La cafetería de Elena

Capítulo 4 8— Ellos no sabían que Marcos lo sabia

La mañana siguiente llegó tranquila a la casa de campo.

Los primeros rayos del sol entraban por las ventanas cuando Elena despertó.

Por unos segundos no recordó dónde estaba.

Después giró la cabeza y vio a Marcos dormido en el sofá, todavía con la manta de la noche anterior.

Elena sonrió.

Había sido una noche tranquila.

Una noche en la que, por unas horas, habían conseguido olvidarse de todos sus problemas.

Se levantó despacio y salió al porche.

Mientras tanto, Marcos abrió los ojos.

Miró alrededor y encontró a Elena afuera.

Sonrió.

—Buenos días.

Elena se giró.

—Buenos días.

—¿Dormiste bien?

—Sí.

Marcos se acercó y le dio un beso en la frente.

—Yo también.

Pero aquella tranquilidad no iba a durar todo el día.

Marcos tomó su teléfono y se alejó unos metros.

Había una llamada que necesitaba hacer.

Llamó a su abogado.

—Necesito hablar contigo cuanto antes.

—Claro, Marcos. ¿Qué sucede?

—Tengo pruebas.

El abogado se quedó en silencio.

—¿Pruebas de qué?

Marcos miró hacia la casa para asegurarse de que Elena no escuchara.

—De todo lo que han estado haciendo mi madre y Fernanda.

—¿Estás seguro?

—Completamente.

Marcos respiró profundamente.

—Una de mis secretarias me entregó un pendrive. Ahí están las evidencias.

—¿Qué contiene?

—Grabaciones, imágenes y documentos. Todo lo que necesitamos para demostrar lo que están haciendo.

El abogado se puso serio.

—Entonces tenemos que revisar todo antes de tomar cualquier medida.

—Quiero que lo hagas hoy.

—De acuerdo.

Marcos hizo una pausa.

—Y quiero que prepares todo lo necesario para proteger a Elena.

—¿Qué quieres decir?

—Si mi madre continúa acosándola o intentando interferir en nuestra relación, quiero que tomemos medidas legales.

—Entendido.

—Y también quiero que quede claro que no voy a permitir que Fernanda siga acercándose a mí con otras intenciones.

—Voy a preparar los documentos.

Marcos miró hacia Elena.

Ella estaba disfrutando de la mañana sin imaginar lo que estaba sucediendo.

—En dos días regreso con Elena.

—Entonces tendremos todo listo antes de que regreses.

—Eso quiero.

—Marcos, una cosa más.

—¿Qué?

—¿Estás seguro de que quieres enfrentarte a tu propia madre?

Marcos guardó silencio durante unos segundos.

—Sí.

Su voz fue firme.

—La quiero porque es mi madre, pero eso no significa que voy a permitir que destruya mi vida ni lastime a la mujer que amo.

—Entiendo.

—Hazlo todo correctamente.

—Lo haré.

Marcos terminó la llamada.

Guardó el teléfono en el bolsillo.

No quería que Elena supiera todavía.

No quería preocuparla durante sus vacaciones.

Pero esta vez no iba a quedarse esperando a que Victoria hiciera otro movimiento.

Horas después, el abogado recibió el pendrive.

Se encerró en su despacho y comenzó a revisar las pruebas.

Las imágenes mostraban a Fernanda acercándose a Marcos cuando él estaba dormido.

También aparecían encuentros entre Fernanda y Victoria.

Había mensajes.

Conversaciones.

Documentos.

Y diferentes elementos que demostraban que ambas habían estado actuando para crear problemas entre Marcos y Elena.

El abogado negó con la cabeza.

—Esto es más serio de lo que pensaba.

Comenzó a preparar los documentos.

Finalmente, después de varias horas de trabajo, tuvo todo listo.

Tomó su teléfono.

Primero llamó a Victoria.

—Señora Victoria Ferrer, necesito que se presente en mi despacho.

—¿Por qué?

—Es un asunto legal.

—¿Legal?

—Sí. Le enviaré la información correspondiente.

Victoria quedó desconcertada.

—¿Quién lo solicitó?

El abogado hizo una pausa.

—El señor Marcos Ferrer.

Victoria se quedó completamente sorprendida.

—¿Marcos?

—Sí.

—¿Qué quiere?

—Eso se hablará en la reunión.

Victoria colgó con una sensación extraña.

No entendía qué estaba pasando.

Poco después, el abogado se comunicó con Fernanda.

—Señorita Fernanda, necesito que se presente en mi despacho.

—¿Para qué?

—Es una reunión relacionada con asuntos legales.

Fernanda frunció el ceño.

—¿Legales?

—Sí.

—¿Tiene que ver con la empresa?

—Eso se explicará cuando llegue.

Fernanda aceptó.

Cuando terminó la llamada, se quedó pensando.

—¿Qué estará pasando?

Todavía no sospechaba nada.

No sabía que Marcos había visto las cámaras.

No sabía que una secretaria le había contado la verdad.

Y mucho menos sabía que el pendrive ya estaba en manos del abogado.

En la casa de campo, Elena estaba preparando el desayuno cuando Marcos entró.

—¿Con quién hablabas? —preguntó ella.

Marcos sonrió.

—Con mi abogado.

Elena dejó una taza sobre la mesa.

—¿Problemas?

—Nada que no pueda solucionar.

Ella lo observó.

—¿Seguro?

Marcos se acercó y tomó sus manos.

—Seguro.

Elena sonrió.

—Entonces ven a desayunar.

—Con mucho gusto.

Marcos se sentó frente a ella.

Por dentro sabía que una nueva etapa estaba comenzando.

Ya no quería esconderse.

Ya no quería permitir que otros decidieran sobre su relación.

Y, sobre todo, quería que Elena pudiera volver a vivir tranquila.

Mientras tanto, Victoria recibió la notificación de la reunión.

Miró el documento varias veces.

—¿Qué estará tramando Marcos?

Fernanda también recibió la citación.

Y cuando ambas coincidieron en la misma reunión, todavía no imaginaban lo que las esperaba.

Ellas creían que Marcos seguía sin saber la verdad.

Creían que todo había quedado atrás.

Creían que Fernanda todavía tenía una oportunidad de acercarse a él.




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