La tarde comenzaba a caer sobre la casa de campo.
Elena estaba sentada en el porche disfrutando del paisaje cuando escuchó ruidos extraños provenientes de la cocina.
Primero fue un golpe.
Después otro.
Y finalmente...
—¡Ay!
Elena se levantó rápidamente.
—¿Marcos?
—¡Estoy bien!
Elena entró a la casa y lo encontró en la cocina, frente a la encimera.
Marcos llevaba una camisa sencilla con las mangas arremangadas y tenía harina en una de sus mejillas.
Elena comenzó a reír.
—¿Qué estás haciendo?
Marcos la miró muy serio.
—Estoy cocinando.
—¿Tú?
—Sí, yo.
Elena miró alrededor.
—¿Y por qué parece que pasó un tornado por la cocina?
—Porque cocinar requiere concentración.
—¿Concentración?
Ella señaló la harina que tenía en la cara.
—Tienes harina hasta en la nariz.
Marcos se tocó la cara.
—¿Aquí?
—Más arriba.
Marcos volvió a tocarse.
—¿Ahora?
Elena negó con la cabeza, riéndose.
—Déjame.
Se acercó y le quitó la harina de la mejilla.
—Listo.
Marcos sonrió.
—Gracias.
—Aunque todavía tienes un poco aquí.
Elena señaló su nariz.
Marcos intentó limpiarse.
—¿Ahora?
—No.
—¿Ahora?
—Tampoco.
—Elena...
Ella soltó una carcajada.
—Está bien, ven.
Finalmente le limpió la nariz.
—Ahora sí.
Marcos la miró.
—Te estás divirtiendo mucho.
—Un poquito.
—Entonces espero que también te guste la comida.
Elena miró la olla.
—¿Qué preparaste?
—Tallarines con albóndigas.
—¿Tú hiciste las albóndigas?
—Sí.
Elena levantó una ceja.
—¿Seguro que no las compraste?
—¡Elena!
Ella volvió a reír.
—Es una pregunta válida.
—Todo lo hice yo.
—Bueno, veremos si sobrevivo.
—Muy graciosa.
Mientras Marcos terminaba de preparar la comida, Elena comenzó a poner la mesa.
Colocó los platos, los cubiertos y unas copas.
Después puso una pequeña vela en el centro.
Marcos la observó.
—Está bonita.
—Quería que fuera una cena especial.
—¿Por qué?
Elena se acercó y lo miró.
—Porque estamos de vacaciones.
Marcos sonrió.
—Entonces nada de hablar de trabajo.
—Exactamente.
—Ni de Fernanda.
Elena se quedó unos segundos en silencio.
—Ni de Fernanda.
Marcos se acercó y tomó su mano.
—Esta noche quiero olvidarme de todo.
Elena entrelazó sus dedos con los de él.
—Yo también.
Finalmente se sentaron a cenar.
Elena tomó un poco de tallarines y probó la primera albóndiga.
Marcos la observaba atentamente.
—¿Y?
Elena mantuvo una expresión seria.
—Bueno...
Marcos esperó.
—Creo que...
—¿Qué?
Elena sonrió.
—¡Están deliciosas!
Marcos soltó el aire.
—Me asustaste.
—Quería hacerte sufrir un poquito.
—Después de todo lo que hemos vivido, ¿todavía quieres hacerme sufrir?
—Solo un poquito.
Marcos sonrió.
—Entonces tendré que acostumbrarme.
Continuaron comiendo entre risas y conversaciones sencillas.
Por unas horas no existieron problemas.
No existió Victoria.
No existió Fernanda.
No existieron los rumores.
Solo estaban ellos dos.
Esa noche, después de recoger la mesa, Elena y Marcos se acomodaron en el sofá.
Marcos tomó el control remoto.
—¿Qué película quieres ver?
—Una romántica.
—Sabía que dirías eso.
—¿Y tú qué quieres?
—Una de acción.
Elena lo miró.
—No.
—¿Por qué?
—Porque después no vas a dejar de comentar cada escena.
—Eso no es verdad.
—La última vez hablaste durante toda la película.
Marcos sonrió.
—Está bien. Tú ganas.
Eligieron una película romántica y se acomodaron bajo una manta.
Elena apoyó la cabeza sobre el hombro de Marcos.
Él pasó un brazo alrededor de ella.
Durante un rato permanecieron así, tranquilos.
Hasta que...
Sonó el teléfono de Marcos.
Marcos miró la pantalla.
Su expresión cambió.
Elena también alcanzó a ver el nombre.
Fernanda.
Durante unos segundos ninguno dijo nada.
Marcos tomó el teléfono.
Elena lo miró.
—¿Vas a contestar?
Marcos observó la pantalla.
Después miró a Elena.
Sin decir una palabra, apagó el teléfono y lo dejó sobre la mesa.
Elena lo miró sorprendida.
—¿No vas a saber qué quería?
Marcos negó con la cabeza.
—Esta noche no.
—¿Seguro?
Marcos tomó su mano.
—Te prometí unas vacaciones. Y esta noche quiero estar contigo.
Elena sonrió.
—Gracias.
Marcos acercó su rostro al de ella y le dio un suave beso en la frente.
—Nada va a arruinar esta noche.
Elena volvió a apoyar la cabeza sobre su hombro.
La película continuó.
Pero ninguno de los dos sabía que, al otro lado de aquella llamada que Marcos había decidido ignorar, Fernanda tenía algo importante que decirle.
Y quizás aquella llamada no había sido casualidad.
Editado: 10.09.2026