La tarde comenzaba a despedirse lentamente.
El cielo estaba pintado de tonos anaranjados y rosados cuando Marcos salió de la casa de campo y miró hacia el camino que llevaba al río.
Había preparado todo en secreto.
Durante horas había estado organizando cada detalle.
No quería una cena cualquiera.
Quería que aquella noche fuera algo que Elena recordara durante toda su vida.
Elena estaba dentro de la casa cuando escuchó que Marcos la llamaba.
—Elena.
Ella salió al porche.
—¿Qué pasa?
Marcos estaba esperándola junto al camino.
—¿Quieres venir conmigo?
Elena sonrió.
—¿A dónde?
—No puedo decirte.
—¿Otra sorpresa?
—Sí.
—Marcos, ya me estoy acostumbrando a tus sorpresas.
Él se acercó y tomó su mano.
—Entonces confía en mí una vez más.
Elena entrelazó sus dedos con los de él.
—Siempre confío en ti.
Marcos la miró profundamente.
—Eso es justamente lo que más valoro de ti.
Caminaron juntos por el sendero.
Elena llevaba un vestido sencillo y cómodo, mientras su cabello rojo se movía suavemente con la brisa.
Marcos no podía dejar de mirarla.
—¿Por qué me miras así? —preguntó ella.
—Porque todavía no puedo creer que seas tú la mujer que está caminando a mi lado.
Elena sonrió.
—¿Y quién quieres que sea?
—La mujer que amo.
Ella bajó la mirada, emocionada.
—Marcos...
Él apretó suavemente su mano.
—No quiero que olvides nunca cuánto te amo.
Siguieron caminando.
Después de unos minutos comenzaron a escuchar el sonido del agua.
Cuando llegaron al río, Elena se quedó completamente sorprendida.
—Dios mío...
Marcos había preparado una mesa junto a la orilla.
Había pequeñas luces alrededor, velas sobre la mesa y flores cuidadosamente colocadas.
La luz de las velas se reflejaba sobre el agua.
Al fondo, el cielo comenzaba a oscurecerse y las primeras estrellas aparecían.
Elena se llevó una mano al pecho.
—¿Todo esto lo hiciste tú?
Marcos sonrió.
—Todo.
—Es hermoso.
—Quería que esta noche fuera perfecta.
Elena lo miró.
—Ya lo es.
Marcos se acercó y le dio un beso suave en la frente.
—Entonces sentémonos.
La cena estaba preparada.
Marcos había elegido cada detalle pensando en ella.
Elena miró la mesa.
—Esto parece una cena de restaurante.
—Pero mejor.
—¿Ah, sí?
—Porque no tienes que pagar.
Elena soltó una carcajada.
—Eres terrible.
—Pero te hago reír.
—Eso sí.
Se sentaron frente a frente.
Durante la cena hablaron de todo menos de los problemas.
Recordaron cómo se habían conocido.
Hablaron de la cafetería.
De Tomás.
De las locuras que habían vivido.
Incluso se rieron recordando el desastre que Tomás había hecho en la cocina.
—¿Sabes qué voy a extrañar? —preguntó Elena.
—¿Qué?
—Las comidas de Tomás.
Marcos la miró sorprendido.
—¿En serio?
—Bueno...
Ella sonrió.
—Voy a extrañar su desastre.
Marcos comenzó a reír.
—Pobre Tomás.
—Él sabe que lo quiero.
—Estoy seguro de que todavía está ofendido porque dijiste que ibas a extrañar su desastre.
Elena sonrió.
—Un poquito.
Marcos tomó su copa.
—Por nosotros.
Elena levantó la suya.
—Por nosotros.
Las copas chocaron suavemente.
Después de cenar, Elena se levantó y caminó hasta la orilla del río.
Se quedó observando el agua.
Marcos se acercó por detrás.
—¿Te gusta?
—Muchísimo.
—Quería darte una noche tranquila.
Elena se giró.
—Después de todo lo que pasó, esto era justamente lo que necesitaba.
Marcos tomó sus manos.
—Yo también.
Elena lo miró.
—¿Sabes qué pensé cuando me fui?
—¿Qué?
—Que quizás lo nuestro no tenía futuro.
Marcos bajó la mirada.
—Yo pensé que te había perdido.
—Estaba muy dolida.
—Lo sé.
—Pero cuando llegaste a la casa de campo...
Elena sonrió.
—Sentí que todavía había algo entre nosotros que valía la pena salvar.
Marcos acarició suavemente su rostro.
—No quiero volver a fallarte.
—No quiero que volvamos a vivir todo aquello.
—No lo haremos.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
Marcos la miró a los ojos.
—Porque esta vez voy a luchar por nosotros.
Elena sonrió.
—Te amo.
Marcos la abrazó.
—Te amo.
Permanecieron abrazados mientras el sonido del río llenaba el silencio.
Entonces Marcos se separó lentamente.
Elena lo miró confundida.
—¿Qué pasa?
Marcos respiró profundamente.
—Hay algo más.
—¿Otra sorpresa?
—Sí.
Elena sonrió.
—¿Qué estás tramando?
Marcos tomó sus manos.
—Elena...
Su voz había cambiado.
Ahora estaba nervioso.
Ella lo notó.
—¿Estás nervioso?
Marcos sonrió.
—Muchísimo.
—Nunca te había visto así.
—Porque esto es lo más importante que voy a preguntarte en mi vida.
Elena dejó de sonreír.
Su corazón comenzó a latir rápidamente.
Marcos se arrodilló frente a ella.
Elena abrió los ojos.
—Marcos...
Él sacó una pequeña caja de su bolsillo.
La abrió.
Dentro había un hermoso anillo.
Las lágrimas comenzaron a aparecer en los ojos de Elena.
Marcos tomó aire.
—Elena, cuando llegaste a mi vida no sabía que ibas a convertirte en la persona más importante para mí.
Ella comenzó a llorar.
—Hemos tenido momentos maravillosos.
Marcos continuó.
—Y también hemos tenido momentos que nos hicieron sufrir. Hemos tenido personas intentando separarnos, dudas, discusiones y situaciones que nunca imaginé que tendríamos que enfrentar.
Elena lo escuchaba sin apartar la mirada.
Editado: 10.09.2026