La cafetería de Elena

Capítulo 45 –Voy a buscarte

Marcos llevaba varios minutos frente a su computadora, revisando la información que finalmente había conseguido.

Había descubierto dónde estaba Elena.

Una pequeña casa de campo, lejos de la ciudad.

La casa pertenecía a Tomás.

Marcos se quedó mirando la dirección en la pantalla.

—Así que estás allí...

Por primera vez en varios días sintió algo de tranquilidad.

Al menos sabía que Elena estaba bien.

Tomó su teléfono, las llaves del auto y se levantó de su escritorio.

En ese momento, Fernanda apareció en la puerta.

—Marcos, ¿vas a salir?

Él la miró.

—Sí.

Fernanda observó las llaves que tenía en la mano.

—¿A dónde vas?

Marcos guardó el teléfono en el bolsillo.

—Tengo que arreglar algo.

Fernanda sonrió con tranquilidad.

—¿Algo del trabajo?

Marcos sostuvo su mirada durante unos segundos.

—Algo personal.

Fernanda no insistió.

—Está bien.

Marcos salió de la oficina.

Fernanda se quedó observándolo hasta que la puerta del ascensor se cerró.

Su expresión cambió.

—¿Qué estará tramando?

Marcos subió a su automóvil y arrancó.

Durante todo el camino no dejó de pensar en Elena.

Recordó la última vez que la había visto.

Su rostro lleno de dolor.

Sus ojos llenos de lágrimas.

Y aquella puerta cerrándose después de que ella se marchara.

Marcos apretó el volante.

—Debí escucharte.

No sabía cómo iba a reaccionar Elena cuando lo viera.

Quizás no quisiera hablar con él.

Quizás lo echaría.

Pero necesitaba verla.

Necesitaba explicarle todo.

Y, sobre todo, necesitaba pedirle perdón.

Después de varias horas de viaje, finalmente dejó atrás la carretera principal.

El paisaje comenzó a cambiar.

Árboles.

Montañas a lo lejos.

Campos verdes.

El ruido de la ciudad había desaparecido por completo.

Marcos bajó la velocidad.

Cuando finalmente vio la pequeña casa de campo, quedó sorprendido.

—Vaya...

Era mucho más hermosa de lo que había imaginado.

La casa estaba rodeada de árboles y flores. Tenía un pequeño porche de madera y un jardín enorme.

El lugar transmitía una tranquilidad que Marcos no había sentido en mucho tiempo.

Estacionó el auto frente a la casa.

Bajó lentamente.

Miró alrededor.

—Ahora entiendo por qué viniste aquí.

Respiró profundamente.

Entonces escuchó una puerta abrirse.

Tomás salió de la casa.

Al principio caminaba distraído.

Pero cuando levantó la mirada y vio quién estaba frente a él...

Se quedó completamente congelado.

—No...

Marcos lo miró.

Tomás abrió los ojos como platos.

—¿Marcos?

—Hola, Tomás.

Tomás miró el automóvil.

Después volvió a mirar a Marcos.

—¿Qué haces aquí?

Marcos dio un paso hacia él.

—Vine a hablar con Elena.

Tomás se quedó sin palabras.

—¿Cómo supiste dónde está?

Marcos no respondió inmediatamente.

—Eso no importa.

Tomás cruzó los brazos.

—Para mí sí importa.

Marcos suspiró.

—Solo quiero asegurarme de que esté bien.

Tomás lo observó con desconfianza.

—Está bien.

—¿Está aquí?

Tomás dudó.

Antes de responder, se escuchó una voz desde el interior de la casa.

—¿Tomás? ¿Quién llegó?

Marcos levantó la mirada hacia la puerta.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

Tomás miró hacia atrás.

Elena apareció en la entrada.

Llevaba el cabello ligeramente despeinado y una ropa sencilla.

Cuando levantó la mirada y vio a Marcos...

Se quedó completamente paralizada.

Sus ojos se encontraron.

Ninguno dijo una palabra.

Marcos sintió que todo lo que había preparado para decir desaparecía de su cabeza.

Elena tampoco podía reaccionar.

Tomás miró a uno y al otro.

—Bueno...

Nadie respondió.

Tomás tragó saliva.

—Creo que voy a entrar.

Marcos no apartaba la mirada de Elena.

Ella finalmente consiguió hablar.

—¿Qué haces aquí?

Marcos dio un paso hacia ella.

—Vine por ti.

Elena sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

—Marcos...

Él la miró con tristeza.

—Tenemos que hablar.

Elena bajó la mirada.

Tomás observaba la escena en silencio.

Sabía que aquel encuentro podía cambiarlo todo.

Porque Elena había conseguido olvidarse de Marcos durante unas horas...

Pero ahora él estaba allí.

Frente a ella.

Y esta vez, Marcos no pensaba marcharse sin decirle toda la verdad.




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