora Victoria.

El rostro de Marcos cambió inmediatamente.

—¿Mi madre?

—Sí.

—¿A esta oficina?

—Sí.

—¿Cuándo?

—No siempre sé cuándo viene. Pero la he visto entrar cuando usted no está.

Marcos se quedó completamente serio.

Entonces recordó algo.

Las cámaras.

Miró hacia una esquina de la oficina.

—Las cámaras...

La secretaria lo miró confundida.

—¿Qué pasa con ellas?

—Hay cámaras aquí.

Marcos tomó rápidamente el control del sistema de seguridad.

Encendió el monitor.

La secretaria permaneció en silencio.

Marcos buscó la fecha.

La hora.

El momento exacto.

Y entonces apareció la grabación.

Marcos observó la pantalla.

Allí estaba él, dormido sobre el sofá.

Y Fernanda entraba.

Se acercaba lentamente.

Miraba hacia la puerta.

Después miraba nuevamente a Marcos.

Se inclinaba sobre él.

Marcos sintió que la sangre se le helaba.

—No...

La grabación continuó.

Fernanda acercó su rostro al de él.

Estaba a punto de besarlo.

Marcos se llevó una mano a la frente.

Ahora entendía todo.

Elena no había reaccionado sin motivo.

Ella había visto algo que él no vio.

Había pensado que Fernanda estaba intentando besarla y, aun así, él había culpado a Elena.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.