Victoria llegó al despacho del abogado muy molesta.
No entendía por qué Marcos había solicitado aquella reunión.
Entró con paso firme y dejó su bolso sobre una silla.
—Quiero saber qué está pasando.
El abogado levantó la mirada.
—Siéntese, señora Ferrer. En unos minutos llegará la señorita Fernanda.
Victoria frunció el ceño.
—¿Fernanda también?
—Sí.
Victoria se quedó pensativa.
Aquello no podía ser una coincidencia.
Pocos minutos después, la puerta se abrió.
Fernanda entró.
—Buenas tardes.
Victoria la miró.
—¿Tú también recibiste una citación?
—Sí. No sé qué sucede.
El abogado cerró la puerta.
—Ahora que estamos todos, podemos comenzar.
Las dos mujeres se sentaron frente al escritorio.
—Esta reunión fue solicitada por el señor Marcos Ferrer.
Victoria inmediatamente levantó la mirada.
—¿Dónde está Marcos?
—No está aquí.
—¿Entonces por qué nos citó?
El abogado colocó una carpeta sobre el escritorio.
—Porque decidió tomar medidas después de conocer ciertos hechos.
Fernanda comenzó a ponerse nerviosa.
—¿Qué hechos?
El abogado abrió la carpeta.
—Los hechos relacionados con la señora Elena.
Victoria intentó mantener la calma.
—No sé de qué está hablando.
El abogado la observó.
—Entonces será mejor que revisemos las pruebas.
Sacó un pendrive.
Fernanda palideció.
—¿Qué es eso?
—Una copia de las evidencias que fueron entregadas por una de las secretarias de la empresa.
Victoria miró a Fernanda.
Por primera vez, ambas comprendieron que algo había salido mal.
El abogado conectó el pendrive a la computadora.
La primera grabación apareció en la pantalla.
Se veía a Fernanda entrando en la oficina mientras Marcos dormía.
Fernanda se acercaba lentamente.
Victoria quedó completamente inmóvil.
El abogado detuvo la grabación.
—Esta es una de las pruebas.
Fernanda rápidamente habló.
—Eso no demuestra nada.
—¿No?
El abogado reprodujo otra parte.
Fernanda estaba a punto de acercarse a Marcos.
Victoria apretó los labios.
—Esto puede tener una explicación.
El abogado la miró.
—Claro que la tiene.
Abrió otro archivo.
Aparecieron imágenes de Victoria entrando a la oficina.
Fernanda la miró sorprendida.
—Señora Victoria...
—¡Cállate!
El abogado continuó.
—También tenemos registros de sus encuentros.
Victoria se puso de pie.
—¡Esto es ridículo!
—Siéntese, señora Ferrer.
—¡Marcos es mi hijo!
—Precisamente por eso debería haber pensado mejor antes de intervenir en su vida personal.
Victoria volvió a sentarse.
Fernanda comenzó a ponerse cada vez más nerviosa.
—Yo no hice nada malo.
El abogado la miró.
—¿Está segura?
—Sí.
—Entonces no tendrá problema con que revisemos todo.
Abrió otra carpeta.
Había mensajes.
Fechas.
Registros.
Conversaciones.
Y documentos.
Fernanda miró la pantalla.
Su rostro perdió completamente el color.
—¿De dónde sacaron todo eso?
El abogado respondió con tranquilidad:
—Del sistema de seguridad y de información entregada a mi cliente.
Victoria miró al abogado.
—¿Qué quiere Marcos?
—Quiere que ambas dejen de interferir en su relación con Elena.
Victoria golpeó la mesa.
—¡Esa mujer está destruyendo a mi hijo!
El abogado no se inmutó.
—Según las pruebas que tenemos, quien ha estado provocando conflictos es usted.
Victoria guardó silencio.
Entonces el abogado sacó otro documento.
—Además, el señor Ferrer ha decidido que, si continúan las acciones de acoso o difamación contra Elena, se iniciarán las medidas legales correspondientes.
Fernanda tragó saliva.
—¿Marcos sabe todo esto?
El abogado la miró directamente.
—Sí.
Fernanda quedó paralizada.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace varios días.
Victoria abrió los ojos.
—¿Y no nos dijo nada?
—No.
El abogado cerró la carpeta.
—El señor Ferrer prefirió reunir todas las pruebas antes de enfrentarlas.
Victoria se dejó caer nuevamente en la silla.
Ahora comprendía por qué Marcos había estado tan distante.
Por qué no había reaccionado.
Por qué había ignorado algunas preguntas.
Había estado observándolas.
Esperando.
Y reuniendo pruebas.
Fernanda miró a Victoria.
—¿Qué vamos a hacer?
Victoria no respondió.
El abogado tomó los documentos y los guardó.
—Por el momento, ambas quedan notificadas.
—¿Y Marcos? —preguntó Fernanda.
—Está de vacaciones.
Victoria frunció el ceño.
—¿Con Elena?
—Sí.
El rostro de Victoria cambió completamente.
—Entonces volvió con ella...
El abogado la miró.
—No solamente volvió con ella. El señor Ferrer está decidido a proteger su relación.
Victoria se quedó en silencio.
Mientras tanto, muy lejos de aquel despacho, Marcos estaba junto a Elena.
Ella todavía no sabía todos los detalles de lo que estaba ocurriendo.
Pero Marcos sí.
Y mientras abrazaba a la mujer que amaba, sabía que al regresar a la ciudad tendría que enfrentar a su madre.
Esta vez, sin secretos.
Esta vez, con todas las pruebas en sus manos.
Y Victoria acababa de descubrir que había perdido el control de la situación.
Editado: 10.09.2026