La cafetería de Elena

Capítulo 46 –Una segunda oportunidad

Elena permanecía frente a la casa, sin saber qué decir.

Marcos estaba frente a ella.

Después de tantos días separados, finalmente estaban cara a cara.

Tomás, al darse cuenta de que necesitaban hablar a solas, se alejó unos pasos, aunque no demasiado.

Marcos respiró profundamente.

—Elena, necesito pedirte perdón.

Ella lo miró en silencio.

—Sé que lo que hice estuvo mal. Ese día no te escuché. Te vi entrar furiosa y solamente pensé en lo que estaba pasando en ese momento. No imaginé lo que realmente habías visto.

Elena bajó la mirada.

—Ya está hecho, Marcos.

Él dio un pequeño paso hacia ella.

—Lo sé.

Su voz se quebró ligeramente.

—Y perdóname.

Elena levantó los ojos.

—Tú no me creíste.

Marcos cerró los ojos por un instante.

—Lo sé.

—Eso fue lo que más me dolió.

—Lo sé, Elena. Y no hay una excusa para eso.

Marcos sacó su teléfono.

—Una de mis secretarias me contó todo.

Elena frunció el ceño.

—¿Todo?

—Sí. Me contó lo que vio aquel día.

Marcos hizo una pausa.

—Y revisé las cámaras de mi oficina.

Elena se quedó quieta.

—¿Las cámaras?

—Vi lo que realmente ocurrió. Fernanda estaba intentando besarme mientras yo estaba dormido.

Elena no dijo nada.

—Y también descubrí que mi madre está metida en todo esto.

Elena respiró profundamente.

—Marcos...

—Por favor —la interrumpió suavemente—. No quiero hablar de mi madre ahora. Primero quiero hablar de nosotros.

Se acercó un poco más.

—Te amo, Elena. Y estos días sin saber nada de ti me hicieron entender que no quiero perderte.

Los ojos de Elena comenzaron a llenarse de lágrimas.

—Me hiciste mucho daño.

—Lo sé.

—Y no sé si puedo olvidar todo tan rápido.

—No tienes que olvidarlo.

Marcos extendió su mano.

—Solo dame la oportunidad de demostrarte que puedo hacerlo mejor.

Elena miró su mano.

Durante unos segundos dudó.

Finalmente, la tomó.

Marcos sonrió.

—Entonces... ¿me perdonas?

Elena respiró profundamente.

—Sí.

Marcos soltó el aire que parecía haber estado conteniendo durante días.

Pero Elena levantó un dedo.

—Aunque tengo una condición.

Marcos arqueó una ceja.

—La que quieras.

—Si quieres que te perdone completamente...

Hizo una pequeña pausa.

—Quiero que te tomes unas vacaciones conmigo.

Marcos la miró sorprendido.

—¿Vacaciones?

—Sí.

—¿Conmigo?

Elena sonrió.

—No. Con el vecino.

Marcos soltó una carcajada.

—Está bien. Contigo.

—Sin trabajo.

—De acuerdo.

—Sin teléfono de la empresa.

—De acuerdo.

—Sin reuniones.

—También.

—Y sin hablar de problemas.

Marcos sonrió.

—Prometido.

—¿Lo prometes?

—Te lo prometo.

Elena finalmente sonrió.

Marcos se acercó y la abrazó.

Ella apoyó la cabeza sobre su pecho.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

Solo se abrazaron.

Tomás, que había estado escuchando desde cierta distancia, sonrió.

—Bueno...

Elena y Marcos se separaron y lo miraron.

Tomás levantó las manos.

—Creo que ya puedo volver a la cafetería.

Elena soltó una carcajada.

—¿Nos estabas escuchando?

—¿Yo? ¡Jamás!

Marcos lo miró divertido.

—Tomás...

—Está bien, está bien. Escuché un poquito.

Tomás caminó hacia la casa.

—Me vuelvo a la cafetería. Ustedes dos disfruten de sus vacaciones.

Elena lo miró.

—Gracias por todo, Tomás.

Él se giró.

—Solo quiero decirte una cosa.

—¿Qué?

Tomás puso una expresión dramática.

—Cuando te vayas, vas a extrañar mis comidas.

Elena lo miró de arriba abajo.

—Voy a extrañar tu desastre.

Tomás abrió la boca, indignado.

—¡Eso es una ofensa!

Marcos comenzó a reír.

—Yo creo que tiene razón.

—¡Tú no te metas!

Elena tomó la mano de Marcos.

—Vamos.

Tomás los observó mientras se alejaban.

—¡Y recuerden que si se pelean, no pienso devolverles las maletas!

Elena se giró riendo.

—¡Adiós, Tomás!

—¡Adiós, ingratos!

Cuando Tomás finalmente subió al auto para regresar a la cafetería, Elena miró a Marcos.

—¿Entonces?

—¿Entonces qué?

—¿A dónde vamos de vacaciones?

Marcos sonrió.

—Eso es una sorpresa.

Elena lo miró con curiosidad.

—Espero que sea un lugar hermoso.

Marcos entrelazó sus dedos con los de ella.

—Después de todo lo que hemos vivido, quiero llevarte a un lugar donde solamente existamos tú y yo.

Elena apoyó la cabeza sobre su hombro.

Y por primera vez en muchos días, sintió que quizás su historia con Marcos todavía tenía una nueva oportunidad.




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